Contra Punto-“Hubiese deseado que ARENA pidiera perdón” – Noticias de El Salvador – ContraPunto – Noticias de El Salvador – ContraPunto

Posted on 2012/01/22

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Texto y fotografía Tomás Andréu

SAN SALVADR – Llevó por décadas el seudónimo de lo que hace rodar el tiempo y apenas desgasta: Roca. Quien fuera el  secretario general del Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC) –organización político-militar que dio vida al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)- hace valoraciones sobre las carencias y ausencias en los acuerdos de paz –que bien o mal- llegan a su vigésimo aniversario en este 2012.

Francisco Jovel (alias “Roberto Roca” durante el conflicto armado) habla de la necesidad de “nuevos acuerdos de nación” debido a la crisis de inseguridad y de violencia que vive El Salvador.  También afirma que el país se merece otro gobierno de izquierda y se merece nuevos liderazgos que nazcan desde el seno de la juventud.

Dos décadas después de la firma de los acuerdos de paz y con la distancia, la madurez y el rigor que ofrece el tiempo, ¿qué le faltó  a esos acuerdos?

El 85 o 90 por ciento de los Acuerdos de Paz se centraron en el régimen político en El Salvador. Muchos hablan de que eso significó una refundación del Estado; pero los temas económicos y sociales fueron tocados muy limitadamente sobre la base de un entendido: esas temáticas se tocarían una vez –debido a la ejecución de los acuerdos- se hubiesen creado las condiciones para llevar adelante ese nuevo proceso de negociaciones. Por ello es que los acuerdos dejan establecida la figura del “Foro Económico y Social”, integrada por representantes del gobierno, la empresa privada y de los sindicatos. Quedaron fuera de ese instrumento los partidos políticos. Quedaron fuera, también, las organizaciones no gubernamentales vinculadas con el orden social. La ausencia de estos dos actores fue un error. Estoy convencido que, en estos 20 años que han pasado, la discusión sobre la problemática económica y social, ha encontrado en estos dos ausentes del acuerdo dinámicos participantes, incluso más que los sindicatos, porque los programas neoliberales que impulsaron los gobiernos de ARENA, prácticamente inhibieron el desarrollo del movimiento sindical. Como compensación –si se quiere ver así- hemos visto el surgimiento de organizaciones no gubernamentales que han jugado un papel muy importante en estos 20 años.  El gran déficit de aquellos acuerdos es que no funcionó el “Foro Económico y Social”. Se instaló y se desarmó casi automáticamente. Solo se lograron unas reformas al Código de Trabajo que fueron impulsadas por la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

Una “pequeña gran deuda…”

Hay otros déficits. Lo que nos ha reclamado una buena cantidad de gente, desde el principio de la firma de los Acuerdos de Paz, fue un piso para la inversión social a nivel presupuestario para la educación, salud; incluso –cuando se habla de inversión en el sistema educativo nacional- se habla de que debió quedar algo establecido sobre la Universidad de El Salvador (UES). Algunos gremios estudiantiles y magisteriales de la UES han planteado eso porque dicen que “la UES jugó un papel importante durante los años 60 y 70”.

La verdad es que uno quisiera que los Acuerdos de Paz hubiesen resuelto muchos más problemas de los que se estuvo en condiciones de resolver. Los alcances de los acuerdos para terminar la guerra e iniciar un proceso de transformación política en el país, dependía del nivel de correlación de fuerzas, y obviamente, uno no puede perder de vista que se trataba de una negociación en la que no se perfilaba ni un vencedor ni un perdedor.

¿Esos déficits de los que usted habla se debieron a una urgencia bélica para pasar la batalla a otro escenario sin necesidad de tomar las armas? Es decir, los protagonistas siguen vigentes. Se dice también que la guerra no continuó por falta de imaginación militar.

La verdad es que la demanda popular más sensible en aquel momento era parar la guerra. En ese sentido, los acuerdos tenían el propósito de superar ese estado de guerra interna. La paz no solo es la ausencia del enfrentamiento bélico. Eso lo vivimos hoy más que nunca. En El Salvador hay una situación bélica de carácter social muy grande. Pero allá se trataba de una guerra entre políticos. Fue una guerra de estructuras políticas y sociales claramente organizadas; además, públicamente conocidas. Sus dirigentes eras personajes conocidos. Había zonas de control por parte de ambos bandos. El gobierno había perdido el control del territorio.

La guerra en El Salvador pudo haber tenido una continuidad muy larga. Es falso que, por ejemplo, que la guerrilla estuviese en trance de fracaso. La vida demostró todo lo contrario. Es más, a esas alturas la guerrilla había logrado incorporar al país y a su armamento bélico misiles tierra-aire de última generación. Al nomás se utilizaron esas armas, entró en crisis la Fuerza Armada, porque buena parte de su moral combativa dependía de cómo actuaba la aviación en respaldo a las acciones de las tropas de infantería. No creo que se trababa de falta de imaginación.  Creo que el ejército gubernamental, de una u otra manera, progresó en su dominio de la lucha contraguerrillera, es decir, haciendo uso de métodos irregulares para combatir al mismo ejército irregular de la guerrilla.  Esa situación de indefinición militar podía durar mucho tiempo.

Si algo ha quedado claro como conclusión histórica en el conflicto de El Salvador, es que la guerrilla que libró esa guerra, fue la más imaginativa de todas las guerrillas en América Latina.

Hablando de carencias y ausencias, se habla de una posible reedición de los Acuerdos de Paz. ¿Qué piensa sobre eso, quiénes deberían reeditar dichos acuerdos y cuáles serían los temas imperantes en todo caso?

Algunos hablan de una nueva fase de acuerdos; otros, de una nueva generación de acuerdos. No dicen de “paz” porque no se trata de parar una guerra sino de unos nuevos acuerdos de nación. Yo creo más en este último enfoque. Creo que la grave situación de inseguridad pública que existe a causa de las pandillas y el crimen organizado –todos en algún momento le hemos llamado “guerra social”- y después de 20 años hay una cantidad de vacíos que se le pueden encontrar a los Acuerdos de Paz (unido a nuevas problemáticas junto con un nuevo contexto regional e internacional) demandan y obligan unos nuevos acuerdos.

He planteado públicamente, en el marco de esta celebración que, para que la sociedad en suinnerjovel1 conjunto asuma como suyo cualquier tipo de acuerdos que se adopten, debe haber un amplio proceso de participación de toda la sociedad, al menos durante todo este año, de tal manera que prepare al país para los nuevos gobiernos que puedan darse, ya sea éste que le dé continuidad a un gobierno de izquierda o que tenga otro tipo de composición –yo espero que haya continuidad de un gobierno de izquierda, porque creo que este país se lo merece-.

Entonces, ¿cómo hacer esa gran consulta? Creo que se pueden hacer consultas en cada municipio, posteriormente en cada departamento; y después, para darle forma a todos los aportes, pueden hacerse asambleas por regiones: oriental, central, paracentral, occidental. Los actores de esa consulta deben ser lo más amplios posible…

Usted me está  dibujando un escenario plural y democrático…

Indudablemente…

Pero, ¿usted cree que existen liderazgos en El Salvador para que eso pueda empujarse y materializarse? Dos: ¿quién debería tomar la batuta para echar a andar eso?

Ummm, bueno, a mí me parece que el Ejecutivo tendría que hacer esa convocatoria. Creo que el presidente Funes tiene el liderazgo probado, porque las encuestas demuestran que su popularidad no ha disminuido, al menos, sensiblemente, fenómeno que no es fácil de obtener en América Latina. Aquí se ha logrado.

Junto al presidente Funes debe de haber otro tipo de liderazgos a nivel nacional que le lancen el siguiente mensaje a la población: “queremos un tipo de acuerdo, pacto, entendimiento a nivel nacional, pero no creemos que debemos hacerlos solos. Necesitamos que lo haga el pueblo en su conjunto”. De esa manera serían verdaderos representantes populares, porque el representante popular no ha sido elegido para sustituir al pueblo, sino que debe ser concebido como una expresión de liderazgo respecto del pueblo. El auténtico líder no es quien se divorcia del pueblo, sino el que se mantiene vinculado con él. Creo que podría hacerse eso, es más, debería hacerse, pero hay que crear voluntad política en los sectores que podrían liderar esta acción. 

Debo reconocer que se ha hecho algún esfuerzo con la creación del “Consejo económico y social”, mesas de consultas de distintos sectores. En esta semana ha salido en primera plana la reunión con excombatientes, pero no basta eso. Ese tipo de reuniones élites [puede] tener mayor participación del pueblo. Algunos sectores le tienen miedo a esto porque ellos lo ven como el inicio de la democracia participativa y la representación participativa no debe anular la participación popular. Si anula, deja de ser una auténtica democracia participativa.

Y en este binomio FMLN-FUNES, ¿usted cree que hay una conexión con esa voluntad popular que los llevó al poder?

No tengo suficientes elementos de juicio para responder eso. Creo que hay una relación, todavía, muy poco sólida. En algunos temas hay confrontación con el partido que llevó al poder al presidente Funes. También con algunos de sus funcionarios. Ambos deberían hacer un gran esfuerzo para encontrarle una solución a la situación lamentable que está viviendo nuestro país y eso tiene que empezar por aquellos que tienen el sustento político del gobierno (es decir, el partido FMLN). Creo que los diputados han sabido establecer una correlación de fuerzas que no le ha presentado mayores obstáculos a los requerimientos esenciales que ha pedido el gobierno.

¿Qué lectura hace sobre los Acuerdos de Paz en la juventud, en las nuevas generaciones?

Después de los Acuerdos de Paz, con el fenómeno de la globalización económica –que es un nuevo estadio del proceso de internacionalización del capitalismo-, generó una percepción social distinta a la que existía a mediados del siglo pasado. Por ello, las inquietudes de la juventud ahora son distintas y por eso se puede tener la falsa percepción de que la juventud se desinteresa; pero lo que hace falta hoy, para volver a la juventud como un actor dinámico, es que se interpreten sus inquietudes, sus intereses, sus expectativas, sus esperanzas de forma apropiada. Eso hace falta en el país. Por eso se cree que la juventud se muestra indiferente. Necesitamos un liderazgo en todo el país y éste debe surgir en la misma juventud, porque creo que los liderazgos surgen en esa etapa. Así surgió el liderazgo guerrillero en los años 70.

Hay un tema que no puede obviarse cuando se habla de los acuerdos de paz y se trata de la Ley de Amnistía. Recientemente, Nidia Díaz, en una entrevista con Diario El Mundo, afirmó que el presidente Funes “no está comprometido con acciones penales, está comprometido con proceder a reparar el daño”. Junto a esta declaración, me gustaría saber si durante la ratificación de los Acuerdos el tema floreció o asomó para discutirse.

Sí, afloró. Por eso hay un fenómeno muy sui generis en nuestra legislación. En el marco de la ejecución de los Acuerdos de Paz, se aprobaron dos leyes de amnistía. Una primera que tenía la característica de dejar abierta la posibilidad de juzgamiento a aquellas personas que la Comisión de la Verdad señalara como culpables de ciertos hechos y que merecían, por lo tanto,  ser juzgados. Esa ley de amnistía todavía puede consultarse en el sitio electrónico de la Corte Suprema de Justicia. Luego, inmediatamente después que la Comisión de la Verdad emitió su informe, hubo una conmoción muy grande en la derecha y en los sectores militares, sobre todo en aquellos sectores que estuvieron involucrados en la conducción del ejército durante la guerra. Ellos promovieron una segunda ley de amnistía con el propósito de derogar el artículo de la primera ley de amnistía que tenía que ver con la posibilidad de ser juzgados. A la primera se le llamó “Ley para la consolidación de la paz” y la otra fue “Ley de amnistía general”; sin embargo, hay que tomar en cuenta que esa Ley General de Amnistía tiene un vicio de inconstitucional enorme: exoneró a personas que estaban desarrollándose como funcionarios del gobierno. Eso está prohibido por la Constitución. La Corte Suprema de Justicia prácticamente dejó abierta la posibilidad de que los jueces determinaran si procedía o no el procesamiento de las personas –que los sectores interesados de la sociedad- pidieran que fueran juzgadas.

En nuestro país existe el monopolio de la acción penal por parte de la Fiscalía General de la República, y ésta nunca ha presentado ese tipo de requerimientos fiscales. Hay que decirlo con todas sus letras: por eso se vuelve tan complicado y tan determinante la elección del fiscal, porque detrás de quien esté a la cabeza de la Fiscalía, se abre o se cierra ese tipo de requerimientos.  Lo fundamental es que los ciudadanos estudien por quiénes votarán, porque después de todo, la elección de un fiscal depende de los resultados electorales en la Asamblea Legislativa. En la medida en que los ciudadanos adquieren conciencia política con respecto a los políticos [se dan cuenta de que] representan intereses concretos y que no son políticos en abstracto.

¿De qué lado de las partes negociantes surge la necesidad de una ley de amnistía?

innerjovel2Surge en COPAZ (Comisión Nacional para la Consolidación de la Paz, creado por los acuerdos de Nueva York, 1991.  Las reuniones se realizaban en México y los representantes del FMLN eran Joaquín Villalobos y Francisco Jovel. Aparte de ellos, estaban dos representantes del gobierno más, los representantes de los partidos políticos que tuvieran mayoría legislativa. En México, los partidos políticos, por razones estrictamente legalistas, expresaban la necesidad  de que hubiese una ley de amnistía para que en la incorporación del FMLN en la vida política del país no tuviese obstáculos en caso de que pusiesen demandas contra los ex comandantes. También eso incluía la contraparte, militares.

Nuestra demanda [como FMLN] fue que nosotros no nos íbamos a meter en eso que ellos consideraban indispensable. El FMLN consideró que los acuerdos de paz tienen la suficiente fuerza y respaldo nacional e internacional para que no haya necesidad del formalismo (que ahí se planteó). [Como FMLN dijeron, en palabras de Jovel] “Si ustedes lo consideran, pues apruébenlo en la Asamblea Legislativa” y ensayaron ahí un texto. Nuestra observación fue que nosotros no suscribiríamos eso porque no somos quiénes para suscribirlo antes de los Acuerdos de Paz. Segundo, nosotros dijimos: “podríamos no ver con malos ojos aquello (la amnistía) si queda abierta la puerta para que puedan ser sometidos a procesos las personas que aparezcan después del aparecimiento de la Comisión de la Verdad. Por eso es que apareció esa parte final, la misma que después derogaron [se refiere a la primera ley de amnistía].

¿Pero eso era de conocimiento público, lo sabía la sociedad, la prensa? Es decir, ¿se sabía que en el seno de esas negociaciones se estaba fraguando, gestando una ley de amnistía? Lo que quiero conectar es lo que siempre ha dicho el FMLN, que ellos no participaron en la ley de amnistía, pero ellos sí sabían lo que estaba ocurriendo e iba a pasar en el futuro.

Sí. La primera ley de amnistía, hay que decirlo con todas las palabras, surgió en el seno de COPAZ y ahí estaba presente el Frente, el FMLN. No somos firmantes directos porque no teníamos porqué, pero dicho de otra manera, esa primera ley de amnistía que después fue anulada en su sustantividad, contaba con el visto bueno, con la tolerancia o como se que le quiera llamar, no formal del FMLN. Y puede decirse incluso que es producto de una discusión y debate en COPAZ. Si esa ley de amnistía se hubiese mantenido, una serie de problemas que ha dado después la ley general de amnistía, se hubiesen podido solucionar de otra manera. Lo que la sociedad demandó fue el conocimiento de la verdad. Quería que quedara claramente establecido cómo se habían dado los hechos, quiénes eran los responsables  y a partir de eso, colocar a las personas concretas en la obligación moral de solicitar perdón a las víctimas. Como eso no se pudo conseguir en los gobiernos de ARENA y se han negado un montón de personas que la Comisión de la Verdad prácticamente dice que están moralmente obligados a hacer eso, entonces lo hizo el gobierno del presidente Funes. Hay quienes hacen ver que la única ley de amnistía fue la última y menosprecian o ponen en sitio no visible el hecho de que la primera amnistía dejaba abierta la posibilidad de un juzgamiento debido al resultado de la Comisión de la Verdad. Y eso se hace a propósito. Los gobiernos de ARENA han sostenido esa situación, olvidándose de la primera amnistía, aún cuando la Ley General de Amnistía dice expresamente “derógase el artículo tal de la Ley de Reconciliación Nacional”.  

Hay delitos que no prescriben, hay delitos que no son amnistiables, hay requerimientos de toda ley de amnistía que niegan –en nuestro caso constitucionalmente es expreso- la autoamnistía de los funcionarios del gobierno. Ese es un problema real. La actitud del presidente Funes ha tenido una actitud de fondo, digamos. Él sabe o sabía que tomaba un gobierno en una situación muy delicada: grave crisis internacional, grave crisis de delincuencia común y organizada tanto local como regional… a nivel de la historia del país donde la izquierda asumía a través de una alianza de políticas y movimiento social, el gobierno, el presidente Funes valoró que tomar la iniciativa para derogar la ley de amnistía se toparía con dos cosas; primero, una correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa que no lo facilitaría, por lo tanto sería más una iniciativa política-mediática más que una posibilidad efectiva; segundo, que la derogación de la amnistía desestabilizaría política y judicialmente al país. Hay una tercera, deduzco que se toma en consideración los casos emblemáticos, los interesados los han abierto en el plano internacional.

Siendo fríos, y si se quiere, aguafiestas, ¿estas iniciativas no serían como echar mano de las aguas de Pilato en este período en el cual él está gobernando?

(Franciso Jovel suelta una sonrisa, se acomoda en la silla. Ríe. Vuelve a reacomodarse) Bueno… Yo creo que… No, no creo que se trate de eso. El presidente Funes al pedir perdón por los actos de ilegalidad, de criminalidad, de lesa humanidad, etc., cometidos por las fuerzas gubernamentales de aquella época, en esa medida él no se está lavando las manos. Como jefe de Estado, él está diciendo y reconociendo la culpabilidad y pide perdón a quienes salieron afectados. Digamos que ha habido un primer paso de reparación moral por parte del presidente de la República. Yo hubiese deseado que eso lo hiciera algún presidente del partido ARENA, pero creo que la valentía no les llegó a ese nivel. Defendían intereses muy opuestos a la posibilidad de ese reconocimiento y de esa reparación moral.   

Tomando en cuenta el tiempo de la guerra más estos 20 años de cese armado, ¿cómo ve a sus ex compañeros? Ha mencionado, por ejemplo, a Joaquín Villalobos, Facundo Guardado, etc.

Guardo una relación amistosa con todos ellos. Siempre he manifestado mi desacuerdo con las tendencias que en política, fútbol, religión, algunos tipos dicen tener la verdad o se creen los mejores del mundo y que pueden culpabilizar a otros de cualquier cosa pero a ellos mismos no. Con todos ellos yo converso, debato cuando hay necesidad de debatir, coincido cuando creo que están planteando cosas sensatas… Lamento, por así decirlo, que no se haya podido establecer en el país partidos políticos en los cuales la democracia interna realmente pueda funcionar de manera efectiva. La izquierda –que en su gran mayoría ha dicho que es partidaria de un régimen socialista o socialdemócrata- necesita ser una expresión de democracia interna de primer orden.

¿Y eso sucede dentro del partido FMLN?

Creo que en el interior del FMLN no existe eso. Eso sucede igual en ARENA, el PCN, incluso en los partidos pequeños. No existe el nivel de democracia que se requeriría. No se puede ser autócrata  hacia adentro y democrático hacia afuera. 

Se dice que el FMLN no es un partido de izquierda, que va rumbo hacia la derechización. Otros como Rubén Zamora afirman que no puede negarse que el FMLN es una entidad y una representación de la izquierda, que no está a la altura de los problemas del país es otra cosa. ¿Usted qué opina?

Coincido más con el planteamiento de Rubén Zamora. Considero que no existe una sola izquierda. El asunto es cómo en un momento determinado las izquierdas pueden unirse para mejorar su correlación de fuerzas frente a la problemática política o partidista a nivel nacional, como sucedió con el presidente Funes. El presidente no es un dirigente ni militante del FMLN. Es más, en el FMLN han introducido ese tipo de cosas (militantes, simpatizantes, etc.) que no existían en el FMLN de los años de 1980 y principios de 1990.  Anteriormente había una total igualdad entre sus miembros…

Ahora tienen su propia lucha de clases en el interior…

(Ríe) Ojalá no se llegue hasta ese extremo, aunque a veces de la impresión que sí. Creo que dentro del FMLN, aún con todas las limitaciones democráticas que se le pueden encontrar, hay mucha más democracia que en otros partidos políticos.

A usted lo expulsaron del FMLN, ¿le hubiese gustado que eso no hubiese pasado y que haya habido otro tipo de amonestación?

Precisamente, yo no asistí a la convocatoria que hace la tal comisión ésa, la encargada de las expulsiones, porque yo consideré que lo que estaban haciendo era ilegítimo. Desde la legalidad estatutaria estaban cumpliendo con la formalidad, pero la legitimidad de ese hecho era completamente improcedente. Me dolió porque yo soy uno de los primeros que inició el proceso de la lucha armada y de organización guerrillera en este país en 1970.  En las primeras acciones guerrilleras se encuentra mi participación. Soy de los forjadores del FMLN durante la lucha armada en la década de 1980. Fui secretario general del partido, diputado, negociador y firmante de los Acuerdos de Paz. También lamento –desde luego y en algunos casos- que las personas que estuvieron en el FMLN y que fueron expulsadas o se salieron, denoten una falta de consistencia político-ideológica como personas de izquierda. Pero eso es un asunto personal, algo que lamento. Como te dije antes, con todas las personas guardo una relación de amistad, de diálogo, de debate.

¿Aún existe el comandante Roca?

Eh… no, Roca no existe. Alguna gente aún me sigue diciendo Roberto porque no saben mi nombre (Risas).

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