El Faro-Fuerza Aérea se le amotinó a Cristiani, según cables de la CIA – ElFaro.net

Posted on 2012/01/23

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La división que había dentro de ARENA a finales de los 80 y que incluso, según revelan cables de la Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), llevó a un grupo de areneros a pensar en asesinar a Félix Alfredo Cristiani, entonces presidente salvadoreño, también provocó que un grupo de militares del ala más dura del partido boicotearan operaciones militares contrainsurgentes del gobierno de Cristiani en plena guerra civil. En retrospectiva, Armando Calderón Sol, entonces presidente de Arena, confirma que había divisiones y que había gente radical aunque quita toda relevancia a los cables.

Gabriel Labrador y Efren Lemus

elfaro.net / Publicado el 23 de Enero de 2012

El presidente salvadoreño Alfredo Cristiani enfrentó en su primer año de gobierno tal resistencia del ala radical de la derecha representada en su partido Arena que apenas inició su quinquenio la Fuerza Aérea se le insubordinó y hubo quienes discutieron incluso la posibilidad de asesinarlo, según muestran varios cables de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) redactados entre 1989 y 1990.

La rebelión de la Fuerza Aérea, encabezada por su comandante, el general Juan Rafael Bustillo, la consigna un cable con fecha 1 de agosto de 1989. Ocurrió cuando Cristiani, un político de derecha moderada que había militado antes en el centrista Acción Democrática, ya había tomado el poder después del 1 de junio de 1989 y las dos facciones que existían dentro de Arena, conservadores y tecnócratas, ya ya se habían repartido los puestos clave del gobierno. La manzana de la discordia, y la que abrió la puerta a la crisis fue la plaza del ministro de Defensa.

Mientras Cristiani apadrinaba al coronel René Emilio Ponce, entonces jefe del Estado Mayor Conjunto, el grupo conservador liderado por el fundador del partido, Roberto d’Aubuisson Arrieta, tenía como preferido al comandante de la Fuerza Aérea. Esta diferencia ocasionó una medición de fuerzas internas hasta ahora desconocida dentro de unas Fuerzas Armadas que tenían un problema mayor con el que lidiar aquellos días: la guerra contra un frente guerrillero que estaba a pocos meses de hacer una demostración importante de fuerza al lanzar una inédita ofensiva militar sobre la capital. 
El rol de la Fuerza Aérea era fundamental para la guerra contra el FMLN, y solo ella pudo evitar que los militares siguieran perdiendo terreno ante los guerrilleros, como sucedió entre 1980 y 1983. A partir de 1983, Estados Unidos decidió dar un apoyo decidido a su aliado salvadoreño haciendo todo lo posible por reforzar y modernizar la Fuerza Aérea, y eso revertió la tendencia en retroceso que sufrían las fuerzas gubernamentales.

El cable de agosto del 89 menciona que "la designación del ministro de Defensa y de otros miembros del gabinete fue un proceso turbulento y en el que el control sobre ciertas posiciones claves –detalla el cable– develó las tensiones internas dentro del partido y las dificultades de Cristiani para marginar a los miembros del ala dura (de Arena)". El cable sigue así: "Los intentos de D’Aubuisson y otros miembros del ala dura para nombrar al general Bustillo como ministro de Defensa en lugar del coronel Ponce –la carta de Cristiani—casi provocó una crisis cuando la Fuerza Aérea se rehusó por varios días a volar misiones de apoyo a las operaciones militares”.

El cable, que no especifica fechas, está titulado "¿Quién controla Arena?" y fue desclasificado en noviembre de 1993, durante el primer gobierno de Bill Clinton.

El Ministerio de Defensa, que tiene en internet un registro de sus ministros, muestra hasta mayo de 1989 al general Eugenio Vides Casanova en el cargo, y en julio aparece el general Rafael Humberto Larios. En junio, el primer mes de Cristiani, no aparece nadie. 

Después de la insubordinación del general Bustillo que relatan los cables de la CIA, Cristiani optó por una solución alterna, que vino en la figura de Larios. Esa decisión, sin embargo, no resolvió la tensión entre una Fuerza Armada que solo 10 años antes había perpetrado el último golpe de Estado en la historia de El Salvador y un presidente civil que ni siquiera había nacido como miembro del partido Arena. El nombramiento de Larios solo abrió el camino para que los militares del ala dura siguieran cabildeando por el puesto, según confirma el documento de la CIA.

Cristiani había asumido la presidencia del gobierno y la comandancia general de las Fuerzas Armadas el 1 de junio de 1989, con solamente cinco años de vida en Arena. Provenía de una familia de caficultores y había presidido las asociaciones de caficultores y algodoneros, y ahora el partido cuyo himno proclama el exterminio de los comunistas, había ganado finalmente la presidencia de la República tras ocho años de existencia.

Y lo ofrecido durante la campaña electoral había sido otro ingrediente que se había sumado a aquella primera experiencia de Arena en el gobierno. Cristiani había ofrecido buscar el fin de la guerra, y esto contrariaba al grupo más extremista de Arena. Un cable de enero de 1990 se refiere a los dos bandos, y las marcadas diferencias entre unos y otros las recuerda vívidamente quien en 1988 había asumido otro cargo no menos conflictivo: Armando Calderón Sol, alcalde de San Salvador, se había convertido en presidente de Arena.

“Era algo que los salvadoreños clamaban con todas sus fuerzas”, dice Calderón Sol, refiriéndose a la decisión de ofrecer la búsqueda de la paz. Pero la oposición de algunos era tan intensa que a partir de cierto momento tuvo que ponerlos en la disyuntiva de dejar de objetar y tomar una opción: “Entonces, ganen la guerra, pues, ¡gánenla!”, recuerda que los retaba.

Para entonces, agrega, ya parecía imposible que alguno de los dos bandos resultara vencedor por la vía militar, y por lo tanto lo realista era buscar una salida pacífica. El disgusto de algunos militares respaldados por parte del Consejo Ejecutivo Nacional de Arena (Coena) sobre la posible designación de Ponce como ministro de Defensa la recoge también Teresa Withfield en el libro "Pagando el precio".

Otro cable de la CIA titulado “El Salvador de Cristiani: en la lucha por la credibilidad”, del 16 de enero de 1990, cita a “numerosas fuentes” de Arena que confirman que la dirigencia del partido había decidido que Cristiani fuera el candidato para competir por la presidencia porque eso ayudaría a limpiar la imagen de la institución que aún arrastraba las acusaciones contra d’Aubuisson, “quien estaba siendo señalado por secuestros y asesinatos”, según los cables.
Los leales al mayor D´Aubuisson seguían siendo numerosos aun cuando Cristiani se puso al frente del partido en 1985, ya cuando era diputado por San Salvador. Mientras Cristiani intentaba reflejar una imagen de control absoluto del partido y del gobierno, los cables de la CIA reseñaban que D’Aubuisson aun tenía mucha fuerza interna. En el cable de enero de 1990 hay un apartado que incluso se titula “Lidiando con los del ala dura”. En ese documento, la CIA cataloga a d’Aubuisson como el más influyente dentro del grupo conservador y con una capacidad de bloqueo político impresionante gracias a su anterior puesto de presidente en la Asamblea Legislativa, con la cual ordenaba el voto de los diputados areneros.
Parte de ese grupo extremista dentro de Arena y seguidores de d’Aubuisson, según la CIA, eran José Francisco Merino López, entonces vicepresidente de la República y ministro del Interior, y Sigifredo Ochoa Pérez, un coronel retirado que era diputado vicepresidente de la Asamblea Legislativa. “Estos miembros de Arena incluso podrían desbaratar los esfuerzos de Cristiani para llevar adelante reformas y podrían amenazar su autoridad”, dice el cable de enero de 1990, cuando ya Cristiani tenía medio año en el Ejecutivo.
El documento explica que Merino fue la carta de D’Aubuisson para ocupar la vicepresidencia en 1989 y que Cristiani la aceptó solo para no confrontar con el ala dura del partido. De Ochoa, la CIA decía que podía irritar con facilidad a Cristiani, tal como lo había hecho en 1988 con el predecesor de Cristiani, José Napoleón Duarte, cuando, siendo parte de Arena, llamó a la insurrección popular en protesta por la corrupción en el gobierno.
El poder del D´Aubuisson frente al de Cristiani era considerable en todo el Estado. “Muchos de sus seguidores tienen puestos de segundo y tercer nivel en varios ministerios. Casi todos de los 14 magistrados de la Corte Suprema de Justicia lo siguen. Más aun, tuvo éxito al lograr que seis de los suyos fueran nombrados como parte de los 12 integrantes del Coena en noviembre (de 1989) con lo cual aseguró su influencia en el partido”, reza el memorando de la CIA, que tiene tachada gran parte de la información, como fuentes informativas, remitentes o destinatarios específicos.
Toda esa influencia del fundador del partido no siempre fue ejercida con bombo y platillo por D’Aubuisson. La CIA opinaba que, en agosto de 1989, la deferencia que d’Aubuisson podía mostrar hacia Cristiani era “cosmética” solo para que Arena tuviera buena imagen, pero que no dudaría en utilizar su silla en la Asamblea -donde seguía siendo diputado- para imponer agenda. Más bien, Cristiani evitaba confrontar con él directamente y atendía parte de algunas decisiones en algunos aspectos del gobierno, incluso temas de seguridad. También le reconocía su liderazgo y popularidad. En el mismo cable de enero del 90, la CIA dice: “Al tratar de no competir con D’Aubuisson –mucho menos de descartarlo— Cristiani ha preocupado a aquellos que ven un posible resurgimiento de la facción militar de Arena y probablemente ha decepcionado a aquellos que esperan muestras de machismo de parte de sus líderes”.
Sobre Bustillo, Ponce y Larios, la CIA hacía breves perfiles muy diferenciados. "Bustillo es un apasionado anticomunista quien persiguió a la insurgencia agresivamente”, decía. "Ponce es un conocido líder de los más influyentes graduados de la academia militar”. Y Larios "es un oficial de bajo perfil con una fuerte reputación profesional y de respeto a sus pares”.
Sin embargo, ya entrado 1990, Larios fue sustituido por sospechas de corrupción y falta de confianza y sus cercanías a la Democracia Cristiana, según los cables. Cristiani, presionado por la necesidad de mostrar autoridad, finalmente se sintió suficientemente confiado como para colocar a su as en el puesto, al coronel Ponce.

Antes de eso, y después del sabotaje del comandante de la Fuerza Aérea a las operaciones antiinsurgentes, Cristiani había atravesado quizás el momento más crítico de su gestión: sus detractores dentro del partido Arena incluso consideraron y discutieron la posibilidad de asesinarlo.
Un cable de la CIA fechado en agosto de 1990 y desclasificado en 1993 señala que un grupo de Arena cercano a D’Aubuisson complotaban para acabar con el presidente Cristiani. “Estaban discutiendo distintas maneras para asesinar al presidente Alfredo Cristiani, sus asesores personales más cercanos y algunos ministros de su gabinete”.
El cable, que tiene fecha de emisión “inicios de agosto 1990” lleva como título “Discusión entre los seguidores de Roberto d’Aubuisson sobre planes para asesinar al presidente Cristiani y otros personajes políticos”. El documento consta de tres páginas, aunque lo que no fue censurado al momento de desclasificarlo en noviembre de 1993 y que puede leerse es menos de una página.
En el primer párrafo se detallan las posibilidades para cometer el asesinato. “Una posibilidad discutida fue asesinar a Cristiani y a algunos de sus socios cercanos en un evento social. De acuerdo con este plan, Cristiani, sus asesores y algunos miembros del gabinete serian invitados a un importante evento social controlado por gente leal a d’Aubuisson. En el transcurso del evento, los leales a d’Aubuisson matarían a sus objetivos y escaparían”.
El segundo párrafo que se puede leer habla de la segunda posibilidad, la cual consistiría en esperar a que el FMLN llevara a cabo una nueva ofensiva militar, como la ocurrida solo unos pocos meses atrás, en noviembre de 1989. Cometiendo el asesinato en esos días podían inculplar a los guerrilleros. “Los seguidores de D’Aubuisson compararon este plan con el asesinato de los padres jesuitas por parte de militares el 15 de noviembre de 1989, con la excepción de que estaban seguros de que su involucramiento esta vez no sería descubierto”, dice el cable. El documento no menciona nombres, y la ubicación temporal de aquellas discusiones está definida nada más por un escueto "a inicios de 1990".
El último párrafo del cable es un comentario, adjudicable, según este tipo de documentos de inteligencia, a la persona que lo escribía. En este caso, la identidad del agente está censurada con manchas negras, al igual que buena parte del texto. El comentario hace alusión a una supuesta frustración del mayor D´Aubuisson por no poder penetrar a las oficinas presidenciales de Cristiani debido a la protección que da el círculo íntimo del presidente. Al plan de asesinarlo, el agente lo atribuye a que los seguidores de D’Aubuisson están pensando la manera de ayudar a su líder. “Debe mantenerse en mente que muchos de los que son leales a D’Aubuisson no son políticamente sofisticados y reaccionan con violencia rápidamente para resolver sus problemas, lo cual los hace más peligrosos”, reza el documento.
Calderón Sol evoca aquellos días de turbulencia, aunque matiza lo que plantean los cables. “No es un cable que asegure nada. Para mí no tiene mayor importancia, son momentos políticos en los que también se hace interferencia política. Ese cable fue creado en 1990 y desclasificado en 1993, íbamos a elecciones en el 94. Es una forma de poder influir políticamente. No le doy ninguna relevancia”. Calderón Sol era presidente de Arena cuando se firmaron los acuerdos de paz y a escasos días de que se cerrara la negociación en Nueva York, el ala más radical de la derecha salvadoreña le llamó traidor, publicando su posición en un campo pagado en los principales periódicos de El Salvador. Le llamaban traidor por su apoyo decidido a las conversaciones de paz. Esto es lo que respondió la semana pasada en una entrevista con El Faro:

Nos interesa recrear el ambiente de cómo el partido Arena vivió la firma de los Acuerdos de Paz.
Yo sí fui un protagonista en el sentido de que en esa época era presidente de Arena, el partido había pasado por una metamorfosis, en los años 80, 84, 85 a llegar al 89, 90, ya en la campaña electoral del presidente Cristiani, se compromete en la búsqueda de la paz.

¿Y no era un desgaste para el partido decir en una campaña electoral: vamos a buscar la paz?
No, la gente quería paz. El compromiso del presidente Cristiani fue buscar la paz, pero no dijo cómo lo iba a hacer. Era un ofrecimiento claro, pero no fijaba una ruta de cómo lo iba hacer.

¿En qué año toma las riendas del Coena?
Llego en el 89 a presidente de Arena. El presidente Cristiani estuvo de presidente del Coena y cuando llega a la Presidencia de la República me entrega la presidencia del partido, él necesitaba apoyo y respaldo político. Cuando (Cristiani) llega a la presidencia crea la comisión de paz y se inicia todo un proceso de diálogo muy costoso que tuvo consecuencias porque también hubo iniciativas de violencia muy duras; sin embargo, se tuvo la entereza de seguir dentro del proceso. En 1990, en Ginebra, en Suiza, la comisión de diálogo del gobierno y el FMLN firman los acuerdos, los cuatro grandes objetivos: el cese del enfrentamiento armado por la vía política, desechando la vía militar ambos; democratizar el país, respeto a los derechos humanos y buscar la reconciliación.

¿Hasta qué punto el partido necesitaba escuchar lo que surgía de la mesa de negociación?
Eso se manejó bastante bien, manteníamos informados a los cuadros. El mayor Roberto d´Aubuisson fue muy importante, él era incansable trabajador muy cercano a la gente y a la estructura del partido, me ayudó mucho en el proceso de unificar al partido hacia el cambio que habíamos tenido para llegar a los acuerdos de paz, porque al principio el partido nace oponiéndose a un diálogo o negociación, acuérdese de los años 80, 81. Roberto d´Aubuisson ayuda en ese proceso, tan es así que cuando se va el presidente Cristiani, el 31 de diciembre que estuvimos en Washington cerrando ya los acuerdos, yo acompaño al presidente Cristiani como presidente del partido como para significar el respaldo político que tenía de parte de  Arena.

De las cosas que Cristiani ofreció en su campaña, ya a la hora de las negociaciones, ¿hubo algo que lo pusiera en aprietos como el tema de la Fuerza Armada?
Se repensó (el papel de la Fuerza Armada) en las negociaciones.

Sí, ¿pero hasta qué punto el presidente Cristiani lo tenía asumido?
Él sabía que tenía ese tema y que ese tema estaba en el tema democratización. Eso venía en el proceso de democratización del país.

¿Y el partido ARENA estaba enterado de cada detalle?
El partido estaba enterado. Y en el partido había oposición, habían sectores del partido que hacían oposición, claro que la había y por eso hubo ese trabajo de hormiga, de convencimiento de las estructuras y eso es lo lindo del partido porque tenía esa contradicción y había esa discusión y que era un partido abierto, democrático, donde había una participación y había una opinión distinta. Y se decía: bueno, ¿y qué están haciendo? Miren de dónde venimos, miren la guerra, miren la tragedia. A los ocho días de llegar el presidente Cristiani, mataron al doctor Rodríguez Porth, lo mata la guerrilla como un acto para buscar la radicalización de la guerra. Entonces, cuando tú tienes ese tipo de respuestas y estás trabajando por la paz te complican las cosas.

¿En ese contexto, qué papel jugaba usted como presidente del partido?
Yo respaldaba al presidente Cristiani y el Consejo Ejecutivo me respaldaba a mí y al presidente Cristiani.

¡Pero cómo asumía esa responsabilidad frente a otras perspectivas que…?
Había otras corrientes que no querían esos acuerdos. Yo le digo que era natural que existiera eso, si no, no hubiera sido un partido. Era natural que hubiera esa contradicción y esa discusión interna, pero la logramos superar buscando la coherencia, la unidad del partido. Lo bueno del presidente Cristiani, que mucha gente no lo resalta, es que el proceso de paz lo convierte en un proceso de todos los salvadoreños.

Estoy casi seguro de que dentro del Coena había miembros radicales y que había militares a quienes no les gustó escuchar la palabra negociación.
Bueno, nosotros les dijimos: ¡Ganen la guerra! El que no quiere solución negociada, ¡que gane la guerra! Era muy fácil. Ese tipo de guerra no se puede ganar, es un tipo de guerra que no se gana ni se pierde, es una guerra que todos perdemos y para salir adelante había que imponerse la razón y creo que eso tal vez le costó más entender a algunas personas porque habían participado, habían pasado momentos difíciles: que un compañero, que un hermano… hay que entender  también. El proceso iba como dando sus pasos, su madurez, el cambio fue ocurriendo en mucha gente, había gente que al inicio no creía, pero al final estaba feliz. Que tú me digas "esta gente no pensaba así", pues sí, no pensaba así, pero…

Usted y el presidente Cristiani recibieron muchas críticas.
Ah sí… tuvimos críticas, campos pagados en los periódicos, pero todo era superable cuando uno tiene una posición clara y está trabajando por el esfuerzo de todos.

Y usted particularmente, ¿cómo vivió esos campos pagados?
Era un desgaste para el Coena y un degaste para mí también político, hasta cierto punto desgaste en algunos sectores; en otros en lugar de ser degaste, pues también me levantaban. O me decían: lo que este está haciendo es lo bueno y eso que están criticando es lo malo y como los otros es lo menos por eso no le dábamos mayor importancia y ese tipo de críticas las minimizábamos.

En algún momento los calificativos fueron fuertes: traición, traidores…
Pero no pasaron a más, nosotros dimos las explicaciones del caso y aunque los calificativos eran fuertes no tuvieron eco porque la gente lo que quería era la paz. Esa crítica no nos golpeaba, esa crítica nos daba fuerza.

¿Y esos campos pagados eran financiados por gente de Arena?
Algunos… gente de Arena, gente que no le gustaba, no querían, les molestaba ver a los líderes de Arena que estaban en ese proceso de diálogo y negociación porque el diálogo te lleva a eso: si vas a ir a exponer lo que tú crees, entonces no es diálogo.

Como presidente del partido, ¿cuál cree que fue el punto más difícil de la negociación: quitarle el poder a la Fuerza Armada, aceptar que no podían neutralizar al FMLN por la vía militar o aceptar que la guerrilla se convirtiera en partido político?
Creo que lo más álgido del proceso era, indiscutiblemente, quiénes ostentaban el poder. Lo habían ostentado por mucho tiempo, que era el sector militar; entonces, el problema, lo más álgido y grande del proceso era indiscutiblemente la discusión del problema militar.

Volviendo al tema de los cables, es que hay muchos…
Es que son agentes de la embajada que andan recogiendo lo que pueden…

Hay un capítulo: al presidente Cristiani le toca lidiar con el ala dura de Arena, dicen, y mencionan a D´Aubuisson, Francisco Merino, Ochoa Pérez. Mencionan que Cristiani quería nombrar a René Emilio Ponce como ministro de Defensa, pero el ala dura quería al general Rafael Bustillo, entonces Cristiani al final optó por Humberto Larios, una posición media. De los 12 miembros del Coena, seis respondían a la estructura…
Aquí hay una mala percepción o la gente no acaba de entender, más el sector periodístico, lo que era Roberto d´Aubuisson. Cuando tú lees o prejuzgas la guerra lees que Roberto era de los duros, siempre lo ponen así y él era un hombre que tenía una visión, tanto que cuando fundamos Arena creía que esta lucha no se va resolver en El Salvador por la vía armada. Era su tesis: esto se va resolver por la vía política, tenemos que hacer un partido político. Él era un demócrata, pero la gente no lo percibe así porque en la guerra política le pusieron un estigma. A veces le decíamos: defendete; mirá, decía, déjenme a mí que me caiga todo, que sea yo el pararrayos del que quiera, de lo que sea, pero que el país salga adelante.

Tal vez por la gente que lo rodeaba, sus amigos, quizás, habían reaccionado violentamente en otras ocasiones.
Habían verdaderos amigos que tal vez les ha pasado que son muy sinceros en sus declaraciones, o muy radicales en sus posiciones porque no eran políticos, y contestaban lo primero que se les venía en mente y después tal vez se arrepentían de lo que habían declarado, pero no era gente mala. El gran activo de Roberto fueron sus amigos porque no hubiera hecho el partido sin sus amigos, aunque mucha gente dice: mira… es que fulano, mira que sutano y que el perencejo… yo era uno de esos que muchas veces le dije: no me gusta ese, que aquí, que allá, tené cuidado con la gente que se te pega. Y Roberto siempre me decía: "¡Ay, Armandito, vos no sabés que para hacer un partido tenemos que hacer uso de todos, tenemos que trabajar por el mismo objetivo! Ahi dejame a mí los que no te guste", me decía.

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