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Posted on 2012/01/20

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Remembranzas de la guerra civil, el arte de una radio insurgente

Por Armando Salazar

SAM SALVADOR – El Roble fue el “seudónimo” de La Farabundo, cuando nació en Chalatenango transmitiendo en 40 metros de onda corta, en La Montañona, un 22 de Enero de 1982. Hace 30 años su nacimiento fue acogido por pinos y robles. Nació como un instrumento de información y propaganda de un proyecto social rebelde y alzó sus antenas insurgentes en territorios de la pobrería.

Radio Farabundo Martí tuvo su cordón umbilical con Radio Liberación, la primera radio de las FPL puesta en función unitaria del FMLN (Diciembre 1980 – Enero 81), que transmitió fugazmente información de la ofensiva general de Enero de 1981, desde Costa Rica.

Todos los cálculos de la izquierda revolucionaria era que el derrocamiento de la dictadura sería en semanas o meses y, esa radio haría su trabajo temporal quizá como Radio Sandino, durante la ofensiva insurreccional que derrocó a Somoza. Pero el asunto de la guerra se prolongó y entonces, la práctica indicó que habría que pensar en experiencias como Radio Rebelde cubana, en la Sierra Maestra y la infatigable imagen del Che.

Como hormigas clandestinas, los integrantes y los equipos fuimos llegando a La Laguna Seca y a El Jícaro, a finales de Octubre y Noviembre de 1981, días después del odioso operativo militar enemigo sobre La Montañona. En La Laguna Seca, la gente aún se recuperaba de sus lacerados pies. Eran historias fantasmales.

Los primeros intentos de la radio sucumbieron en 1981 cuando se estaba en la estrategia de construir los primeros pasos de los frentes de guerra. Pero la radio logró pararse en el marco del nuevo período donde las fuerzas guerrilleras expulsaron a las posiciones militares, principalmente de las zonas de retaguardia.

La radio fue un instrumento de lucha producto de la tamizada organización del pueblo. Varios de sus integrantes, fuimos testigos en proceso de las bombas a los periódicos La Crónica del Pueblo, El Independiente, ataques al Socorro Jurídico, el asesinato de periodistas, así como las bombas a la YSAX, la imprenta de la UCA, el asesinato de los dirigentes del FDR y otros atentados y asesinatos, muchos de ellos dirigidos por ANSESAL, jefeados por D’Aubuisson y su tenebroso aparato.

El disenso, la crítica de prensa fue objeto de ametrallamientos, secuestro, tortura, desaparición y asesinato. No había “libertad de expresión”. El gran medio de comunicación eran los sectores populares organizados y movilizados, que se comunicaban directa y secretamente de forma masiva y conspiraban contra el gobierno militar y sus patrones. Los comandos urbanos tomaban emisoras comerciales (a veces en operaciones masivas) para colocar casetes con mensajes.

En la coyuntura revolucionaria y, en honor a la verdad, la radiodifusión insurgente propia surgió endicenquedicen2 la marcha del 22 de Enero de 1980, con la “Radio Revolucionaria del Pueblo”, que transmitió en AM en un esfuerzo del ERP. Pocos días después Monseñor Romero, una fuerte voz de los oprimidos, fue asesinado. Después de ello, muchos buscaron exilio o refugio. Otros, el monte.

En el 81 surgió la Venceremos y también en honor a los registros históricos de nuestro país, la Venceremos transmitió por muchos períodos en Nicaragua. Hay que decir que La Farabundo nunca salió del país y fueron los operativos militares lo que le obligaban a salir del aire.

Pese a ello, junto a la Venceremos, realizamos un papel estratégico para difundir una lucha popular valerosa sin precedentes en América Latina contra una maquinaria militar y con un tren logístico gringo de armas y helicópteros, que se constituyó en el principal factor moral y material de ese ejército títere. De lo contrario, el régimen no hubiera tenido ningún sostén nacional o internacional.

Paradójicamente la labor periodística y de información tuvo cierto desarrollo precisamente porque hubo una guerra, donde población organizada y, después armada, puso su pecho sin andar con tantos titubeos para difundir su verdad. Había otro poder que la dictadura “respetaba” y los tiros ya no solo salían de los cuarteles.

Los pocos noticieros existentes, difundían la mayoría de veces por complacencia, complicidad o amenazas las versiones del COPREFA militar. Los medios del Estado, estuvieron supeditados a la misma orden, en inescrupulosas campañas de guerra sicológica contra la población.

La pelea por la información y la opinión sobre los hechos políticos, militares, incluso internacionales, era diaria. El gobierno puso potentes señales de interferencia para anular la información y el mensaje de las radios (práctica que quedó registrada y eliminada en los acuerdos de paz).

Sin embargo, la información fluía. Para burlar la interferencia, La Farabundo tuvo un equipo de apoyo en el exterior y San Salvador que monitoreaban la radio y reproducía información. La prensa extranjera, retomaba algunas informaciones y opiniones, porque según las versiones militares, los “delincuentes terroristas” (así nos decían) estábamos languideciendo, a punto de desaparecer, versiones insostenibles políticamente en la “opinión pública” en noviembre de 1989.

La radio levantó repetidoras en FM en San Vicente, Cinquera y el cerro de Guazapa, que fueron inestables por situaciones operativas. También creó una red de corresponsales en todos los frentes de guerra.

Durante la Ofensiva de 1989, la radio se desplazó hacia el Cerro de Guazapa con una estación FM (mientras sostenía la onda corta en Chalate) y lanzó corresponsales hacia las líneas de fuego. Incluso, hubo compañeros que transmitieron desde motocicletas en medio de los combates frente a tropas del Atlacatl.

Poco después de la ofensiva, se cerraron las plantas de onda corta en Chalatenango y comenzamos a transmitir únicamente en FM, desde dos estaciones alternas: una en La Montañona y otra, en La Cañada de Arcatao. Las emisiones en FM (un experimento que iniciamos en el cerro El Talzate en 1984), nos permitió estabilizar la información y la opinión hacia nuestros oyentes, sectores políticos y a la misma prensa nacional e internacional.

dicenquedicen3La Farabundo, aún cuando no se había firmado la paz, se instaló en el cuartelito de la Guardia Nacional en San José Las Flores y desde allí retransmitió en vivo la cobertura de la gran concentración popular el 16 de Enero de 1992 frente a la Catedral.

Trasladadas las antenas “De la montaña a la ciudad”, hicimos un ejercicio muy rico e interesante de volcar nuestros micrófonos y espacios a los dolores y expectativas ciudadanas y a las coyunturas políticas, así como a la vinculación con grupos artísticos, periodísticos y socio-culturales, recuperando al aire muchas aspiraciones.

Producto de las negociaciones plasmadas en los acuerdos de paz, fueron asignadas frecuencias a la Venceremos y a la Farabundo. Se constituyó legalmente una empresa, pero el partido, en las disyuntivas de la inserción y sostenimiento después de la guerra y la complicación en el cumplimiento de los acuerdos de paz, se propició una corriente de opinión interna que con la venta de espacios publicitarios, se podía sostener el presupuesto de operación del medio de comunicación.

Fue un cálculo político equivocado, precisamente porque las agencias de publicidad, tenían alianzas (naturales) político-empresariales o eran propiedad de los que hoy siguen mantenido el monopolio de la comunicación masiva en el país. Así, se fue desdibujando la proyección de vinculación con el pueblo y sus demandas, con la ciudadanía, de su papel en el campo socio-político, comunicacional y cultural.

Después, producto de discusiones condujo a decisiones de entregarle legalmente las acciones mayoritarias de la empresa (y la asignación de frecuencia YSFF 102.1 FM) a personas, que fueron representantes legislativos que se desvincularon con el Frente y que finalmente lanzaron por la borda un proyecto comunicacional al servicio de la lucha por los derechos y transformaciones del país. Esta situación es aún hoy un usufructo ilegítimo, aunque legal, según las pérfidas leyes actuales del sistema corrupto que seguimos arrastrando. Sigue faltando honestidad.

Esas frecuencias en el espectro radioeléctrico, fueron ganadas y legalizadas por una lucha, que hoy sus actuales accionistas mayoritarios, hacen caso omiso. Es un asunto simbólico, como lo son los mosaicos de Catedral, producto de intereses que prolongan el desprecio y sometimiento cultural.

Solo recordar que antes de obtener esa frecuencia nacional murieron Benjamín Valiente (Juan Ángel), Pedro Mancía (José Roberto), Amadeo, Norberto, Israel, Rubencito, Rogelio Godínez (Neco), Balta, Mireya, Bernardino, Guayito, Tirso, Robertillo, Ana Eugenia Orlich (Raquel), María Isabel Alas (Chabelita), Yolanda, Paula, Calisto y Julio Ama, los artesanos de El Roble.

Nunca fue fácil hacer radio en esas condiciones materiales de guerra, sujeto en cualquier momento al fuego de los obuses, de bombardeos, de desembarcos helitransportados o barridos por hormigas “garreadoras”.

Hoy suele ser fácil hablar, preguntar, decir, escribir, opinar, tener “fuentes” y pasar por ser “buena gente”, hacerse el “objetivo e independiente” en los medios. Como decía Silvio: lejos de las bombas, junto al ropero y al refrigerador. Créanlo, hoy es más fácil. Nunca fue fácil revertir la versión procedente de los cuarteles.

Hoy el esfuerzo es democratizar el espectro radioeléctrico, crear más voces, construir democracia, reconstruir nuestra identidad y trabajar también por la memoria histórica, siempre manoseada por el poder. Si no, veamos el caso de El Mozote o del Sumpul.

Los acuerdos de paz no alcanzaron a desmontar los monopolios mediáticos. Pronto, por ejemplo, una recomendación de los Acuerdos sobre la contribución de los medios a la reconciliación, fue abandonada sin rubor.

Las radios insurgentes dieron un aporte estratégico para desmontar el militarismo y pelear por la libertad de expresión, de conciencia y de organización que siempre se negó a puro culatazo y balazo. Ese es un legado a la comunicación, al quehacer informativo y a los espacios públicos que hoy, después de veinte años de firmado el silencio de los fusiles, siguen monopolizados por el capital, la impunidad y las verdades a medias.

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