EDH-La nación acéfala

Posted on 2012/01/19

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Por Javier Tobar Rodríguez.19 de Enero de 2012

El Tribunal de Ética Gubernamental (TEG) se encuentra acéfalo, más allá de la situación particular de esta entidad, tal situación nos debe sacudir y hacer reaccionar como pueblo. No es la primera vez que una institución gubernamental salvadoreña queda descabezada y sin rumbo debido a que las autoridades competentes no eligen oportunamente a sus titulares.

Nuestra historia nos ha enseñado que la amenaza de la acefalía de una institución pública ha pasado de ser un escándalo social, que por la enjundia del servicio estatal esperado ha demandado una pronta respuesta, a constituir un episodio más del trámite de este tipo de elección ensombrecido bajo la apariencia de una simple tardanza.

Como sociedad quizá hemos perdido la capacidad de asombro o hemos cauterizado la conciencia ante la falta de disposición para elegir a los líderes en el tiempo preciso. Al igual que en el pasado la muerte de un solo salvadoreño causaba conmoción en la sociedad, ahora las pilas de cadáveres encontradas en las cunetas de las principales ciudades de la nación pasan a ser uno de tantos eventos noticiosos, muy a pesar que los principales periódicos del país muestren esmeradamente esas dificultades.

La nación se encuentra acéfala de dirigentes cuando los ya elegidos ejercen su función ineficientemente pasando por ausentes y no sólo cuando no se verifica su elección nominalmente en el plazo que la ley estipula para ello. Estas son dos formas de aniquilar la institucionalidad.

Es probable que la problemática no sólo revele la falta de aptitud para trabajar en equipo, la insuficiencia de una visión de nación y la politización del asunto; también cabe pensar que la carencia de convergencia de intereses obedezca a la no preponderancia del interés público sobre el interés individual o corporativo de algunos pocos. Después de todo, no debemos olvidar que los titulares de instituciones con poderes sancionatorios (imposición de multas e indemnizaciones por daños, recomendaciones y en fin sanciones de tipo moral), pueden menguar el capital económico y político de aquellos acostumbrados a servirse con la cuchara más grande y vivir de la impunidad, cuestión de su interés.

Volviendo al TEG, es grave que esa falta de elección menoscabe la seguridad jurídica de la entidad, la estabilidad laboral de sus empleados por falta de renovación de sus contratos, que ponga en peligro el cese de la prestación de servicios básicos como el agua, la luz, la vigilancia, etc. Asimismo, cuando tal situación constituye una concausa de la mora en el trámite de por lo menos 300 denuncias contra funcionarios, cabe cuestionarse si tal dilación indebida debería generar en sí misma la reacción de la misma institución una vez sea debidamente conformada y también de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y de las ONG.

Es inexcusable ser partícipe de esa acefalía en un país necesitado de ética y de la imposición de sanciones ejemplarizantes; con mayor razón cuando sus ciudadanos imploran la impartición de una justicia administrativa ágil. La omisión de la elección deviene en un desatino ocurrido en el quizá peor de los momentos de la democracia representativa, por cuanto ésta es cuestionada, siendo las autoridades correspondientes las involucradas en el asunto.

En fin, de nada sirve la creación de sofisticados aparatajes estatales, si carecemos de los valores y mentes que los encarnen.

elsalvador.com, La nación acéfala

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