Contra Punto-El proceso de paz estuvo en un hilo por dos años – Noticias de El Salvador – ContraPunto – Noticias de El Salvador – ContraPunto

Posted on 2012/01/15

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Por Fernando de Dios

Foto: Luis Velásquez

SAN SALVADOR – Al inicio de esta entrevista y también mientras se gestionaba, Salvador Samayoa, dijo varias veces que ya la gente estará cansada de Acuerdos de Paz.

“Podemos hasta aburrir”, nos dice, aunque después demuestra que tiene muchas cosas interesantes que contar de aquellos momentos que otros no han contado o al menos no de la forma en que él lo hace.

Samayoa fue parte del grupo de trabajo que realizó la mayor parte de la negociación. En el mismo estaban Shafick Handal, Ana Guadalupe Martínez y él por parte de la entonces guerrilla en armas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN); y David Escobar Galindo, Óscar Santamaría y Mauricio Vargas por parte del gobierno del entonces presidente Alfredo Cristiani.

La figura de Cristiani, de hecho, es señalada por Samayoa como crucial para el inicio de la negociación, pues en comparación con su antecesor, Napoleón Duarte, ya podían “hablar con el dueño del circo y no con el domador”.

El llamado al diálogo que hizo Cristiani en su toma de posesión como presidente de la República y otras circunstancias que se dieron en aquellos meses convencieron a la comandancia del FMLN de iniciar el acercamiento.

Como otros protagonistas, Samayoa reconoce que el tema crucial de las negociaciones fue el papel que en el futuro iba a desempeñar la Fuerza Armada. También describe el periodo que siguió a la firma en Chapultepec, alrededor de dos años en los que los jefes militares aun están en sus puestos, el FMLN aun no se ha desarmado y la Comisión de la Verdad está investigando violaciones de derechos humanos durante el conflicto.

Son momentos en los que cualquier circunstancia puede avivar el rescoldo que aun subyace y provocar un nuevo incendio. Aunque afortunadamente se consiguió que todo fuera fluyendo.

Ya en la actualidad, Samayoa no cree que haya necesidad de unos nuevos acuerdos nacionales para solucionar los principales problemas del país. En su opinión, lo que hace falta es “un poco de buen gobierno” y más responsabilidad de algunos otros sectores, como el empresarial.

¿En qué momento decide el FMLN empezar a negociar?

En ningún momento. Fue una evolución relativamente complicada. El proceso se va construyendo de pasos, que no todos tienen la misma intención de terminar el conflicto. Algunos pasos que se dan, hablando del Frente, los damos por razones de táctica política, que necesitamos fortalecimiento, prestigio y no pagar costos, ni internos ni internacionales, y no porque en realidad significan una visión tan clara de que así termina el conflicto y que hacia eso vamos. No en todos los momentos hubo esa visión así de clara. Cuando Cristiani en el discurso de toma de posesión nos invita al diálogo, que no usa, porque no podía, la palabra negociación, nosotros no tenemos más remedio que aceptar, pero así muertos de entusiasmo no estamos, tenemos una cierta convicción política de que tiene mucho más sentido hablar con el dueño del circo y no con los domadores, como habíamos estado hablando antes, que va a ser más difícil pero más real.

¿A qué se refiere exactamente con eso del dueño del circo y los domadores?

Me refiero al diálogo anterior con el presidente Duarte, que justamente no tenía todo el poder para tomar acuerdos con nosotros. Yo no le quiero restar méritos históricos y mucho menos herir susceptibilidades de nadie, pero si se analiza el discurso de Duarte en relación al diálogo, no pasó nunca de que dejen las armas y se incorporen al proceso democrático.

Ríndanse.

Sí, ríndanse y hablamos. No podía hacer otra cosa, porque hubiera sido acusado casi de complicidad con la izquierda. Hay que acordarse de que el Partido Demócrata Cristiano y Duarte en la campaña electoral del 72 eran la izquierda de El Salvador.

De hecho fue una de las personas agraviadas por aquel sistema de fraude electoral que llevó, entre otras cosas, a la guerra.

Claro, sin duda. Entonces, con Cristiani teníamos mejores perspectivas para hablar. Podía ser más duro o más difícil, pero tenía poder para hablar.

¿Qué cambió el hecho de que llegara al poder el partido ARENA? ¿Por qué Cristiani sí tiene el poder de llevar a la Fuerza Armada a un proceso de negociación?

Bueno, lo fue construyendo, no lo tenía de entrada. Yo no tengo ninguna duda de que su discurso inaugural no le encantó a algunos sectores de la derecha. Cristiani fue construyendo el poder para hacerlo.

Entonces, se forma ese grupo de trabajo y comienzan a reunirse con el gobierno, pero es algo paradójico que en septiembre del 89 hay un acuerdo para negociar y menos de un mes después se lanza la ofensiva “Hasta el Tope”. ¿Cómo se compagina una cosa con la otra dentro del FMLN?

Es que en casi todas las guerras se dialoga con la guerra en medio. Hay algunos casos o momentos excepcionales en que se ha podido concertar un armisticio, una tregua, un cese de fuego y en el marco de ese temporal cese de hostilidades se ha podido llevar una negociación, pero no siempre es así. En muchos casos se negocian los arreglos políticos con los que se terminian las guerras y los conflictos sin suspender la parte beligerante.

Yo en eso no veo contradicción. El FMLN no podía decir, bueno, como ya estamos dialogando con Cristiani ya no vamos a hacer ninguna actividad militar, eso era absurdo. La señal hubiera sido para la Fuerza Armada, para el gobierno y para Estados Unidos que estábamos débiles y nadie negocia con uno que está debil y que no tiene capacidad de desafiarte. Teníamos que seguir con la actividad militar y si íbamos a seguir, para eso mejor seguir con cosas más fuertes.

Y además, algunos compañeros de la comandancia del Frente y probablementeinnerpollo1 algunos jefes de otros niveles tenían de verdad expectativa en el desarrollo de esa ofensiva.

Incluso había esperanza de una insurrección popular en San Salvador que acompañara a la ofensiva. ¿Usted veía esa expectativa realista?

Es que el ánimo insurreccional, en el Frente siempre tuvimos alguna diferencia de cómo percibíamos esa situación. Mi organización, las FPL, no veíamos eso. A nosotros nos decía todo nuestro cuadro político que estaba trabajando en la ciudad que eso de la insurrección solo en Managua lo veían, que en San Salvador no se veía ni el ambiente ni el ánimo.

Y por otra parte, tuvimos una discusión prolongada en el tema de la estrategia militar, porque había quien quería, y de hecho terminó triunfando esa posición, hacer casi una guerra de posiciones fijas en los barrios periféricos de San Salvador.

No teníamos la misma visión, ni en la parte militar, que están asociadas las dos cosas; el que creía que había insurrección era porque creía que la parte militar de mantener las posiciones en los barrios iba a ser exitosa. Claro no contábamos también con que el Ejército iba a cometer la bestialidad de bombardear los barrios populares, a un costo altísimo, pero…

Y por otra parte, se suponía que alguno de los ataques a cuarteles de brigada en cabeceras departamentales del interior del país podía obligar al Ejército a enviar fuerza para controlar la situación, por ejemplo en Usulután. Si el Ejército tenía que empezar a enviar fuerzas de San Salvador al interior del país, entonces sí era más probable conseguir algunos de los objetivos militares tal como estaban previstos para San Salvador. O sea, que sí había expectativas en algunos compañeros.

Pero lo que sí  se pudo constatar e esa ofensiva es que ni la guerrilla ni el Ejército, en aquel momento, podían ganar la guerra. ¿Fue eso un punto en el que se vio que había que terminar negociando?

Sí, pero aun así tuvo su evolución en esos días. Yo recuerdo que Shafick prácticamente repartió cartas. Le mandó a Baena Suárez, que era el secretario de la OEA, también a la ONU, a Óscar Arias, a Carlos Andrés Pérez y a cualqueir cantidad de presidentes, pidiéndoles a todos a la vez la misma cosa, que intercedieran y que mediaran, y eso estamos hablando a varios días de empezada la ofensiva.

Me preguntabas en qué momento decidimos vamos a negociar; en ninguno, fue una acumulación de pasos y de situaciones.

Y también de pasos desde el otro lado.

Y de pasos por el otro lado, también.

Imagino que tuvo mucha importancia el hecho de que Cristiani se fuera haciendo poco a poco con la voluntad de la Fuerza Armada, que fue el punto central de la negociación.

Siempre lo fue.

¿Hubo algún momento en la negociación en el que la comisión del FMLN que estaba negociando decidió ceder en algo o tomar alguna decisión al margen de las reuniones que se tenían para sentar posición?

Vamos a ver, es que hay cosas, que son temas de susceptibilidades que yo no quiero necesariamente tocar. Había pesos dentro del FMLN. Las FPL era una organización con mucha más fuerza en todos los sentidos. No solo era la más numerosa, sino que la que más armas tenía, la que más combatientes tenía, la que más organizaciones populares tenía, la que más trabajo internacional diplomático tenía. Era con diferencia más grande que las demás.

El ERP tenía como gran activo a Villalobos que era un buen propagandista de sus cosas, digamos que tenía un manejo mediático brillante, era el comandante más brillante en ese sentido, mediático, pero tenía peso también militar.

Se decía que era el mejor estratega militar.

Es un mito, porque ¿qué estratega militar es un señor que no aproximó nunca su fuerza a la ciudad capital? ¿Cuándo iba a ganar esa guerra? Ni en 300 años. Es un mito ese asunto. Pero en términos mediáticos era brillante. Y el ERP sí tenía fuerza. Nunca fue cierto que Villalobos sea el gran estratega militar del FMLN, eso no fue cierto nunca. Si él fue el del error de las posiciones fijas en la ofensiva en los barrios populares.

Yo de verdad creo, y no por sectarismo o parcialidad, que los jefes militares de las FPL eran mejores. Chamba Guerra, Dimas Rodríguez, que murió ya pasada la ofensiva, Dimas era muy bueno, el mejor tal vez; Jesús Rojas, Facundo, Eduardo Linares. Teníamos muchos buenos militares. Hasta Gerson (Martínez) era buen jefe militar.

¿Por qué dice “hasta Gerson”?

Porque no tiene el perfil físico. Tú veías con su gran barba y su corpachón a Toño Cardenal o Jesús Rojas, o veías a Facundo Guardado en su traje de fatiga y tenían más cara de guerrilleros, digamos, que Gerson. (Ríe)

¿Qué hacía Gerson? ¿Es cierto que se ocupaba de cuestiones de inteligencia?

Eeeeh… hacía muchas cosas Gerson, pero te quiero decir que también manejaba bien sus unidades cuando le tocaba. Yo creo que las FPL tenían mejores jefes. El ERP tenía buenos jefes también; Rabindranat Armijo era un buen jefe militar, Jonás (Jorge Meléndez) era un buen jefe militar.

Pero bueno, en el tema de la toma de decisiones, había pesos distintos en el Frente. Nosotros designamos desde octubre del 90 el grupo de trabajo que eran tres por parte del gobierno y tres de la guerrilla. Los tres de la guerrilla éramos Shafick Handal, Ana Guadalupe Martínez y yo, que éramos las tres organizaciones con más peso. Por lo tanto lo que nosotros proponíamos y decíamos de antemano tenía… O sea, por supuesto que llegábamos y en algún momento consultábamos cosas con el grupo más amplio, pero teníamos un margen importante. Yo no iba a hacer nunca una locura que al día siguiente Leonel, Sánchez Cerén, me dijera, sabés qué, Bernardo, te vas para tu casa y dejas la mesa de negociaciones, porque nosotros no apoyamos lo que estás haciendo. O sea que se sobreentiende que lo que yo hablaba en la mesa de negociaciones no lo hablaba por hocicón, sino que yo lo tenía discutido con mi organización, y Ana Guadalupe igual. Y Shafick pues no tenía que pedirle permiso ni a Dios Padre.

El tema de la Fuerza Armada, que era el centro de la negociación, imagino que se iba discutiendo cómo apartarla del escenario político. ¿Eran ustedes los que más empujaban en ese sentido o era más bien Cristiani el que se ocupaba de eso?

Nosotros manejábamos una agenda de reformas en relación a la Fuerza Armadainnerpollo2 que tenían mucho respaldo político dentro del país y mucho respaldo a nivel internacioinal. La racionalidad de lo que estábamos proponiendo y el hecho de que la Fuerza Armada tenía un desgaste importante por violaciones de derechos humanos, el hecho de la matanza de los jesuitas es el principio del fin en el sentido polítco. Si prácticamente a los dos días les estaban diciendo en el Congreso de Estados Unidos que no les iban a estar dando un cheque en blanco.

El hecho más decisivo, pero hay que leerlo al revés de cómo lo leen algunos, el hecho decisivo del derrumbe de la Unión Soviética marcó mucho lo que podía ocurrir en Centroamérica, y en El Salvador también. A los representantes del gobierno les gusta decir que como cayó la Unión Soviética entonces el FMLN ya no tenía retaguardia estratégica ni respaldo y no le quedaba más remedio que negociar. Eso es una falsedad histórica, el FMLN no dependía ni un poquito de la Unión Soviética, en nada, ni en armas, ni en suministros.

El FMLN era poco ortodoxo quizá  para la Unión Soviética. Quizá  si hubiera sido solo el Partido Comunista…

Sí, exactamente. Excepto diez años atrás, que hubo un envío de armas, viejas y malas por cierto, que los gringos sintetizaron en el Libro Blanco y lo denunciaron, excepto ese primer y único acto nosotros no tuvimos más.

Piensan que porque ya no teníamos ese respaldo del campo socialista, estábamos obligados a negociar. Y no ven la otra cara de la moneda, que era tanto o más grande, y es que los Estados Unidos, si ya no había amenaza comunista internacional, ya no tenían razones para seguir apoyando regímenes dictatoriales y regímenes militares que violaban los derechos humanos. Lo hicieron por 40 años porque eran malos pero eran sus malos, los que los defendían de la expansión del comunismo. Cuando ya no había expansión comunista, ya no era necesario.

¿Y cómo les afecto la pérdida del poder de los sandinistas en Nicaragua?

A unos más que a otros. A Villalobos muchísimo, porque tenía más amistad con Humberto Ortega y con Lenin Cerna y con el Ejército Sandinista y dependía más para la logística del Ejército Sandinista. Otras organizaciones que no éramos tan amigas teníamos que buscarnos la vida de otra manera y por tanto desarrollamos capacidad de ser mucho más independientes.

En ese momento en que se estaba negociando, el tema de la Amnistía, ¿cómo se llevó? ¿Es cierto que se llegó al acuerdo de una amnistía parcial y que Cristiani presionó a la ONU para que la Comisión de la Verdad no diera nombres porque era lo que él había prometido al Alto Mando de la Fuerza Armada?

Cuando se aprobó esta primera amnistía, que no se le llamó nunca amnistía, pero era una ley de reconciliación, que en ese momento Cristiani tuviera esa lógica, creo que no coincide con los tiempos reales. La posición primero en la Fuerza Armada es que no embarraran a la institución, sino que si alguien había cometido violaciones de derechos humanos, que se individualizara y particularizaran los señalamientos. Esa es la primera posición. Cuando ya vieron que la Comisión de la Verdad iba en serio, que ya había trabajado, que estaba a punto de rendir su informe y tuvieron información de por dónde venían los tiros, entonces cambiaron y faltando cinco para las doce trataron de hacer la posición contraria, que no diera nombres sino que señalara solo las responsabilidades institucionales.

Y efectivamente consta en documentos que Óscar Santamaría fue con una carta a pedir eso expresamente en Naciones Unidas. Y no lo consiguió, efectivamente. Y yo estoy convencido, porque están vinculadas en las fechas las dos cosas, el informe de la Comisión de la Verdad con la Ley de Amnistía, que la ansiedad que había en ese momento en la Fuerza Armada por la salida de ese informe era inmensa.

Acababa de ocurrir la depuración, que estaba a medio camino todavía, no la habían hecho, porque la fecha original para cumplir el acuerdo de depuración era 15 de diciembre del 92 y el 2 de enero había una carta de Pérez de Cuéllar informando al presidente del Consejo de Seguridad que ese acuerdo de depuración no se ha cumplido todavía. El 2 de abril hay otra carta diciendo que Cristiani le ha ofrecido que va a poner en situación de licencia con disfrute de sueldo a una cantidad de oficiales y que les va a dar la baja definitiva hasta el 31 de diciembre del 93. O sea que cuando se da el informe de la Comisión de la Verdad y la Ley de Amnistía ni siquiera se ha hecho la depuración, por tanto la destitución y la baja, y estos señores tienen todavía el poder, hay que situarse históricamente.

Además todavía tienen el poder de los cuerpos de seguridad, no se ha comenzado ni siquiera a desplegar la Policía Nacional Civil, no se ha depurado el Órgano Judicial tampoco, no ha ocurrido nada. El proceso de paz realmente estaba en un hilo, como estuvo en un hilo siempre por los dos años siguientes, que ahí mantuvimos una comisión tripartita permantente, de todos los días, el gobierno, Naciones Unidas y nosotros, dándole atención política a cada una de estas situaciones. Entonces, venir a decir que la Amnistía, sacada de su contexto histórico, me parece un poco irresponsable.

En ese momento, ¿la Ley de Amnistía que se aprobó  en el 93 era una violación a los Acuerdos de Paz?

No, porque nunca hubo un acuerdo que dijera que no iba a haber una amnistía. Si se quiere pensar de esa manera, se puede pensar que había una violación al espíritu de los acuerdos, por el tema de la impunidad. Cuando Cristiani promueve la amnistía, en ese momento, si los jefes militares, que no han sido depurados y tenían todo el poder todavía, creen que además los van a meter presos, yo te aseguro que hubieran desestabilizado ese proceso y quién sabe si aún con costos internacionales, y se han dado casos recientemente aquí en la región, los militares hacen lo que tienen que hacer, o lo que creen que tienen que hacer.

Entonces, el final de ese proceso de dos años que usted describe, sería esa depuración de la Fuerza Armada y el despliegue de la PNC. ¿En qué momento se normaliza la situación?

Cuando ocurren varias cosas en un periodo concentrado entre aproximadamente junio y diciembre del 93. Cuando el FMLN  termina de sincerarse y decir en realidad las armas que tiene y organiza para entregarlas y las entrega, que es un elemento de tranquilidad; cuando ya a la altura de junio solo quedan 15 oficiales de los 103 que deben ser depurados y Cristiani efectivamente emite las medidas administrativas para que estén ya fuera de los cargos y por tanto la depuración va en un rumbo, y conicide con la organización de la Academia de Seguridad Pública y el despliegue de la PNC.

Quizá sean los hechos más importantes. Hay otros alrededor, que es también el programa de transferencia de tierras a los excombatientes y los tenedores, que nosotros estábamos claros que no tenía un gran valor económico, pero lo tenía de estabilidad política del proceso el que esta gente supiera que no le iban a llegar al día siguiente y les iban a echar del lugar donde ellos y sus familias habían estado por años, porque te volvían a agarrar el fusil.

Muchos de ellos lo tenían bajo la cama.

Es posible. Todo había que manejarlo con un gran sentido de responsabilidad ese asunto.

Hay una leyenda que dice que un grupo de combatientes del FMLN escondió  un importante número de fusiles por lo que pudiera pasar.

Pero varios teníamos fusiles escondidos. Sí, ahí están los datos de lo que se entregó, ya habiendo entregado el invetario oficial, en los meses siguientes se entregaron muchas más cosas, de fierros. No, la ferretaría estaba bien… Nosotros teníamos más de 10.000 armas individuales, incluyendo casi 400 armas de apoyo, que son lanzacohetes, lanzagranadas, ametralladoras .50, que ya son fuertes. Y teníamos más de 5.000 kilogramos de explosivos, para volar San Salvador entero. Teníamos un montón de armamento a la hora de terminar la guerra.

Era una guerrilla fuerte aquella, no era ninguna broma.

Es que los que te digan que la realidad, que no se qué, que se extinguieron, que ya no tenían aliento…  ¿cuál que no tenían aliento? Nosotros teníamos aliento para seguir peleando. Terminamos la guerra porque decidimos terminarla, porque ese fue el análisis político de lo que teníamos que hacer, pero no porque no podíamos seguir.

Quisiera preguntarle por lo que es El Salvador después de 20 años. Hay quien incluso está  abogando hoy por unos nuevos acuerdos de paz, que más bien parece que ocupan el término para darle notoriedad  a la propuesta. ¿Cree que hace falta rescatar algo del espíritu de concertación de aquel momento en la actualidad?

Bueno, el espíritu sí, pero hablar de acuerdos de paz otra vez me parece un poco de confusión mental importante. Yo creo que es un tema de la seriedad y la competencia de los actores políticos, porque aquí en los últimos años ha habido decenas, incontables decenas de mesas y de mecanismos de diálogo. Si esto parece carpintería, este país, si son mesas y mesas y mesas. El presidente Saca y Funes sobre todo han hecho cualquier cantidad, pero no tienen ninguna seriedad. Tanto Saca como Funes han sido presidentes totalmente mediáticos, flor de un día. Les interesa lo que dicen los medios al día siguiente y lo que dicen las encuestas a la semana siguiente, y no les interesa nada más. Así no se puede.

El problema es la seriedad. Si aquí  tuviéramos un poco de buen gobierno, noinnerpollo3 mucho, porque mucho no hay en ninguna parte, pero un poco de buen gobierno, yo creo que la mayor parte de las cosas por las que ahora están hablando de que necesitamos un gran entendimiento nacional, yo creo que estarían muy aliviadas, con un poco de buen gobierno.

Se habla mucho de tener un proyecto de país.

¿Pero qué es proyecto de país? En la parte de desarrollo económico la Comisión Nacional de Desarrollo tenía bastante los diseños hechos, tanto que el Puerto de la Unión y todo el desarrollo de la zona norte, el Fomilenio y todo son proyectos de la Comisión Nacional de Desarrollo. ¿Y qué hizo Funes cuando entró? Disolvió la comisión. Entonces, ¿de qué me están hablando si me dicen que necesitamos juntar interlocutores para hablar del desarrollo del país, si lo que ya hay lo destruyen? ¿Y si el único punto en que en realidad se ha sentido? Porque ¿en qué otra cosa vamos a ser competitivos nosotros, en qué le vamos a disputar producción industrial nosotros a Asia o a Europa o a Estados Unidos? ¿En qué le vamos a disputar producción agrícola con la extensión que tenemos? Entendámonos qué tamaño de país tenemos. Lo único que tenemos, la ventaja comparativa que no tienen otros países es la ubicación geográfica y el puerto y la posibilidad real de que eso, con el canal seco interoceánico con Puerto Cortés en Honduras, hubiera sido una alternativa al Canal de Panamá. Ahí sí se estaba hablando de crear empleo, y quien dice esa operación extraportuaria dice logística, talleres, hostelería, hoteles, bancos, servicios… Todo eso está diseñado, incluyendo todo el frente de playa de La Unión. Y viene este presidente y lo que hace es disolver la comisión que hizo todo eso. Entonces ¿qué me están hablando cuando hablan de acuerdos para el desarrollo?

Con el tema de la seguridad pública. Saca convocó una comisión, ahí estuvo la comisión trabajando meses, propuso y dijo cosas y planteamientos que estaban bien. Pero Flores ocupó la seguridad pública como un arma puramente electoral, toda su mano dura, después viene Saca y hace algo parecido.

En ese ámbito, usted que viene de la izquierda, la izquierda defiende que el problema de seguridad tiene en el fondo la estructura económica y social. Pero ni antes ni hoy se está  ocupando ese análisis.

Pero para eso no se necesita en realidad grandes acuerdos nacionales. Posiblemente el acuerdo que sí tenía sentido era el acuerdo con el sector privado de impuesto al patrimonio para seguridad. Lo que pasa es que eso lo manejó fatal el gobierno y no dio nunca confianza de que pudiera hacer algo serio. En ese sentido yo sí admito que podría hacer falta un entendimiento que no es nacional, es un entendimiento del gobierno con el sector privado.

Pero es que en este asunto, a las gremiales se les identifican mensajes políticos, entonces se acusa por ejemplo a ANEP de no querer colaborar con este gobierno para que no le vaya bien, no soluciones los problemas, entonces vuelva ARENA, etcétera, etcétera.

De acuerdo, pero en cualquier caso este es un problema de un pacto entre el gobierno y el sector privado. Tú me preguntaste si hacen falta nuevos acuerdos nacionales y yo te digo que no, hace falta buen gobierno básicamente.

A este presidente, nos pasamos dos años, con auspicio del PNUD, haciendo todo lo del Mapa de Pobreza Urbana y haciendo las propuestas. Ahí en esa comisión estaban personas que luego fueron funcionarios del gobierno de Funes, incluyendo a Alex Segovia, Edín Martínez, que luego fue viceministro de Vivienda, y Roberto Góchez, que lo es ahora.

Lo teníamos cuadriculado, hasta el último pedacito de asentamiento urbano precario del país, y le teníamos la propuesta de que tenía que intervenir de manera prioritaria, en cuáles de esos barrios y en qué sentido de intervención y a qué coste con la estrategia de mejoramiento de barrios, para de verdad neutralizar y tener una estrategia de prevención de violencia ahí. Pero vamos a ver, tienes casi tres años de gobierno y han hecho cero de ese programa de Comunidades Solidarias Urbanas. ¿Qué hay de ese programa?

Son programas asistencialistas.

En educación, das pantalones y zapatos, tarde, en junio o julio. Hombre, si vas a gastar 70 u 80 millones anuales, que en cinco años son 400 millones de dólares, yo te pongo cien institutos nacionales o escuelas de los 20 municipios, de los barrios más complicados, yo te los pongo de primera categoría.

Ese es un tema crucial. Ahora llegan con la policía y el Ejército a esos barrios. Pero cuando se vayan ¿qué van a dejar?

No funciona, eso no funciona.

¿No sería mejor llegar con mejores escuelas, con unidades de salud en condiciones, arreglar las calles, poner luz, decir a la gente que están para ayudarles?

Sin ninguna duda, eso es así. Y claro, ahora ya tenemos un contingente, que por cierto está magnificado y mitificado, pero tenemos un contingente de pandillas que vas a tener que lidiar con él de todas maneras. Pero la estrategia general dominante debe ser la otra.

Si se toma como ejemplo Santa Tecla, ha pasado de ser una de las ciudades más violentas del país a ser una de las más seguras. Y ahí  no ha habido operaciones espectaculares de la policía y el Ejército.

En los barrios donde yo hice los programas hace 10 años, la misma historia. Ahí no podía entrar la policía, pero ni los repartidores de las boquitas podían entrar ahí. Y con todo lo que hicimos cambió de rostro completamente en un montón de los barrios.

A mí si algo me desilusiona este gobierno de izquierda es que no entiende nada de cómo transformar los barrios populares. Y el Ministerio de Educación desperdiciado completamente.

Entonces, como te digo, es buen gobierno lo que necesitamos y ciertamente más responsabilidad del sector empresarial, eso sin duda.

No quiero irme si hacerle una pregunta personal. Usted fue parte de las FPL, del FMLN y hoy hay gente que le identifica como alguien de derechas.

¿Quién me identifica como alguien de derecha?

Bueno, mucha gente. Usted trabaja en Fusades, escribe en El Diario de Hoy. ¿Es usted de derecha?

No, nunca he sido de derecha. Nunca he puesto los pies en una sede o en un local del partido ARENA. Ni voto por ARENA, vaya. Te estoy dando un secreto, ni voto por ARENA.

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