EDH-Una generación en paz

Posted on 2012/01/11

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Por Juan Valiente.11 de Enero de 2012

Veinte años se dice fácil, pero es una eternidad. Tanto tiempo ha pasado que algunos de los jóvenes de ahora no comprenden la magnitud del logro del país cuando se firmó el Acta de Nueva York, a las doce de la noche del 31 de diciembre de 1991, mientras los relojes permanecían parados con el tiempo en suspenso, evitando la llegada del año nuevo. Fueron hombres y mujeres osados que vencieron el temor a lo desconocido y le apostaron a un nuevo futuro para nosotros como país.

Los bandos encontrados han usado justificaciones para su rol en la guerra civil, diciendo que era culpa de la confrontación este-oeste o que se debía a la profunda pobreza que existía en el país. Ambas versiones tienen algunas trazas de verdad, pero en realidad el decantador más importante fue la agresión violenta y brutal del Estado en contra de sectores importantes de la población.

El descontento popular por la mala distribución de la riqueza permitió la organización política y la participación en procesos supuestamente democráticos para promover cambios esperados. Pero fue la represión violenta del ejército y de los cuerpos de seguridad la que logró que civiles descontentos decidieran que no había otra alternativa más que el enfrentamiento armado.

A muchos se les olvida que el mismo Partido Comunista en la década de los años 70 todavía se oponía a la lucha armada y creía en el acceso al poder por medio de elecciones. Así llegamos a Chapultepec.

A pesar de haber realizado una buena gestión, los primeros gobiernos de derecha lamentablemente decidieron no invertir tiempo en la renovación ideológica del partido, que les permitiera atender las demandas necesarias del desarrollo para construir una nación. Siguieron cultivando el discurso de la confrontación, deseándoles la muerte a los rojos, a pesar de haber comenzado a aprender a convivir con ideologías diferentes.

Ese letargo fue grave y fue aprovechado por políticos populistas con intereses creados. Sin embargo, los cambios ya han comenzado.

La izquierda por su parte se anquilosó. En lugar de promover una rica vida política interior, líderes reaccionarios comenzaron a coartar las libertades individuales y a permitir únicamente el alineamiento partidario. Es triste darse cuenta que de los diez miembros firmantes de los Acuerdos de Paz sólo un 40% permaneció vinculado al Frente.

Después de las purgas y de los distanciamientos en silencio, viejos dirigentes comunistas resucitaron elementos de una agenda política diferente, queriendo incluso modificar el marco constitucional ya negociado.

Las nuevas generaciones no hemos estado a la altura de lo necesario para continuar con el proceso de profundización de la democracia y de la atención a los otros problemas estructurales, que mantiene a muchos de nuestros conciudadanos en la pobreza y la marginación. Simplemente no hemos estado a la altura.

Hay que aprovechar las modificaciones al sistema de votación para comenzar un proceso de renovación en los liderazgos político-partidarios, que nos permita renovar la esperanza. Para aquellos en El Salvador que ya no éramos niños, la madrugada del primero de enero de 1992 nos marcó para siempre. Nos hizo creer en la viabilidad de un futuro diferente. Y ciertamente el sistema político ha evolucionado y se ha fortalecido.

Quizás nos acomodamos. Quizás creíamos confiar en el liderazgo político que nos regaló la paz. Quizás no nos dimos cuenta de cómo el clientelismo político iba creciendo. Por las razones que fueran, el hecho es que no hemos estado a la altura de los tiempos.

Y ahora debemos recuperar los espacios para permitir nuevamente que líderes como los de entonces tomen las riendas del país. No importan tanto las ideologías, importa el carácter, la capacidad y la vocación de servicio.

elsalvador.com, Una generación en paz

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