LPG-El Acuerdo de Paz en el marco de la legalidad

Posted on 2012/01/23

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Escrito por el Imperio del Derecho
Lunes, 23 enero 2012 00:00

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En estas fechas en que se conmemora el vigésimo aniversario de la suscripción del Acuerdo de Paz, que le puso fin al conflicto bélico interno en nuestro país, es importante destacar algunos datos que casi siempre pasan inadvertidos en los análisis y comentarios que se hacen respecto a aquel acontecimiento tan decisivo para el desarrollo histórico nacional. El primero de esos datos es la naturaleza de la negociación que se dio para que las partes –la gubernamental y la insurgente– pudieran llegar a los entendimientos que posibilitaron la serie de acuerdos cuya culminación fue el de Chapultepec. Era una negociación entre dos partes de naturaleza dispar: una de ellas estaba amparada en la legalidad establecida y la otra se hallaba fuera de dicha legalidad. Esto no es un juicio de valor, sino una realidad de los hechos.

Cuando se dio el imperativo de buscar una solución política negociada, porque ninguna solución militar era posible, aquélla, para ser legítima, tenía que respetar el marco legal vigente, aunque se diera al margen del mismo. Esto sacaba de inmediato de cualquier agenda posible el tema del reparto del poder, lo cual hubiera sido un ataque frontal a la legalidad constitucional. Dentro de esa lógica se estructuró la agenda de trabajo de la negociación, que contenía temas puntuales de reforma institucional y no de asignación de premios y castigos.

Es muy revelador que, en la Agenda general pactada en Caracas el 21 de mayo de 1990, entre los 7 puntos que formaban el bloque de Acuerdos Políticos el quinto fuera “Reforma constitucional”. Esto quería decir, de antemano, dos cosas fundamentales: que no se pasaría sobre la Constitución vigente, que era la de 1983, y que tenía que tratarse en la mesa el tema de su reforma. Ya desde aquel momento temprano del proceso negociador quedaba claro el apego del mismo a la legalidad del país. A partir de ahí, toda la dinámica del trabajo en la mesa avanzó por carriles previsibles, hasta su conclusión en la medianoche del 31 de diciembre de 1991. En este punto tan determinante, ambas partes lograron que sus respectivas voluntades convergieran hacia un espacio común. Fue sin duda el mejor signo de lo que sería el final anunciado.

La reforma constitucional fue indispensable para lograr la finalidad política del Acuerdo, que consistía en hacer volver a la Fuerza Armada al rol institucional que le corresponde en una sociedad verdaderamente democrática y en abrir el espacio legal para que la izquierda, representada en el FMLN, pudiera convertirse en partido político legal, en un hecho sin precedentes. Todo esto apuntaba hacia la normalización del sistema político, que por tanto tiempo fue víctima de graves distorsiones estructurales. Sin dicha normalización era imposible asegurar una competitividad política que le diera al sistema las condiciones básicas para la estabilidad y el progreso sostenibles. Era necesario crear condiciones nuevas, pero sin atentar contra el marco legal establecido. Y eso se logró de manera impecable. Lección histórica permanente.

A veinte años de Chapultepec, las lecciones principales de lo que posibilitó llegar a dicho Acuerdo y el contenido del mismo están aún sin procesar con la suficiencia que se requiere. Esta es una de las deudas más sensibles que nos deja el tiempo transcurrido.

Estamos construyendo, con grandes dificultades y obstáculos, un Estado de derecho en el país, y el seguimiento de dicha construcción, que es vital para fundamentar y consolidar las diversas transformaciones que nuestro sistema de vida demanda, debe comenzar por el análisis de lo que ocurrió en el escenario de la negociación política que condujo hacia la solución pacífica. Clarificar realidades de recorrido es la mejor vía para entender a cabalidad las etapas de un proceso; en este caso el proceso que nos ha conducido del conflicto destructivo a la normalidad constructiva. Hay todavía mucho trabajo por hacer.

El Acuerdo de Paz en el marco de la legalidad

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