LPG-La lógica salida de Linares

Posted on 2012/01/03

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Escrito por Carlos A. Rosales
Martes, 03 enero 2012 00:00

carlos32262@yahoo.com

Según las escuetas notas periodísticas disponibles, Eduardo Linares fue destituido como director del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE) por el presidente Mauricio Funes durante el receso navideño. Al respecto no ha habido más que especulaciones, y Casa Presidencial se limitó a confirmar la noticia. Pero en realidad, dicho movimiento era más que lógico, dada la coyuntura.

Sin dudas, Linares tenía las credenciales necesarias para tener el respaldo de su partido. Además de haber sido director del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) durante varios gobiernos municipales consecutivos en San Salvador bajo la bandera rojiblanca, sus responsabilidades en el FMLN durante el conflicto armado lo llevaron a cumplir varias labores de inteligencia.

Desde el punto de vista político, Linares es uno de los principales dirigentes históricos de la exguerrilla. Por tanto, su peso considerable en la jerarquía efemelenista hacía lógico que el FMLN abogara por él al frente de la OIE, en el marco de la negociación realizada con Funes, de cara a la conformación del primer gobierno de izquierda en El Salvador.

Pero varias cosas ocurrieron en el camino desde aquel histórico día en que se oficializó a Linares en el cargo. El peso específico de algunas indiscreciones por parte de Linares terminó minando la “confianza presidencial” que es requisito sine qua non en el desempeño de la alta responsabilidad que conlleva dirigir la OIE.

Se supo mediante los cables diplomáticos estadounidenses filtrados por WikiLeaks, y publicados por el periódico español El País, que el mandatario salvadoreño externó varias inquietudes al comienzo de su gestión presidencial. Entre ellas, su preocupación en torno a su integridad física y sus temores de que sus comunicaciones telefónicas estarían siendo intervenidas por miembros de la línea dura del FMLN.

Dicho cable también afirma que Funes desconfiaba de Linares. Dicha desconfianza era más que merecida, Linares le habría ocultado información sensible al presidente. Un ejemplo de esto fue un encuentro en territorio salvadoreño entre el canciller venezolano, Nicolás Maduro, y la cúpula del FMLN, un día después del golpe de Estado en Honduras.

La naturaleza de la labor encomendada por Funes a Linares hace imposible conocer todas las vicisitudes de la relación entre ellos. Pero resulta natural inferir que habría múltiples oportunidades para Linares de traicionar la “confianza presidencial” que Funes le habría depositado en su momento.

Empero, el cambio de jefatura en el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública habría sido seguramente una fuente de tensión irreparable entre un cuadro histórico del farabundismo y el presidente Funes, por el nombramiento de un exmilitar como rector de la seguridad pública. Todo ello, en medio de la bronca pública protagonizada por el FMLN, en torno a esa decisión.

Sin dudas, la visión que impera en CAPRES es que para que la apuesta de Funes por el general retirado David Munguía Payés dé los frutos esperados en seguridad pública, aquel necesita poder trabajar en equipo con instituciones y funcionarios que sean de la plena confianza del nuevo ministro.

De lo contrario, no es descabellado pensar en una campaña de sabotaje de parte de sus detractores, en el afán de entorpecer la labor del militar en retiro en la lucha contra la criminalidad y el narcotráfico. Para facilitarle la labor a este había que limpiar su entorno y sintonizar los esfuerzos de todos en la búsqueda de un solo fin: el éxito.

La lógica salida de Linares

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