Co Latino-En el marco de los Acuerdos de Paz: 30 años de la masacre de El Mozote | 19 de Enero de 2012 | DiarioCoLatino.com – Más de un Siglo de Credibilidad

Posted on 2012/01/19

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Renán Alcides Orellana

El pasado fin de semana estuve en Torola y Perquín; a principios de diciembre, en mi natal Villa El Rosario; en noviembre en Los Quebrachos (Jocoaitique)… es decir, un reencuentro mío con la bondad de su gente y con la realidad histórica en cuatro municipios del norte de Morazán. Sí, porque, además de hermosos y tranquilos, los cuatro son verdaderos referentes históricos de la guerra civil salvadoreña 1980-1992. Y con ellos, sus entornos y contornos…

Un día después de mi paso por Perquín; es decir, el 16 de enero, fecha de este escrito, en el marco de la firma de los Acuerdos de Paz, se conmemoraba otro aniversario de la masacre de El Mozote, perpetrada por la Fuerza Armada de El Salvador en diciembre de 1981, en otro más de los genocidios más inhumanos y salvajes que registra la historia salvadoreña. Y aclaro, además, que cuando digo conmemorar, me refiero únicamente al sector sufrido y doliente de tan abominable hecho: sus víctimas, sus deudos cercanos y quienes, como enardecido e impotente pueblo, solidarios sentimos que aquella hoguera de dolor calcinará para siempre nuestra arraigada e imperecedera conciencia popular. Sí, porque en el otro, aunque pírrico lado, son varios lo que no conmemoran (no hacen memoria) este hecho, sino que hasta hoy, y desde entonces, lo celebran (lo hacen fiesta, lo gozan). Celebran el aniquilamiento despiadado de miles de hombres y mujeres, ancianos y niños, cobardemente masacrados en El Mozote. Tal vez, ya no lo celebran tan abiertamente y con jolgorio como entonces, pero ahí están… y están muy bien… ¡gracias!…

Estuve cerca, pues, de El Mozote y pude haber asistido a conmemorar tal acontecimiento. Y además de la cercanía, tenía conmigo la tarjeta especial de invitación del Presidente de la República, Mauricio Funes, razón que sí consideraba un afectuoso imperativo, más en lo personal que en los oficial, para asistir. Pero, no asistí. Y hasta hoy, no se que pudo más para no asistir y pasar de largo, en mi viaje de retorno a San Salvador. Sin duda, una poderosa razón fue que, de haber ido, lo hubiera hecho para conmemorar (como creo que lo hizo la mayoría) y no para celebrar. Y dentro de lo primero -quizás pensé- los recuerdos podrían traicionarme, porque en lo personal, y a pesar de los tantos años pasados, hay escenas vivas y todas maravillosas, que se remontan a mis años de adolescente, a principios de la década de los años 50. Explico esto: 

   Por aquel impedimento económico de siempre que nos hacía, y todavía hace, suspender los estudios a los jóvenes de apartados rincones del país (en mi caso Villa El Rosario, Morazán), yo suspendí los míos de Plan Básico en 1951. A mis 14 años, busqué y conseguí trabajo: “irá –me dijeron- como alfabetizador de adultos al Caserío El Mozote, C/ La Guacamaya, Meanguera, departamento de Morazán”. Huuuuy, que lejos! Pero, voy. Y para dónde? Así llegué a El Mozote y, en realidad, ahora que lo recuerdo fue una experiencia humana y cultural realmente inolvidable. El Mozote era entonces un caserío recién declarado como tal un año antes, con su emergente escuelita de dos grados y la naciente ermita (escenario triste y doloroso de la masacre, 30 años después), con sus montañas, bosques y valles de virginal asombro. Un viejo y recordado maestro rural, don Pablo Antonio Alfaro, atendía a la niñez entre las 8:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde; y yo, intentaba enseñar a leer y escribir a los adultos (las mujeres de 4 a 6:00 p.m. y los hombres de 6:00 a 8:00 p.m.); todo esto, en un ambiente de verdadera paz, armonía y laboriosidad de sus habitantes. Son, será recuerdos imborrables…

Un año después, partí. Debía buscar los medios para continuar mis estudios. Y el resto, es otra historia. Pero, años después, la noticia alarmante y de dolor en medio de la guerra: “¡miles de miembros de la población de El Mozote han sido masacrados!” No podía creerlo, aunque como periodista y escritor esas “nuevas” ya no me eran ajenas, y siempre con el mismo origen y sus protagonistas fusil en ristre. Un día la nómina de los muertos, de distintas edades. Y la otra no tan sorpresa: mis ex alumnos y amigos cuyos nombres guardo en mi urna personal de fuego ardiente, para imperecedero recuerdo (Rufina Amaya, una de ellas, para entonces alumna del primer grado). Por eso, quizás por eso, no fui a El Mozote a los actos conmemorativos… pero, en mi viaje de regreso a San Salvador, una brisa indescriptible, quizás saturada de cariño y recuerdos, me hizo sentir estrechando las manos y repartiendo abrazos a todos aquellos seres inocentes de El Mozote, que un día compartieron conmigo su pan, sus alegrías y tristezas, y me dieron el más puro afecto, mismo que la metralla asesina quiso tronchar salvajemente un día, sin lograrlo… ¡porque los mártires de El Mozote son los eternos redivivos por el amor, como los son el resto de compatriotas masacrados por la anti-conciencia popular!

En el marco de los Acuerdos de Paz: 30 años de la masacre de El Mozote | 19 de Enero de 2012 | DiarioCoLatino.com – Más de un Siglo de Credibilidad

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