LPG-Una economía lerda, espasmódica, inestable y estéril

Posted on 2012/01/23

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…Mientras no cambiemos la forma de funcionamiento de la economía, no tendremos crecimiento sostenido…

Escrito por Roberto Rubio-Fabián
Lunes, 23 enero 2012 00:00

rubiofabian@funde.org

Uno de los conversatorios organizados por la Secretaría de Cultura en el marco de la celebración de los 20 años de los Acuerdos de Paz se tituló “20 años de Economía en El Salvador y su crecimiento futuro en la globalización”. Los análisis de los seis economistas que participamos en el conversatorio mostraron que existe en el medio académico una importante aproximación de diagnóstico sobre los rasgos y el comportamiento de la economía salvadoreña en estas últimas dos décadas.

Conscientes de la complejidad de cada momento histórico, así como de los avances y aspectos positivos ocurridos en nuestra economía en esos años, podemos englobar en cuatro palabras el comportamiento de la economía salvadoreña en este período: lerda, espasmódica, inestable y estéril. Lerda, pues exceptuando el momento especial del “boom” de posguerra (92-95), donde la economía creció a tasas de 5-6%, el crecimiento económico ha sido relativamente bajo (3.1%, 2.1%, 3.6%, -1.4%, 1.5%, en 1995-2000, 2001-2004, 2005-2008, 2009-2010 y 2011 respectivamente), y ha estado normalmente debajo de los promedios latinoamericanos (en 2003-2005, mientras la tasa promedio de crecimiento económico latinoamericano fue de 4%, la de El Salvador fue de apenas 2.3%).

Espasmódica, dado que la tasa de crecimiento ha sido un constante sube y baja (por períodos o por años), y no ha presentado un crecimiento sostenido. Lo malo de este espasmo es que los momentos expansivos del PIB no han tenido expansiones equivalentes o superiores en el PIB per cápita, mientras que durante las fases contractivas, una pérdida en el PIB se traduce en una pérdida mayor en el PIB per cápita (en 2009-2010 la tasa negativa del -1.4% se tradujo en una tasa negativa de -1.9% en el PIB per cápita).

Inestable, ya que se ha experimentado una tendencia gruesa al deterioro de los equilibrios macroeconómicos. Un histórico y constante aumento del déficit comercial. Una tendencia, después de 1998, hacia el mayor endeudamiento: después de tener unos de los niveles más bajos en el continente (27% del PIB en 1998), se sube a niveles del 40% en 2000-2008, a niveles del 50% en 2009-2010, hasta llegar a un máximo histórico ligeramente superior al 50% en 2011. Un aumento constante de la brecha entre gasto de capital y gasto corriente, excesivamente inclinada hacia este: en 2010 el 86.2% del gasto público era para gasto corriente y solo el 13.8% en gasto de capital. Un sostenido incremento del déficit fiscal: si en el período 91-95 el déficit fue de 1.9% del PIB, para 2006-2010 fue de 3.6%, y en 2011 de 4.2%.

Estéril, y este es el rasgo más importante, en tanto que la forma como viene funcionando la economía salvadoreña desde hace 20 años no permite un crecimiento económico robusto, ni engendrar procesos de desarrollo. En efecto, esto no lo puede fecundar una economía cuya dinámica descansa excesivamente en factores externos inciertos como el precio de las exportaciones, las remesas, así como en un “consumismo” interno sustentado en las importaciones; una economía que no se basa en sus capacidades productivas, en procesos de acumulación, en el ahorro y la inversión (en promedio de cada $100 que producimos apenas invertimos $16), en la productividad de factores. Un crecimiento sin mayor acumulación, a la larga, es estéril.

También contribuye a la esterilidad el hecho que la poca acumulación/inversión que existe funciona en condiciones estructurales adversas (altos costos de producción, bajo desarrollo tecnológico, ausencia de sistemas de innovación, etcétera); que buena parte de la inversión se oriente hacia sectores de poca productividad y bajo valor agregado; que nuestro ya débil aparato productivo esté altamente desarticulado empresarial, sectorial y territorialmente. Añádase el hecho que poseemos un Estado enclenque que no dispone de mucha capacidad de incidir con sus recursos en el crecimiento económico (apenas representa el 15% del PIB y la inversión pública apenas llega al 3% del PIB).

En fin, mientras no cambiemos la forma de funcionamiento de la economía, no tendremos crecimiento sostenido, ni nos insertaremos adecuadamente a la globalización, y mucho menos allanaremos el camino hacia el desarrollo.

Una economía lerda, espasmódica, inestable y estéril

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