LPG-Acuerdos sin paz

Posted on 2012/01/15

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Recién termino de revisar un fotorreportaje que se publicará este día en la revista Séptimo Sentido, una recopilación de recuerdos de los protagonistas de aquel proceso que finalizó con la firma de los Acuerdos de Paz, el 16 de enero de 1992.

Escrito por Claudia Ramírez
Domingo, 15 enero 2012 00:00

Veo algunas fotos y sonrío. También se me eriza la piel porque tengo claro que en mi casa, ese día hace 20 años, hubo lágrimas mientras seguíamos la transmisión de la histórica firma que se desarrollaba en México.

Como después de 20 años la mente puede fallar, recurro a mi mamá para preguntarle un poco sobre las sensaciones que deambularon por mi casa. Ese día yo también lloré. Y esa sensación que tuve regresó al ver las fotografías.

No cabe duda que el 16 de enero de 1992 todos teníamos una nueva esperanza, este país era un ejemplo, era el día del gran El Salvador, el que había logrado sobrepasar los intereses personales, políticos y de clases para lograr un acuerdo. El tema estaba en cientos de medios internacionales y nosotros festejábamos el no escuchar nunca más el estruendo de las balas.

Mis recuerdos más terribles de la guerra se reducen a la ofensiva de 1989. Arrinconada en un cuarto de mi casa, con los colchones como paredes, vivía lo que hasta entonces solo había conocido por las anécdotas de doña Tere, una mujer morena, fuerte y maravillosa que nos cuidó en la infancia. Ella hablaba de sus días en Ciudad Barrios, de cómo se escondía de la guerrilla y de los militares, de los escondites que se ingeniaban para salvaguardar a sus hijos, casi adolescentes, del reclutamiento. De la angustia y del exilio de su pueblo. El día de la ofensiva pensé mucho en ella, en todos los días que le tocó vivir bajo fuego cruzado. Estaba muy asustada de ver a un batallón del ejército replegado en la acera de mi casa. Temblaba al escuchar el helicóptero militar ametrallando la “fosa”. Yo no quería que mi mamá saliera ni al jardín, donde cocinaba con carbón porque no había luz eléctrica. Había poca comida. Cuando todo terminó fue difícil encontrar la normalidad, así que los siguientes meses en que la idea de un fin del conflicto comenzó a dibujarse no eran menos que esperanzadores. Toda la angustia desbordada saltó en lágrimas cuando la televisión nos mostró a militares y guerrilleros sin uniformes, dándose las manos y prometiendo construir un país mejor.

Todos perdimos algo con esa guerra, algunos perdieron muchísimo más, así que descubro que la tristeza de ver esas fotos también reside en que por ahora los mismos que firmaron la paz siguen siendo actores de un país que no pinta bien. Alguien me decía con sarcasmo que podíamos celebrar los 20 años de “paz” con los enfrentamientos y heridos que apenas unos días de campaña ya causaron en las calles. También los podemos celebrar recordando que todos los días 12 salvadoreños mueren a causa de la violencia, o celebrando que nuestra juventud está en riesgo permanente y con pocas oportunidades.

Hoy quisiera pensar que todavía en este país se puede construir algo más que diferencias y enfrentamientos, basta recordar que alguna vez nuestra sociedad fue capaz de sentarse y mirar un solo objetivo y ceder y aportar y construir. ¿Cuánto no se ha cumplido desde esa firma? Hay demasiadas tareas pendientes que nos están pasando la factura.

Y esas deudas las tienen los políticos, viejos y nuevos actores. Nosotros mismos que vemos con desidia o cotidianidad la violencia y sus causas estructurales. A veces el país y su sociedad parecen demasiado dormidos ante la realidad que nos golpea. Deberíamos defender más esa paz que tanto nos costó.

Acuerdos sin paz

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