LPG-Si hubiera habido acuerdos en la economía

Posted on 2012/01/20

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Varios columnistas en estos días han afirmado acertadamente que los Acuerdos de Paz fueron una negociación política para finalizar la guerra, para detener las balas, y ese objetivo se logró con efectividad.

Escrito por Roberto Rivera Campos
Viernes, 20 enero 2012 00:00

La economía no era lo prioritario ni lo urgente. Pero, si lo hubiera sido, ¿cuáles habrían sido los temas de negociación para lograr acuerdos? Por supuesto, eso habría dependido de los actores de la negociación. Pero tomando ventaja de la perspectiva que dan 20 años de desempeño económico, me permito señalar algunos temas que, desde mi punto vista, habrían sido determinantes en el desempeño económico posterior.

Cuatro son los temas que identifico: transparencia del mercado, transparencia de la gestión pública, reglas fiscales y metas sociales.

Primero, transparencia del mercado. Este tema era importante porque ya se venía implementando un modelo de economía de mercado, y era importante que las medidas condujeran a un modelo pro mercado y no pro negocios para usar la expresión del The Economist, que significa hacer que el mercado sea transparente y nivelado para todos y no que algunos negocios obtengan privilegios.

Acá la clave era crear las instituciones reguladoras del mercado que no existían y asegurarse de su independencia política. La historia nos mostró las quiebras y fraudes de algunas financieras a mediados de los noventa por la opacidad existente entonces en el sistema financiero del país. La superintendencia tenía la responsabilidad de regular y transparentar la gestión de los bancos y financieras, pero seguramente la falta de independencia política de la institución impidió su debida actuación con el enorme daño provocado a los depositantes.

Por otra parte, las instituciones autónomas para regular la competencia y defender a los consumidores solamente se constituyeron 12 años después y con dependencia política. Como resultado, todavía hoy hay quejas de falta de competencia en algunos mercados y de abuso sobre los consumidores en otros.

Segundo, transparencia de la gestión pública. La experiencia de los ochenta mostraba que el tema era importante, y algunos casos posteriores de malos manejos de recursos de los contribuyentes lo confirman. Era necesario fortalecer e independizar del poder político a la institución encargada de realizar la auditoría de la gestión pública.

Tercero, reglas fiscales. La carga tributaria, el déficit fiscal y el límite del endeudamiento seguramente deberían haber estado en un acuerdo nacional. Eso habría reducido la amplitud de los grandes conflictos que surgen entre el gobierno, la empresa privada y otros sectores sociales. No tenemos un producto que se venda internacionalmente con ganancias extraordinarias para crear ahorro público para los años difíciles, pero una deuda baja nos permitiría recurrir a endeudarnos en esos años. El nivel actual de deuda nos vuelve muy vulnerables.

Cuarto, metas sociales. Este tema, se decía, estaba en las causas estructurales que llevaron a la guerra, pero no fue prioritario en la negociación. En 2001 construí un modelo para poder estimar el presupuesto que debía asignarse a educación con el propósito de alcanzar la educación primaria universal. El resultado indicaba que debía aumentarse gradualmente desde 3.2% del producto del país hasta 5% en 2015. La crítica bien intencionada fue que la meta de 2015 era muy lejana para un objetivo urgente. Pues resulta que hoy, en 2012, casi una docena de años más tarde, la asignación presupuestaria aún se encuentra alrededor de 3%.

Lo curioso de este ejercicio, de suponer que se hubiera negociado un acuerdo en la economía, es que nos permite darnos cuenta de que 20 años después esos mismos cuatro acuerdos continúan siendo desafíos para el futuro.

Si hubiera habido acuerdos en la economía