LPG-Nuevos Acuerdos de Paz

Posted on 2012/01/07

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Escrito por José M. Tojeira
Viernes, 06 enero 2012 00:00

“Lograr unos nuevo Acuerdos de Paz y Desarrollo sería el camino más indicado de celebrar con honestidad los veinte años del fin de la guerra. Si fuimos capaces de vencer la brutalidad bélica a través del diálogo, también podemos vencer la pobreza, la desigualdad injusta y la violencia.”

De nuevo celebraremos, y muy pronto, el vigésimo aniversario de los Acuerdos de Paz que dieron fin a la trágica guerra civil que unos pocos dirigieron y muchos padecimos. Y una vez más nos olvidaremos de un buen número de personas que con su vida, denuncias y trabajo contribuyeron a que los Acuerdos de Paz fueran posibles, así como discutiremos si dichos Acuerdos fueron adecuadamente cumplidos o no. Y aunque es importante el debate de algo tan fundamental tanto para la comprensión de nuestra historia reciente como para mejorarla, bueno sería que pensáramos en unos nuevos acuerdos de paz y desarrollo equitativo que nos dieran luz y fuerza para construir un futuro mejor. Revisar e incluso celebrar el pasado solo tiene sentido si se trata con ello de mejorar el presente y el futuro.

Los Acuerdos de Paz tienen profundas deudas. Se suele ensalzar a quienes los firmaron y a quienes cumplieron, aunque fuera parcialmente, algunas de sus cláusulas. Y al mismo tiempo se olvida a quienes estuvieron en la base de estos. No hubiera habido Acuerdos de Paz, o se hubieran dado con más derramamiento de sangre, si el arzobispo de San Salvador, monseñor Rivera, no hubiera trabajado denodadamente desde el principio a favor de conversaciones de paz. O no hubiera crecido la indignación y el deseo ardiente de paz, acelerando los Acuerdos, si Rufina Amaya no hubiera permanecido firme, a pesar de los desprecios e incluso insultos, contando a todo el que la quisiera escuchar la terrible masacre de El Mozote en la que fueron asesinados entre muchos otros sus cuatro hijos y su esposo. La deuda con estas personas hoy desaparecidas y casi nunca mencionadas en los aniversarios de los Acuerdos nos recuerda la deuda permanente con nuestro pueblo. Es evidente que los Acuerdos de Paz fueron la luz más brillante y colectiva, al menos en su génesis y desarrollo, del esfuerzo salvadoreño por caminar hacia una cultura de paz. Queda ahora, para ser coherente con ese esfuerzo, construir, en medio de la violencia que nos aflige, una sociedad con un desarrollo más equitativo, con una repartición de la riqueza más justa, con una convivencia más pacífica.

Olvidar a las víctimas del pasado inmediato lleva siempre a perder sensibilidad ante las víctimas del presente. No cumplir lo que se dispuso en los Acuerdos de Paz con respecto a la impunidad de los crímenes, o incluso respecto a la depuración de la Fuerza Armada estimuló la convicción de que el más fuerte podía lograr impunidad también en otros campos. Si quienes cometieron crímenes de lesa humanidad hubieran ido presos, hubiera sido más difícil que algunos políticos corruptos hicieran estragos en los bienes del Estado, y por tanto de todos y todas los salvadoreños. Conseguir hoy que sea la institucionalidad y la ley la que nos dirija sigue siendo un reto y un desafío tanto en el campo de la convivencia como del desarrollo. En ese sentido lograr unos nuevo Acuerdos de Paz y Desarrollo sería el camino más indicado de celebrar con honestidad los veinte años del fin de la guerra. Si fuimos capaces de vencer la brutalidad bélica a través del diálogo, también podemos vencer la pobreza, la desigualdad injusta y la violencia a través de caminos de diálogo y decisiones concertadas.

¿Recordar los Acuerdos de Paz, celebrarlos, evaluarlos? Claro que sí. Pero para extraer conclusiones y decisiones que contribuyan a la construcción de un El Salvador más democrático y con mayor desarrollo humano.

Nuevos Acuerdos de Paz

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