EDH-Hay que aprender a ver en medio de la confusión

Posted on 2012/01/19

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No sudar ciertas calenturas es exponerse a caer de nuevo en los espantos que se pueden pensar superados. No conocer bien la historia nos expone a que ésta se repita

19 de Enero de 2012

Cada uno escribe la historia de acuerdo con sus experiencias, su conocimiento y su criterio. Lo que llevó a los horrores de la Década de los Ochenta, que en alguna manera perduran al día de hoy, se presenta en muchas versiones, se manipula, se disfraza, se tergiversa y se falsifica.

Pero eso no justifica el relativismo, ser un cínico o creer que es imposible para quienes no vivieron en esos años, llegar a un cuadro razonablemente objetivo y veraz de las causas de esa tragedia, del desarrollo de los acontecimientos o las lecciones que se deben aprender.

No se trata, como escribió un joven articulista, de "traer calenturas ajenas y odios del pasado al presente", o que se trate de posturas de bandos antagónicos que en alguna manera se pueden superar. Existen sucesos que no se pueden negar sin caer en lo infame, como el Holocausto perpetrado por los nazis, los genocidios de los kurdos por los turcos, de poblaciones rusas por Stalin, de los chinos por Mao y de los camboyanos por los jemeres rojos.

Los jóvenes, al igual que un extranjero que llegue al país y quiera conocer su historia reciente, se informan de acontecimientos, de versiones sobre lo que haya sucedido, de lo que cuentan víctimas y lo que dicen cifras, crónicas periodísticas, versiones oficiales y reportes diplomáticos. Por lo general, lo más confiable son los archivos de diarios locales, porque tienen que presentar los hechos con una gran medida de objetividad a un público que los conoce en parte.

No sudar ciertas calenturas es exponerse a caer de nuevo en los espantos que se pueden pensar superados. No conocer bien la historia nos expone a que ésta se repita.

Es por lo anterior que los órganos de propaganda de un régimen o un sector no consiguen respaldo popular, como sucedió a Pravda en la Unión Soviética y ocurre a Granma, en Cuba.

Pero además de averiguar –y en esta época la información es de dimensiones colosales–, el joven, el forastero, el estudioso y quien pretenda escribir la historia, tiene poderosas herramientas a su alcance para, si no llegar a la verdad plena, por lo menos atisbarla, despejar tinieblas.

Lo racional, lo moral y la tradición jurídica

Lo primero es lo racional, analizar con lógica, con sentido común, con los pies en la tierra. Hay cifras que no mienten, difíciles de falsificar, como datos sobre exportaciones, producción eléctrica, el empleo medido con los inscritos en Seguridad Social o cifras de viajeros. Igual con precios, valor adquisitivo de la moneda, etc.

A esto se suman los criterios morales, que no son lo que cada uno dispone por conveniencia sino que se basan en verdades evidentes por sí mismas, comenzando por el imperativo categórico: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. La moral es una y en sus rasgos esenciales es reconocida por prácticamente todas las religiones y todas las culturas, como asimismo es rechazada por todos los fanatismos y todas las dictaduras.

Los jóvenes deben orientarse y juzgar, echando mano de principios de Derecho (como el de que nadie puede ser juez y parte), de la vida en común (nadie está facultado para dirigir mi vida). Así podrán comprender lo que sucedió en los años de la locura y percibir las amenazas que se mantienen sobre nuestra Patria.

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