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Posted on 2012/01/26

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Zeneida Rivera (*)

SANTIAGO DE CHILE – Coordinadora del proyecto Red Xuchit TututLa estrechez de los mercados es uno de los obstáculos más importantes a los que se enfrentan las economías pobres, y suele vincularse al bajo nivel de ingreso de la población, lo que a su vez obstruye los procesos de tecnificación, de aprovechamiento de economías de escala y de aumento de la productividad. Es la realidad que experimentan muchas localidades rurales en América Latina y que algunos se han propuesto desafiar.

Un ejemplo de eso es lo que ha ocurrido en el Municipio de Suchitoto, en El Salvador, con la creación el 2007 de la Red Xuchit Tutut (RXT), iniciativa analizada recientemente por Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, a través del proyecto Alianzas para el Empoderamiento Económico (AEE), para sistematizar y compartir sus aprendizajes.

Pese a ser uno de los municipios rurales con más altos índices de pobreza del país, en Sushitoto la red RXT logró formular un proyecto común y crear el 2008 un instrumento novedoso de política para el desarrollo: un vale propio de intercambio económico complementario a la moneda oficial (US dólar), llamado Unidad de Intercambio Solidario Suchitotense (UDIS) y utilizable localmente en empresas y negocios que forman parte de la Red. El objetivo principal de esta estrategia es vincular activamente a los distintos agentes económicos del municipio, buscando generar demandas y ofertas hacia adentro del territorio para aumentar la producción total, e impulsar un nuevo dinamismo económico. La idea subyacente es que hay “potenciales escondidos” en la economía del territorio que deben ser explotados para superar las privaciones, y generar ingresos y empleos.

La red comenzó con el apoyo externo de STRO (una ONG de cooperación de los Países Bajos) y cuatro integrantes iniciales e impulsores de la iniciativa: una cooperativa local (ACORG) actuando como institución emisora que otorgaba créditos en UDIS para compras en negocios de la Red; una importante abastecedora de insumos agrícolas (INACOSAL S.A. de C.V) y dos ONGs con trayectoria de trabajo en la zona, como son el Comité de Reconstrucción y Desarrollo Económico Social de Comunidades de Suchitoto (CRC) y la Fundación Salvadoreña para la Reconstrucción y el Desarrollo (REDES). En septiembre de 2011, la Red contaba ya con 111 negocios participantes. Entre sus iniciativas, la Red promovió la instalación de un agromercado local que ha potenciado la actividad agrícola de la zona, e impulsó la articulación social para abordar problemáticas comunitarias críticas.

Más allá de sus logros, así como de dificultades que siempre están presentes y que impiden todavía asegurar la sostenibilidad de esta experiencia, el caso de la Red RXT nos permite extraer algunas lecciones.

La primera es que nunca se deben subestimar las capacidades propias de los emprendimientos rurales y urbanos, y los potenciales escondidos que tienen las economías locales en desventaja. La experiencia de la Red con los UDIS y el agromercado es que los productores rurales pudieron incrementar de forma significativa sus ventas y que la iniciativa hizo una diferencia en sus ingresos y su nivel de bienestar sólo por el hecho de abrir oportunidades de mercado.

Una segunda lección se relaciona con el potencial del esfuerzo solidario y colectivo. Una iniciativa como esta fue posible gracias a una acción colectiva que procuraba el beneficio común. Por ello, lograr una adecuada articulación de los impulsos solidarios es vital.

Una tercera lección es la importancia de la autovaloración y del conocerse a sí mismos. La RXT se construyó en parte a partir de la identificación de la historia, los valores y las potencialidades de Suchitoto y su gente, y desde allí orientó el esfuerzo comercial hacia la compra de productos locales, una pieza clave de los logros de la red.

Una cuarta lección tiene que ver con la necesaria integralidad de los esfuerzos de desarrollo. La experiencia de la RXT muestra luces y sombras al respecto. Por un lado, explotó exitosamente los factores subjetivos, como la autoestima, y otros objetivos, como la expansión de los mercados o la capacidad asociativa y organizativa. Pero, por otro, los avances en materia de desarrollo productivo han sido reducidos, lo que constriñe sus logros. Es por ello que la expansión de los mercados a la que aspira esta iniciativa necesariamente debe ser complementada con una estrategia de desarrollo productivo y de transformación de las prácticas agrícolas, manufactureras o de servicios, que incremente la productividad y mejore la calidad. Es lo que, en última instancia, ayudará a dar sostenibilidad al esfuerzo.

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