LPG-Hay que tener mucho cuidado de no revolver más las aguas

Posted on 2012/01/17

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De inmediato regre- sa la imagen de lo que hacen siempre los vencedores de las guerras, con las múltiples distorsiones que la experiencia muestra en todos los tiempos y lugares. Y aquí además, para suerte histórica, no hubo vencedor.

Escrito por Editorial
Miércoles, 18 enero 2012 00:00

Han pasado veinte años de que se dio el fin negociado de la guerra, y a lo largo de este tiempo el proceso evolutivo nacional ha venido avanzando, pero con más obstáculos de los debidos y con menos creatividad de la esperada. La conmemoración de estas dos décadas de democratización lenta y complicada pero evidente debe ser un momento de reflexión sobre lo que se ha hecho y sobre lo que falta por hacer, en función de darle arraigo y perspectiva a una sociedad más humana, segura, estable y consciente de sus desafíos y oportunidades. No es momento para gestos, ni mucho menos para gesticulaciones: lo es para proyectar visiones y misiones compartibles.

En ese sentido, sorprende con preocupación y desconcierto el contenido y el tono de lo que fue el mensaje presidencial el día 16 de enero, desde El Mozote, donde hubo una masacre de grandes proporciones allá al comienzo de la guerra. Para empezar, el hecho de centrar toda la atención en un solo hecho de aquel período, por trágico y doloroso que sea, es una invitación explícita a seguir parcializando el tratamiento de una cuestión tan lacerante que debe verse, a estas alturas, con la perspectiva que exige el mismo paso del tiempo. No se puede ni se debe continuar fragmentando lo ocurrido, porque eso genera inevitablemente un interminable conflicto de culpas.

Por otra parte, el mensaje contuvo términos muy controversiales como ese de reescribir la historia. De inmediato regresa la imagen de lo que hacen siempre los vencedores de las guerras, con las múltiples distorsiones que la experiencia muestra en todos los tiempos y lugares. Y aquí además, para suerte histórica, no hubo vencedor. El propósito de buscar y demostrar la verdad es válido, desde luego, y habría que hacerse realidad, pero sin apasionamientos ni parcialidades. Que se sepa la verdad de todo, y no para hacer reparto de culpas del pasado, sino para que la verdad se vuelva el supremo disuasivo de cualquier tipo de conducta vejatoria o abusiva.

Nuestro proceso de transición de la guerra a la posguerra necesita, más que nunca, del reconocimiento pleno de lo que ha sido nuestro desenvolvimiento histórico, con sus sombras y con sus luces, para, a partir de ahí, movernos con seguridad y coherencia por un rumbo que integre a la sociedad y que les dé a todos los salvadoreños las perspectivas de una vida con futuro realizable. El sistema político, en su conjunto, debe trabajar en esa línea. Desafortunadamente, dicho sistema recae a cada paso en lo que podríamos llamar el “síndrome de telenovela”, es decir, la gesticulación oportunista en vez del esfuerzo serio y articulado.

Necesitamos, ahora, mismo, sentarnos a elaborar la planificación compartida del tratamiento de los grandes temas y problemas nacionales. Hay elecciones a las puertas y otras más estresantes en 2014; pero esas interferencias deberían ser procesadas de manera adecuada, efectiva y oportuna, y los primeros llamados a dar el ejemplo de la sensatez laboriosa son los liderazgos gubernamentales. La tarea básica es unir esfuerzos, no conflictuar situaciones. Aquí la cuestión no es quién queda bien en la foto o en el video, porque eso sería frivolizar las cosas, sino cómo se hace para que el país salga bien de su problemática más aguda y angustiante.

Esperamos que palabras y gestos como los mencionados no reiteren el desgaste de estar haciendo calificaciones y descalificaciones. Hay que pasar cuanto antes a demandar que se inicie el trabajo de lo que tenemos pendiente como nación. Eso es lo que verdaderamente importa.

Hay que tener mucho cuidado de no revolver más las aguas

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