LPG-No hay que buscar excusas, sino decidirse a hacer lo pertinente

Posted on 2012/01/05

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¿Qué nos pasa? Porque estar enfrascados en pequeñas disputas en vez de dedicarnos todos en conjunto a potenciar condiciones para avanzar en la vía de una eficiente modernización es vivir en el absurdo.

Escrito por Editorial
Jueves, 05 enero 2012 00:00

Con frecuencia se oye decir que nuestros problemas de crecimiento económico están íntimamente vinculados con la inseguridad delincuencial que vivimos. Es claro que un ambiente inseguro nunca es el más propicio para desplegar iniciativas de desarrollo, pero también es evidente que los principales obstáculos del estancamiento de la economía dependen mucho más del enfoque y del manejo de la misma. Ahí tenemos, en el vecindario inmediato, el caso de Honduras, que con una situación de inseguridad semejante y que puede ser aún más delicada que la nuestra, está desatando dinámicas modernizadoras de la atracción de inversión extranjera que van en la línea de lo que ahora son las corrientes globales más actualizadas.

Cuando le ponemos atención a lo que se está dando en nuestro país, la pregunta que salta de inmediato es: ¿Qué nos pasa? Porque estar enfrascados en pequeñas disputas en vez de dedicarnos todos en conjunto a potenciar condiciones para avanzar en la vía de una eficiente modernización es vivir en el absurdo. Y es que esto ya parece juego inverosímil. Ni siquiera se pueden poner de acuerdo en el ordenamiento de las calles, como si todo fuera un pulso para ver quién puede más. Y, entretanto, los problemas de fondo siguen ahí, esperando que alguien les pare bola, como se dice en el lenguaje coloquial.

Dejar las cosas para después casi siempre es sinónimo de dejarlas para nunca. El caso del Puerto de La Unión es emblemático al respecto. Perdimos la oportunidad, hace más de tres años, de conseguir un operador de primer nivel mundial, porque los pequeños intereses locales interfirieron y ganaron supuestamente su batalla a costa del interés superior del país. Hoy, los vecinos se nos adelantan, y de seguro lo que conseguiremos es una salida mediocre. Ojalá que no.

Esta es época de extraordinarias aceleraciones, y por eso no tomar decisiones a tiempo implica quedarse cada vez más atrás. La realidad no espera a nadie, ni siquiera a los más grandes, y ya no se diga a países pequeños como el nuestro. Hay que tomar la adecuada velocidad y hacerlo conforme a la lógica del tiempo actual. Esto hace, por otra parte, que las viejas disputas ideológicas sean hoy más insostenibles y perjudiciales que nunca. Por desgracia, en el país aún estamos en ésas. El lenguaje de los partidos se ha venido haciendo cada vez más obsoleto, con una falta de creatividad verdaderamente penosa. ¿Qué le dicen esos mensajes al ciudadano de hoy? Nada nuevo, y por consiguiente nada motivador. No es de extrañar que haya tanto desaliento político, lo cual constituye otra carga agobiante para el proceso nacional.

Vienen las elecciones y pasarán las elecciones. Entonces vendrán otras elecciones que también pasarán. Lo graficamos así para patentizar el hecho de que no hay que confundir las elecciones con la vida. Son un instrumento básico para la democracia, pero no pasan de ser eso: un instrumento. El quehacer nacional es lo que constituye la sustancia del fenómeno histórico. Apliquémonos a la sustancia de lo que nos corresponde hacer para sacar al país del empantanamiento y ponerlo a caminar ágilmente hacia el desarrollo estable.

Hay fuerzas políticas de izquierda que creen que lo que les conviene es mantenerse fieles al pasado. Otras fuerzas, de derecha, imaginan que basta repetir lo mismo para hacerse valer. Ni lo uno ni lo otro. Para estar en el juego hay que hacer que el juego responda a la realidad presente.

No hay que buscar excusas, sino decidirse a hacer lo pertinente

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