EDH-¿Qué corona tienen los evasores de impuestos?

Posted on 2012/01/26

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Por Rodolfo Chang Peña* Miércoles, 25 de Enero de 2012

En El Salvador tal parece que "la ley del menor esfuerzo" impera en todos lo órdenes de la vida cotidiana; en algunas instituciones crediticias, en lugar de buscar primero en la base de datos de sus clientes, hablan por teléfono a las viviendas de estos últimos para preguntar por el número de teléfono de su lugar de trabajo. La policía de tránsito se desquita con los pobres conductores de la tercera edad en lugar de emprenderla contra los buseros que pelean vía, irrespetan semáforos y hacen paradas sobre la Autopista Sur.

Se dice que el Ministerio de Hacienda se empacha en los pobres empleados que tienen un solo empleo y miran con lupa sus declaraciones de renta, pero no hacen lo mismo con los microbuseros propietarios de dos o tres unidades, que no declaran o declaran lo que les viene en gana. Tampoco la emprende contra los que compran dos o tres máquinas y fabrican calcetines y camisas en sus casas para nutrir el mercado informal y competir en forma desleal con los que pagan puntualmente sus impuestos.

En los estacionamientos y zonas de carga de los mercados de las ciudades importantes del país se llevan a cabo múltiples transacciones, casi todos dicen que son pequeños productores o pequeños comerciantes, pero son capaces de comprar una camionada de cocos, papayas y plátanos sin facturación, recibos, ni nada. Alguien trae de Sonsonate pescado, mariscos, grandes redes de yuca y anonas, que rápidamente desaparecen entre los detallistas. Los fabricantes de hamacas, peroles, cántaros, comales, alfarería en general, flores de papel y coronas, abastecen los puestos solamente con contratos de palabra.

A las colonias, urbanizaciones y residenciales llegan legiones de albañiles, electricistas, plomeros, destapadores de cañerías y carpinteros que pasan invariablemente grandes cuentas sin facturar. A estos se agregan los diseñadores gráficos, programadores y expertos en mantenimiento de equipo informático, que no sólo cobran caro sin mediar facturas, sino también resulta que distribuyen repuestos de marca o "chabela", accesorios y equipos completos usados o nuevos.

Tiendas, panaderías, salones de belleza y una gran diversidad de negocios montados en las viviendas y manejados por miembros de la familia, algunas veces con volúmenes significativos de ventas, operan fuera de la ley. En las barriadas pasan por pupuserías muchos negocios de verduras, frutas, gaseosas, cervezas y comida a la vista. Dependiendo de la zona, una gran cantidad de artesanos y operarios reparan radiadores y escapes en la vía pública, hacen trabajos importantes de electricidad, fabrican piezas, lavan vehículos y reparan mecanismos sube vidrio y jamás extienden factura.

Y si lo anterior fuera poco, en San Salvador existen desde hace muchos años negocios en determinados puntos que se sabe comercian con repuestos, herramientas, llantas de repuesto, rines, radios, caseteras y otros artículos de dudoso origen. Se agrega el negocio de emblemas, adornos y antenas que han sido arracadas a vehículos estacionados.

La situación es tan controversial y fuera de control, que mientras los dueños de una champa informal, sin rótulo, que vende atole de elote y riguas todos los días, tienen capacidad para comprar propiedades, vehículos de carga y tener sus hijos en colegios caros, existen profesionales de ciertas autónomas que rechazan trabajos como asesorías fuera de su horario normal para no pagar tantos impuestos.

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