EDH-Las afrentas al derecho de autor

Posted on 2012/01/11

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Por Javier Tobar Rodríguez.11 de Enero de 2012

Lo que constituía un icono del centro de la ciudad y una postal de la "Provincia chalateca", entre muchas cosas más, ahora yace en escombros por la ignorancia de los derechos de autor, la cual es inexcusable al tenor de la historia que los conoce bien. Nos referimos a la destrucción del mural que adornaba la catedral metropolitana a manos del picapedrero.

El caso Llort no es un expediente cerrado, aunque el autor no desee demandar a quienes ordenaron la destrucción de su obra. Así lo demuestra la historia de la humanidad, la cual ha sido testigo de que mucha de su riqueza cultural ha sido resguardada por la Iglesia Católica, por eso en Europa y en la misma América no es extraño encontrar la belleza artística depositada en iglesias.

Un turista asiduo reconoce que las catedrales constituyen un destino a visitar, porque en ellas se encuentran generalmente los tesoros del intelecto de una sociedad a la que desean conocer a través del arte. Las obras de arte en poder de la iglesia merecen la debida protección ante los atentados, porque en ellas convergen básicamente tres intereses: el interés del autor de la obra por cuanto la concibió, el interés del titular de la propiedad privada de la superficie material en la cual se plasmó la obra y el interés de la sociedad en gozar de la obra.

El Estado debe proteger dichos intereses, las leyes y la Constitución (arts. 1.2, 63) lo estipulan. Un atentado como el perpetrado lesiona por lo menos esos tres intereses. Por eso mismo, aún cuando el titular directo de la obra no desee demandar el caso no está cerrado completamente, amén que el futuro turista ya no podrá disfrutarla.

Desaguisados de este tipo ya han ocurrido en otras veces, no nos olvidamos que unos sujetos trataron de robar el "Cristo Negro" colocado en la carretera que conduce hacia el Puerto de la Libertad, tampoco la destrucción de los murales que adornaban las calles de Ataco.

Por eso, el caso Llort nos debería llevar a reflexionar de una vez por todas sobre el derecho de todo autor, que le es conferido nacional e internacionalmente. Con precisión, sobre el derecho a la integridad de la obra artística, el artista está facultado a oponerse a la mutilación, deformación y destrucción de la obra, incluso frente al propietario adquirente de la obra (dueño de la casa o adquirente de un cuadro de pintura) [arts. 5 y 6 lit. i) de la Ley de Propiedad Intelectual]. Ordenar la remoción de la obra (mural) riñe contra el mismo.

El derecho de autor es un derecho humano, tal como se reconoce en el art. 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, art. 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Por tal razón, tal situación también incumbe o debería incumbir a quienes enarbolan dicha bandera: La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y ONG´S.

Los murales u otros tipos de expresiones culturales expuestos en vías públicas deben ser respetados por todos. Por eso, si son sometidos al descuido sostenido de la autoridad o a una acción directa destructiva de las personas, conlleva que el artista merezca recibir una indemnización.

elsalvador.com, Las afrentas al derecho de autor

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