Contra Punto-El nudo de la negociación fue la Fuerza Armada – Noticias de El Salvador – ContraPunto – Noticias de El Salvador – ContraPunto

Posted on 2012/01/15

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Roberto Cañas, firmante de los Acuerdos de Paz, describe algunas interioridades de las negociaciones

Por Juan José  Dalton

SAN SALVADOR – Como dirigente de Resistencia Nacional, una de las cinco organizaciones que formaron el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Roberto Cañas estuvo presente en todo el proceso de negociación de los Acuerdos de Paz.

Su valoración dos décadas después es que, dadas las circunstancias, fue el mejor acuerdo que se pudo alcanzar, y lo demás es “política ficción”.

En cuanto a los entresijos del proceso de negociación, lo más llamativo que cuenta Cañas es que realmente la reunión de Ginebra del 31 de diciembre de 1991 no fue la definitiva, sino que después se continuó negociando hasta el mismo 15 de enero de 1992.

También describe cómo se tomaban las decisiones al interior del FMLN, en reuniones maratonianas con hasta 25 miembros representantes de las cinco organizaciones, en las que se llegaba a posiciones comunes cuando realmente el tiempo acuciaba.

No obstante, de esos encuentros salieron, según Cañas, todas las propuestas que se hicieron para los acuerdos, pues afirma que todo lo contenido en los mismos fue iniciativa del FMLN. El gobierno no propuso nada, de acuerdo a su versión.

En el otro extremo, la Fuerza Armada, su papel futuro tras el final de la guerra, el modo en que se desmilitarizaría la política en el país, fue el principal escollo en las negociaciones.

¿Tú estuviste en el proceso desde el primer momento?

Si, estuve en la etapa de negociación que comenzó en septiembre de 1989, en las primeras reuniones que hubo realmente con el gobierno, en la que estuvo mediando la Iglesia Católica. Se dieron dos reuniones: una en México y otra en Costa Rica. Ésta última fue en octubre, unos días antes de la Ofensiva.

Esas reuniones fueron para alcanzar un mutuo acuerdo, que fue continuar con las reuniones, porque la posición del GOES era que el FMLN entregara las armas y se incorporara al proceso democrático como partido político. De las interioridades del proceso de negociación, hay que tomar en cuenta en primer lugar y por encima de todo fue el costo en vidas que implicó llegar a crear un condicionamiento que hiciera posible resolver el conflicto por la vía de la negociación. No solamente hay que hablar que se lograron acuerdos, hay que hablar que la posibilidad de lograr acuerdos que contribuyeran a las transformaciones que dieron pie a los Acuerdos fue producto de un gran esfuerzo de generaciones de salvadoreños que de manera desinteresada entregaron su vida por los cambios en el país.

Ese diría que fue el primer elemento de la interioridad de las negociaciones, tener conciencia que eso no fue una cosa gratuita, sino el fruto del esfuerzo de generaciones de salvadoreños.

¿Cómo fue que se integró la delegación del FMLN en las negociaciones y quién tenía la voz cantante?

Hay que decir una cosa: El FMLN tomaba esas decisiones sobre la base de las cinco organizaciones, es decir, que cualquier decisión que el FMLN tomaba entre los años 1988 y 1989 requería la presencia de las cinco organizaciones. En aquel momento una organización no podía asumir la representación de todas las cinco organizaciones que conformaban el FMLN histórico.

En segundo lugar, no toda la comandancia estuvo en la mesa de negociación. Quien

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Roberto Cañas junto a Salvador Sánchez Cerén, en Chalatenango en 1985, tras una reunión de dirigentes de las FPL y RN.

estuvo permanentemente fue Schafik (Handal) y se integraban en distintas rondas de negociación otros miembros de la comandancia. Solo fue en la negociación en Nueva York, en la última quincena de 1991, que sí estuvieron los cinco miembros de la comandancia a tiempo completo en la negociación. En todo el proceso anterior, la presencia mas firme de la comandancia del FMLN fue la de Schafik e intermitentemente se integraba Joaquín Villalobos, Francisco Jovel, Eduardo Sancho y en alguna ronda también estuvo Sánchez Cerén.

Esto se dio porque hay que entender que las negociaciones se dieron sin parar la guerra, no fue que se haya dado un cese al fuego y después se pasó a negociar la guerra. La negociación y la verificación de Naciones Unidas, que no conformaban un cese definitivo al fuego ni la firma de la paz, continuaron simultáneamente.

Hay otro aspecto que explica muchas cosas que no se han escrito ni se han dicho. Por ejemplo, la presencia de asesores norteamericanos para el FMLN durante la negociación, una cosa que cuando se planteó por parte de la Resistencia Nacional (RN), fue visto con pavor al interior del FMLN. La lógica de este elemento, que vale la pena que se conozca porque en estos 20 años es muy poco conocido, es que cuando el Frente Sandinista (FSLN) estaba en negociaciones con la “contra”, el FSLN llevó un abogado neoyorquino llamado Paul Reichler a asesorarlos.

De ahí que dentro de la Resistencia Nacional, tomamos la idea de considerar asesorarnos de un norteamericano, aunque eso no era gratuito, porque el nivel de comprometimiento de la administración norteamericana en el financiamiento, entrenamiento y apertrechamiento del Ejército salvadoreño era total. Cuando lo planteamos en la comandancia, fue una cosa desconcertante, aunque les dijimos que esto no lo inventamos nosotros, sino que los sandinistas ya lo tenían. Pero no logró pasar, porque Paul Reichler nos dijo que no tenía tiempo para asesorarnos, pero nos dijo que iba a darnos referencia de su profesor en negociaciones de Harvard, que era Roger Fisher.

Esta historia de los asesores norteamericanos del FMLN durante el proceso de paz tuvo otro momento importante antes de la reunión de Ginebra, cuando el Departamento de Estado de Esdtados Unidos llama al FMLN a que vaya a Harvard a un curso de negociaciones con Roger Fisher. Después salimos de Boston a firmar directamente el Acuerdo de Ginebra. Esto quiere decir que incluso la negociación tuvo como elemento interesante la presencia de asesores norteamericanos.

Digamos que esto en la comandancia causó…

Causó estupor

¿Quiere decir que esto se hizo a la espalda de los mandos medios y altos del FMLN, o ya sabían de ello?

Ellos ya conocían este tipo de dinámica que tomó la negociación. Hay que comprender que el respaldo de los mandos altos y medios se tenía durante la negociación. El FMLN era un ejército voluntario y la conformación de sus mandos altos y medios se daban de la misma forma, producto de la conciencia y la discusión, es decir que cuando el FMLN en su conjunto decide ir a una mesa de negociación, era fruto de una discusión con todos sus mandos y cuadros. Era imposible pensar que la decisión de terminar el conflicto por la vía negociada fuera responsabilidad de la cúpula, no hubiera funcionado.

Creo que el sentido de realidad primó  en todos los niveles del FMLN a la hora de comprender que el análisis militar daba un empate y por más que los esfuerzos militares del FMLN fueron extraordinarios, como la Ofensiva del 89, parecía un tablero de ajedrez que cuando se movía una pieza para continuar el juego, el otro también movía la pieza que le tocaba y el tablero quedaba igual en tablas.

Entonces, aquello no fue producto de la gran capacidad de convencimiento de los representantes en la negociación hacia los cuadros altos y medios que la negociación era el camino, sino era un sentido de realidad que le decía a la militancia que si la guerra se veía como un medio para las transformaciones sociales, la capacidad de lograr eso era limitada porque la presencia norteamericana era el factor de prolongación del conflicto, porque seguían armando, seguían entrenando y les daban vida (a la FAES) para poder prolongar el conflicto.

En esta propuesta que planteó  la RN, me imagino que mucho tuviste que ver.

Al final se terminó aceptando que se podía tener un asesor norteamericano y fuimos a Boston Miguel Saenz Varela, Salvador Samayoa, Mario López y yo, a recibir el curso en Harvard y de ahí fuimos a Ginebra.

Esto además tenía de por medio una estrategia política, esto era un acercamiento a la administración norteamericana, que buscaba enviar un mensaje por la vía de Robert Fisher, profesor emérito de Harvard, quién había participado en las negociaciones entre Israel y Egipto, que el FMLN era sincero en esa negociación, ya que para el gobierno norteamericano, y considero que para sectores en el gobierno de Alfredo Cristiani y el gran capital del país, la idea que el FMLN agarrara en serio una salida negociada al conflicto estaba en duda.

Los factores que le dieron contexto a esto decían que no era posible pensar una salida negociada al conflicto  sin la presencia fuerte de la comunidad internacional, es decir, la figura de un modelo de negociación con un grupo de países amigos acordados por el Secretario General de la ONU que eran México, España, Colombia, Venezuela y también estaba EE.UU, por eso se habla de la mesa de “4 + 1”. Estados Unidos jugaba su rol en la mesa de negociación y prácticamente habían tres mesas: la mesa de Naciones Unidas, la mesa que se hacían con “los 4” y la mesa de la administración norteamericana, que se corría paralelamente dos informales y una formal.

Por los niveles de desconfianza creados en la guerra, principalmente en su última etapa, que duró 12 años, esto no hubiera podido avanzar, además de sin la presencia de Naciones Unidas, de la comunidad internacional representada en cuatro países que jugaron un rol extraordinario. Para la ONU fue una experiencia inédita, ya que nunca había mediado en la negociación de un conflicto interno y es la credencial que sacan con más solvencia en la que un proceso de negociación de un conflicto fue sacado totalmente bien.

Hay otros fenómenos que surgieron a nivel interno del FMLN, ya que no se podía dejar de pensar que la aspiración máxima era una victoria militar. Aquel sueño de ingresar uniformados en el desfile de la victoria al estilo sandinista y cubano, nunca fue separado de nuestra mente, pero como digo, el sentido de realidad fue más fuerte y unos más rápido y otros más lentamente al interior de la comandancia y todos los cuadros del FMLN, fue madurando la idea de encontrar un acuerdo negociado que permitiera conseguir, vía negociación, la mayor cantidad de elementos para la transformación del país, que hubieran sido máximos si se hubiera ganado la guerra militarmente.

Ahora Roberto, al haber cinco organizaciones que estuvieron siempre desde sus inicios y, desde antes, en la posibilidad de una victoria de la revolución popular, ¿nos pudieras contar algunos hechos emblemáticos en este proceso? Porque me imagino el FMLN internamente hubo gran debate, unos se oponían más, otros menos.

Lo que había, como parte de la tradición de la izquierda en América Latina eran reuniones interminables, las cuales eran conocidas como las ampliadas de la comandancia, en las que llegaban los miles de la comandancia; llegaban dos, tres o cuatro miembros de las comisiones políticas de las distintas organizaciones; estamos hablando que se abría reuniones en las que habían casi 25 dirigentes máximos del  FMLN.

¿Estas reuniones donde se hacían?

En distintos lugares del mundo, digamos.

¿Me puedes mencionar algunos lugares?

En Managua, en México, en este lugar hay que acordarse de que con la habilidad del Estado mexicano, gobernación permitía la presencia de una oficina abierta en Benjamín Franklin en el Distrito Federal; yo creo que era muy hábil porque en vez de que nos anduvieran buscando, la Secretaría de Gobernación sabía dónde estábamos, qué teléfonos ocupábamos, quiénes llegaban y ellos llegaban a nuestra oficina. Eso es más hábil que prohibirlo y después andarnos buscando.

Retomando, eran reuniones interminables en las que había un promedio de 25 dirigentes del FMLN, en las cuales había momentos en que ese mismo carácter interminable de las reuniones llevaba a que no se tomaran las decisiones que se debían tomar para una negociación.

Cuando el FMLN fue brillante en las decisiones que tomó, fue cuando al día siguiente tenía que llegar con un acuerdo y no esperaba más realidad; se llegaba con un acuerdo de las cinco organizaciones y se hacía avanzar la negociación o aquello se entrampaba todavía más; además de que la negociación fue larga solo discutir la agenda, el tema de la Fuerza Armada tuvo niveles de entrampamiento generalmente muy fuertes, el nudo fue ése de la Fuerza Armada.

Pero para ver quiénes se oponían eso dependía del tema. Por ejemplo si era el tema de las tierras y cómo se iba a manejar eso, se oponía el ERP, aparecía como más preocupación y discusión acerca de cómo iba a hacerse eso de los tenedores de las tierras para los combatientes que estaban en las zonas y que una vez terminara el conflicto se iban a quedar con algunas; al final se quedaron con tres manzanas cada uno.

Entonces, en distintos momentos de reuniones interminables había discusiones sobre “n” aspectos de la negociación, sobre aspectos de la Fuerza Armada; pero la brillantez del FMLN y su capacidad de tomar rápidamente decisiones se expresó cuando al día siguiente en la mesa de negociación había que llevar una posición sin fisuras.

El otro aspecto es, y hay que decirlo con toda claridad, que todas las propuestas de lo que fue el Acuerdo de Paz las llevó el FMLN, ninguna propuesta, ni del tema de la Fuerza Armada, el económico social, ni de lo judicial, ni de lo electoral, la llevó el gobierno; el gobierno siempre reaccionó a las propuestas que el FMLN planteó.

Había que vincular, acordémonos de ese momento distintivo de la negociación salvadoreña, de seguir negociando y de seguir haciendo la guerra; ahí se hablaba también de la figura del ablandador, es decir, que cuando nosotros sentíamos que la negociación tenía dificultades para poder lograr avances, el ablandador que hacía posible el lograr avances era la lucha militar.

Además también se dieron ceses al fuego locales pactados en la negociación de jefes militares del ejército de una determinada zona, por ejemplo de Guazapa, y de jefes militares del FMLN de la misma zona.

Me acuerdo que en el proceso de negociación se dio un hecho tremendo para el FMLN, que fue la muerte del comandante Jesús Rojas, luego del Acuerdo de Ginebra ¿Cómo tomó el hecho el FMLN y qué explicaciones dio el gobierno?

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Comandante Jesús Rojas, uno de los líderes históricos de las FPL

Hay que ubicar que en una guerra, con una guerrilla que logró configurar uno de los ejércitos irregulares más poderosos de América Latina, contra un ejército regular salvadoreño que era entrenado, financiado y pertrechado por EE.UU, hubo dos muertes que conmocionaron el FMLN, uno fue la muerte de Febe Elizabeth Velásquez y de otros sindicalistas, el 31de octubre de 1989, la cual desencadenó  la Ofensiva, que ya estaba planificada. Esto nos conmocionó porque se trataba de líderes sindicales muy queridos y muy ligados al FMLN.

Hay que entender que el Movimiento Social y el político-militar de FMLN era muy fuerte y tal vez la ruptura de ese vínculo ha sido una gran falencia en estos 20 años.

En el caso de Jesús Rojas, que era uno de los principales líderes de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), al igual que Dimas Rodríguez, fueron de los golpes más sentidos porque los dirigentes de las FPL eran líderes reconocidos y respetados en el conjunto del FMLN; Dimas como segundo al mando, que cayó en el Volcán de San Salvador en 1989, y Jesús, que era nicaragüense, muy destacado como líder político-militar.

Yo creo que Jesús empezó a dar conferencias de prensa en zonas cercanas a los sectores que controlaba el FMLN y de alguna manera lograron cuadricular las modalidades y rutinas que él usaba para hacer las convocatorias, ya que había un período que muy a menudo él lo hacía y el Ejército ya conocía qué periodistas iban, y eso permitió que la inteligencia militar tuviera el tiempo para elaborar el plan que dio muerte a uno de los líderes más respetados de lFMLN en su conjunto.

Realmente, en una guerra tan larga como lo fue la salvadoreña, no fue que el FMLN perdiera la sensibilidad ante las muertes de compañeros queridos, sino que la forma en cómo asimilábamos muertes como éstas eran un acicate y dinamizador de la voluntad que al ver el sacrificio de gente tan valiosa como esa, seguir luchando. No quedaba mucho tiempo para la tristeza.

¿Pero no significó como una ruptura en el proceso de negociación?

Yo no estuve cerca de las decisiones de las FPL, pero eso no se convirtió en factor que fuera a detener la negociación, eso se vio como parte de una operación militar en una zona de conflicto.

Cuando veo lo del “Mono Jojoy”  en la frontera con Ecuador y las cosas impensables para el ejército guerrillero salvadoreño de montar campamentos por meses y permanecer inamovibles, ahí es como el llamado al ejército para que monte un operativo y te aniquile.

Eso lo entendíamos por la pequeñez del territorio salvadoreño, que la movilidad permanente era la garantía de la estrategia militar guerrillera.

¿Nos podrías narrar algunas cosas que tuvieron que hacerse para darle agilidad a la negociación, como cosas “debajo de la mesa”?

La más determinante fue el 31 de diciembre de 1991.

Para los anales de la historia, con Javier Pérez de Cuéllar en el piso principal de Naciones Unidas, se firmó la paz, para el resto llegó 15 días después. Gracias a esa reunión se firmó la paz en Chapultepec.

Lo que se firmó en Nueva York a las 12 de la noche con Pérez de Cuéllar, que estaba desesperado por irse porque terminaba su período, fue la parte significativa de no retorno del acuerdo, que no quiere decir que ahí terminó. Hay una táctica en negociación que se llama “parar el reloj”. Para los efectos de la opinión pública, la negociación terminó a las 12 de la noche el 31 de diciembre de 1991, para los negociadores terminó el 15 de enero de 1992.

De lo fuera de lo normal, quizá  fue lo más significativo, ya que se anunció que la guerra terminaba, la paz estaba negociada y se seguía negociando.

Pero se siguió  combatiendo… 

¡Claro que se siguió combatiendo! Porque a los combatientes la decisión los encontró incrédulos y el Ejército no había dado una orden de separación de fuerzas.

¿Qué motivó a que el 31 de diciembre se firmara una cuestión formal?

El hecho que Pérez de Cuellar ya se iba…

¿Y qué quedaba pendiente?

El calendario y establecimiento de concentraciones para la entrega de las armas y el cese al fuego ¡Eso fue complicadísimo!

Era necesaria la voluntad de las partes…

Ajá, pero ahí lo más necesario era un calendario, porque el nivel de complejidad que había, era que cada una de las cinco organizaciones que consolidaban el FMLN eran ejércitos diferentes en lugares diferentes y había que buscar distintos lugares de concentración para la separación de fuerzas, lo cual fue largo y complicado.

Además, en la arquitectura del calendario del cumplimento de los Acuerdos estaban vinculados los elementos políticos de la negociación con la separación de fuerzas, cese al fuego y destrucción de armas.

Al cabo de 20 años ¿Cómo ves que fue tu participación y el resultado de los Acuerdos de Paz en El Salvador?

En cuanto a mi participación, estaba convencido que esa era la vía para terminar el conflicto, porque en el fondo de mi razonamiento lo militar era para conseguir un objetivo político, no que lo militar era un fin en sí mismo.

Además ya estaba analizado por el FMLN que la utilización de la guerra no fue un fin en sí mismo, sino un medio para conseguir los cambios sociales, los cuales son impensables sin la lucha armada.

Creo que se consiguió el mejor acuerdo, dadas las condiciones. Uno puede hacer política-ficción sobre si se hubiera conseguido esta y la otra cosa, pero a la luz de los acuerdos y revisando el Acuerdo de Ginebra, 20 años después, donde se establecieron los objetivos originarios del proceso que fueron el fin de la guerra en el período más corto posible, el respeto irrestricto de los derechos humanos, la democratización del país y la reunificación de la sociedad salvadoreña, aunque no se lograron completamente, creo que la reforma política más grande de la segunda mitad del siglo XX en El Salvador implicó un conflicto que involucró a un país entero y rebelde que se levantó en armas para posibilitar los cambios sociales en el país.

En la lógica que ninguna de las propuestas de la negociación fue llevada por el

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Miembros de RN marchando uniformados hacia la Plaza Libertad de San Salvador el 16 de enero de 1992

gobierno, fuera impensable lo que se consiguió con los Acuerdos. Para unos puede ser poco, para otros regular y para otros no valió la pena, porque hay que entender que hay una variedad de valoraciones en torno a la significación de los Acuerdos de Paz, pero creo que dadas las circunstancias y con el nivel de correlación de fuerzas alcanzado en ese momento, valió  la pena.

Claro, si hubiéramos tenido la posibilidad de una victoria militar como la Guardia Nacional huyendo en Nicaragua o Batista subiéndose a un avión en Cuba, otro gallo hubiera cantado, pero dadas las circunstancias, y tomando en consideración el elemento de la intervención norteamericana, valió la pena.

La política real era que había un factor sobredeterminante en el conflicto, el cual ya no era exactamente entre el FMLN y el GOES, ya que la administración norteamericana gastaba 1 millón de dólares diarios en financiar al Ejército. Si no, hubiera sido más fácil negociar más cosas, o solo con el GOES o solo con la FAES.

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