LPG-¿Sustitutos del Estado?

Posted on 2012/01/09

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Escrito por Juan Héctor Vidal
Lunes, 09 enero 2012 00:00

j-h-vidal@hotmail.com

Nunca he oído a alguien decir que le gusta pagar impuestos. Hay en esto una suerte de reacción natural, porque nadie cede graciosamente lo que le pertenece, así esté de por medio el cumplimiento de las obligaciones del Estado. Y los argumentos contra este “despojo” incluyen desde verdades difíciles de desvirtuar, como aquellas que señalan que los impuestos solo sirven para deprimir la economía y el empleo, que el gobierno exige mucho pero hace poco, que los recursos no se manejan con trasparencia, hasta aquello de que el papel del Estado debe estar limitado a los campos donde la mano invisible no puede llegar. Un extremo, por cierto, que le causaría náuseas al propio Adam Smith.

La oposición de los empresarios a la reciente reforma al ISR tuvo como sustento esos y otros argumentos; como contrapunto el gobierno simplemente planteó la necesidad de mayores recursos, que sin duda los necesita, pero sin ofrecer mayores explicaciones sobre el destino que se le daría a los mismos, como insistentemente lo plantearon aquellos.

Ciertamente, el debate estéril que generó esa reforma es cosa del pasado, pero de aquí en adelante se impone un mayor escrutinio sobre la calidad, cobertura y costo de los bienes y servicios que genera el gobierno. Con la situación crítica que exhiben las finanzas públicas, el virtual estancamiento de la economía y la presencia de una creciente “fatiga fiscal”, es lo menos que podría intentarse. Empero, los eventos electorales que se avecinan pueden dificultar un ejercicio de esa naturaleza, por el discurso demagógico que normalmente acompaña a los mismos.

Puedo colegir que el bombardeo publicitario que estamos recibiendo ya está desplazando los objetivos de las entidades públicas, en beneficio de la agenda política-partidaria. Frente a esto, los ciudadanos debemos estar preparados para lo que aquellas dejan de hacer y hasta destruyen. Y esto se da aún con cosas que parecen baladíes. Lo digo por experiencia propia. Los señores de ANDA al acudir a un llamado que les hice para que repararan una fuga de agua en una casa vecina, me dejaron como regalo de año nuevo la mitad del acceso a mi cochera totalmente destruida.

A pesar de mis múltiples súplicas para que repararan lo destruido (de hecho solo me faltó pedirle de rodillas al presidente de la autónoma su intervención), todo fue en vano. Pero algo aprendí, al menos constaté personalmente aquella expresión muy nuestra que dice: “a ningún metido le va bien”.

Intuyo que algo similar me pasará si la alcaldía no repara los enormes hoyos que se están formando frente a mi casa. En este caso puedo ser más condescendiente, porque la corporación municipal, según he sido informado, está siendo afectada por la LACAP. Entonces, seguramente la reparación la tendré que hacer con mis disminuidos recursos, para prevenir accidentes de los cuales yo mismo puedo resultar siendo víctima. Casi me sucede uno de estos días cuando una elegante señora, que al tiempo que hablaba por su celular, trató de esquivar con su lujosa todoterreno los agujeros. En este caso, por lo menos está la excusa que no es la municipalidad la causante del problema, pero sí es su responsabilidad que las calles no se asemejen cada vez más a la superficie de la Luna.

Dicen que los ejemplos son malos y seguramente no faltará alguien que me critique por ocupar un valioso espacio para hablar tonterías. Tonterías o no, es bueno –creo yo– compartirlas, porque estos hechos pueden dar una señal acerca de la forma en que ciertas entidades estatales atienden las demandas, ya no las de quienes pueden arreglárselas, sino las de miles de familias que carecen de lo esencial y no tienen voz. En todo caso, es bueno hacer un ejercicio mental de esas carencias, para contrastarlas, por ejemplo, con la utilidad del costoso suplemento que publicó la Asamblea Legislativa el 31 de diciembre pasado.

¿Sustitutos del Estado?

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