La Página-"Fui declarado criminal de guerra, pero decidí estar en las negociaciones"-Diario digital de noticias de El Salvador

Posted on 2012/01/17

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David Escobar Galindo formó parte de la delegación salvadoreña que negoció la paz. Se sentó frente a los entonces guerrilleros que secuestraron a su padre y, 20 años después, cree que los protagonistas de aquel evento no deberían participar más en política.

Última actualización: 17 DE ENERO DE 2012 05:06 | por Julio Calderón


Foto de DIARIO LA PAGINA

¿Cómo fue su primer acercamiento con Alfredo Cristiani para ser negociador de la paz?

No conocía al presidente Cristiani, alguna vez tal vez lo había saludado, porque en El Salvador es casi imposible no encontrarse con las personas. Una persona muy allegada a él, y que tenía una relación con la universidad, me dijo cuando Cristiani era candidato, que si podía hablar con él de temas educativos, y acepté. Me invitó a su oficina y hablamos. Después me llamó para pedir opinión de un evento suyo, alguien le recomendaba que no fuera pues lo podían insultar, pero yo le recomendé ir, pues un candidato debe ir donde lo inviten. Le fue muy bien. Allí comenzamos ya un poquito más a conversar y cuando ganó la presidencia, me ofreció algunas posiciones y no acepté.

¿Qué le ofreció?

El Ministerio de Relaciones Exteriores. La verdad es que yo no tenía interés en un puesto político, un puesto público, y allí surgió la conversación de qué hacer frente al hecho principal del país que era la guerra. Un día le dije mire, usted no sólo puede decir que la guerra termine, eso es lo que quiere el ciudadano de la calle, por eso lo hemos elegido presidente a usted, tiene que trabajar por ella, y así surgió la posibilidad de participar, que fue un privilegio y no me lo esperaba.
Y fue él quien lo buscó para formar parte de la comisión negociadora gubernamental…

El me lo propuso.
Había quienes no querían la paz, que Estados Unidos ya estaba presionando, ¿creyó en algún momento alguna de esas versiones?, ¿o pensó que el presidente Cristiani quería realmente firmar la paz?

Yo estaba totalmente convencido. Había grandes resistencias, como es natural, pero hay factores en la vida que ayudan, también había gran escepticismo en mucha gente, sobre que de aquel proceso de negociación fuera a salir algo verdaderamente significativo, porque en El Salvador no teníamos ninguna experiencia de ese tipo de ejercicio negociador, y más en una situación como aquella, había mucha gente que me decía que cómo creíamos que eso iba a resultar. Decían que los militares y guerrilleros no iban a aceptar. El escepticismo fue uno de los factores importantes para llegar a la solución que llegamos, porque sino los anticuerpos hubieran sido irresistibles.
Y de esos anticuerpos de sectores, ¿llegaron a sentir alguna amenaza por sus vidas?

Nunca. La verdad es que yo tampoco temí, pues en esas cosas uno tiene que tomar la realidad como es. Uno acepta el desafío y uno se expone pues a cualquier cosa. Lo que sí recuerdo, y hablamos con el presidente Cristiani y todo el grupo, es que había que hacer un ejercicio de permanencia. Un día le dije al presidente que si por alguna razón uno de nosotros cae en el camino hay que continuar en la mesa, porque sino al día siguiente cae otro, que lo mate cualquiera de los bandos pues uno no sabe. Desde el inicio el proceso fue muy llevadero, realmente un proceso ejemplar.
Doctor, ¿qué puntos se pusieron en la mesa de negociación y no se incluyeron en los Acuerdos de Paz?

Empezamos en septiembre de 1989, en México y allí salió el primer acuerdo; después hicimos una reunión en Costa Rica en octubre, salió una serie de procedimientos, a principios de noviembre el FMLN se retiró de la mesa porque venía su ofensiva, pero como la ofensiva dejó debilitados militarmente a ambos, entonces ya en diciembre estaban de nuevo las tratativas para volver a la mesa, y ya en marzo tuvimos la primera reunión en México para negociar lo que fue el Acuerdo de Ginebra en abril, y nos reunimos ya en mayo para trabajar en la agenda, la agenda salió en mayo en Venezuela, por lo que todo se hizo bien planificado, ordenado y preciso. Se firmó lo hablado, negociado y acordado.
¿En algún momento sintió que su corazón se inclinaba por la izquierda o la derecha?

No. Es que era un ejercicio que estaba más allá de eso. Es impresionante cómo la naturaleza de la tarea determina también las actitudes. Desde un principio estaba muy seguro que íbamos a llegar al final, desde que nos vimos las caras. Y en segundo lugar negociar los acuerdos de paz era un desafío tal, tan impresionante, tan apasionante que realmente no. Hubiera sido absurdo.

¿Tuvo alguna discrepancia con el presidente Cristiani?

No. El fue muy respetuoso con todos, seguía paso a paso y nos dejaba margen. Manejó muy bien a la Fuerza Armada, ese trabajo lo hizo de una manera impecable sinceramente.
Cuando tuvo frente a usted, como negociador, a uno de los entonces guerrilleros, recordando que habían secuestrado a su padre, ¿qué sintió?
Ya me había preparado para eso. No sólo tuve a uno enfrente, tuve enfrente a los que lo habían secuestrado.
¿Quiénes eran los secuestradores?

Ah, eso no se lo voy a decir jajaja.

¿Con quiénes se sentó entonces?

No mire… si uno deja que las emociones lo agobien entonces uno acaba siendo esclavo de esas emociones. Me dije que ese era mi trabajo, mi misión, y me preparé para que prevalecieran no mis emociones, sino mi trabajo. Con esa reflexión me fui defendiendo. Mi padre salió sano, pero las secuelas de un secuestro son tremendas, permanentes. Además uno de los grupos guerrilleros me habían declarado criminal de guerra, pero decidí participar en las negociaciones de la paz, tampoco era fácil.

¿Y hablaron del secuestro de su padre?

Les pedí que me contaran la historia y me la contaron. Es que todo depende de las actitudes. Si uno llega con la espada desenvainada entonces aquello no funciona. Mire, si en la vida no hay que dramatizar tanto. Yo veo que ahora hay una dramatización en el ambiente que yo digo ¿y esto qué es?, por cosas insignificantes, parece que se encienden todos los fuegos.

¿Y qué anécdota puede contar que significa mucho para usted?
Estábamos en México, se había formado un pequeño grupo de cuatro para hacer el texto y estábamos Oscar Santamaría y yo por el gobierno, Salvador Samayoa y Joaquín Villalobos por el FMLN. Joaquín hablaba bastante en el grupo, además que teníamos que hacerlo todo en un día, de repente me dijo `mira, nosotros no vamos a aceptar ningún acuerdo que no vaya la palabra negociación´. El gobierno hablaba sólo de diálogo y el FMLN de negociación, y las palabras eran muy importantes, entonces le dije si no importaba que fuera sustantivo, verbo o adjetivo, y entonces me dijo que mejor nos pusiéramos a hacer la redacción, y quedó como adjetivo que es la forma más suave. Usted lee el acuerdo del año 89 y allí aparece esfuerzo negociador, que es un adjetivo.
¿Había cosas en la negociación que eran secreto de Estado?

Nunca hubo doble agenda, lo que se hacía se sabía. No había un sobre entendido, que una cosa era el Acuerdo de Paz y otra era el acuerdo interno secreto, no, eso no existía.

¿Hubo tonos altos de voz para reclamos?
No, es que en esa negociación, que duró dos años cuatro meses y tres días, nunca hubo un desplante o palabra hiriente. Había momentos de bajar el tono. Recuerdo que un día dijo Schafik Handal allá en Venezuela, a su estilo, pero no era una ofensa, "ustedes son como Jalisco, que cuando pierde arrebata", y yo no me pude contener y le dije "sí, y ustedes son como Guanajuato, donde la vida no vale nada", jajaja, entonces los dos nos reímos.
Schafik fue un hombre fiel a sus principios, ¿cree eso?

Yo lo respeto mucho y le llegué a tener mucho aprecio a Schafik, hizo un excelente papel, sin duda.

¿Cree que él estaba a la altura de convertirse en Presidente de la República?

Le dije cuando salió de candidato, nos visitábamos, le dije a Schafik que no debía ser candidato por una razón muy sencilla, porque estás en una condición en que ya no se compite, tú eres figura histórica, y las figuras históricas son como los santos, que uno va les consulta y les pide consejo, las figuras históricas no compiten.
¿Y dirigir un partido como lo hace Alfredo Cristiani?

Pues él tendrá sus razones, pero él también es una figura histórica. Ya no. A lo mejor las circunstancias lo han llevado.
¿Y cree que sigue vivo el espíritu de los Acuerdos de Paz?

Eso está en el ambiente, más que en lo que algún sector haga, se cambió el escenario del país con la solución política de la guerra, fue una solución sin vencedores ni vencidos, esa es la clave.
¿Cuál de los presidentes, anteriores y actual, ha tenido más interés en actuar a favor de los Acuerdos de Paz?

Le voy a dar una respuesta que parece que es pura diplomacia. A cada uno le ha tocado hacer su función. El presidente Cristiani firmar la paz, que se dio en un momento muy importante, el 19 de enero de 1992, a la mitad de su período; después vino Calderón Sol que cumplió aspectos como la instalación de la PNC. El espíritu en el ambiente está allí, y no del Acuerdo de Paz, sino de la forma en que se solucionó el conflicto, como un mensaje que tampoco analizamos con mucha claridad, y es que por primera vez en el país la violencia política no triunfó.
¿Y quién era el divertido, el que callaba, el que hablaba más fuerte?

No era que nadie hiciera histrionismo, no, era una cosa muy normal. Cada quien tiene sus actitudes, pero la verdad es que nadie quería llevar allí la voz cantante. Fue un proceso inesperado, porque en el terreno se estaban matando, la guerra continuaba, pero la guerra no estaba en la mesa.
¿Y cómo se enfrentaban, cuando estaban frente a frente, a las noticias de la guerra?
Eso no estaba en la mesa. El 10 de noviembre cayó el muro de Berlín, se acabó el socialismo real en Europa, de ese tema nunca se dijo nada en la mesa. Era inevitable aislarse del mundo.
¿Tenían límite de tiempo para hablar sobre un tema?

No había horario, en el año 91 estuvimos tres semanas, en abril, negociando la reforma de la Constitución y sólo una vez salí del hotel, y además nunca me dieron ganas de salir. Ese tipo de negociaciones son de tal manera que es lo único que se puede estar haciendo y pensando, con intensidad, con adrenalina. Impresionante.
Cuando volaron de Ciudad de México a San Salvador, tras la firma de los Acuerdos de Paz, ¿qué hablaban, qué sentían?

Fue un vuelo temerario, porque encima del Parque Libertad casi rozábamos el monumento, volábamos muy bajo, era mediodía. En ese momento es difícil describir lo que sentíamos de emoción. Al momento de la firma en Chapultepec fue impresionante y menos mal que no tocaron el Himno Nacional, porque imagínese lo que hubiese sucedido con los ánimos.
Pero la noche del 31 de diciembre el año 91, cuando se anunció la firma, uno no acaba de describir la sensación, y cinco días después volvimos a negociar el calendario.

Doctor, ¿qué fue lo primero que hicieron cuando aterrizaron en San Salvador tras la firma?
Cada uno se fue para su casa, era lo que queríamos hacer.
¿Escuchó voces que dijeron David Escoba Galindo para presidente?

No. Es que mire, uno toma caminos en la vida, y esas cosas no, además nunca me lo planté ni me lo planteo, no tiene ningún sentido para mi pues. Tengo respeto a los políticos, es importante que funcionen bien, que sean fuertes los políticos, pero eso es cuestión de cada quien. Tengo respeto a la sabiduría popular, acepto eso que zapatero a tus zapatos.

¿Los Acuerdos de Paz fueron perfectos o hubo algo que mejorar?

Uno no puede decir nunca que algo es perfecto, pero que fueron ejemplares de eso no me queda ni la menor duda.

Diario digital de noticias de El Salvador

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