EDH-El picapedrero que destruye lo que tomó esfuerzo crear

Posted on 2012/01/03

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Los picapedreros, como dijo San Escrivá de Balaguer, pueden derrumbar en pocos días una catedral que tomó siglos levantar. Y eso ha sucedido a un mural fruto de la imaginación

03 de Enero de 2012

Unos a otros se recriminan por destruir el mural de Fernando Llort que durante años adornó la fachada de la Catedral Metropolitana. Hay además quienes pretenden llevar agua a su molino, al Moulin Rouge, no para denunciar la barbaridad, sino para asestar banderillas.

Indistintamente del estado físico del mural, antes de poner a picapedreros a demoler lo que fue un distintivo del centro capitalino, se debieron buscar alternativas, una de las cuales pudo haber sido vender o donar el mural a instituciones, entidades o empresas para preservarlo.

Quien haya ordenado la demolición, que se deduce estaba al cuidado del párroco de Catedral, carece de un sentido de símbolos y acciones simbólicas, de lo que son manifestaciones culturales superiores. Una cosa es que la obra fuera un peligro para quienes pasaran bajo ella, lo que se remedia colocando defensas hasta solucionar el problema, pero otra, que asombra, es destruirla. Equivale a talar una ceiba centenaria porque las raíces perjudican la acera cercana.

Los picapedreros, como dijo San Escrivá de Balaguer, pueden derrumbar en pocos días una catedral que tomó siglos levantar. Y eso ha sucedido a un mural fruto de la imaginación, el esfuerzo y el cariño de un artista que entre sus méritos está el de haber legado un patrimonio a los pobladores de Chalatenango: sus más populares artesanías.

Lo sucedido es un preocupante síntoma de un mal que viene acentuándose en nuestro país: la pobre o nula sensibilidad hacia el intelecto, la producción artística y literaria, las tradiciones culturales de Occidente, lo que de excepcional y valioso se ha producido en Centro-América y El Salvador.

Lo usual es que el fomento de las artes plásticas, de la música, de la literatura, a superiores formas de expresión, se lleva a cabo por iniciativa y empeño de personas y asociaciones privadas, aun cuando en determinados momentos –momentos que ya pasaron–, hubo apoyos estatales. Igual, debe decirse, sucede en el campo de la asistencia a centros y organizaciones caritativas: mucho de lo que caería en el abandono se mantiene gracias al interés y los donativos de particulares.

Oigan todos:

el país no nació ayer

Nunca, o rarísimas veces, se oye o se lee de un funcionario, hermosas frases, citas históricas, referencias poéticas, gestos de hermandad. Se actúa como si el mundo se hubiera inventado ayer y careciera de pensadores, filósofos, héroes, bardos, cantores. Y además se pretende uncir a este pueblo a las carretas del pasado, a los caites de las elucubraciones, a la barbarie de los caites, con sacrificios humanos pero de los humanos que piensan y actúan como seres libres.

¿Leerán libros?

Preservar monumentos, monumentos emblemáticos y aun los modestos, es de gran importancia porque son referencias para la gente, de que antes de ellos hubo quienes pusieron esfuerzo y dedicaron recursos para que nuestra ciudad y nuestro país fuera más interesante, para que ayudara a los niños y a la gente sencilla a salir de las aldeas mentales.

Son pocos: el águila del Parque Infantil, las esculturas del Parque Libertad, la estatua de Bolívar, el conjunto escultórico del costarricense Francisco Zúniga, anexo al Marte y "El Chulón". Son además un balance al tan feo monumento "al hermano lejano".

Por eso espanta la metida de cincel, pues es un síntoma de miopía cultural y aunque esté diseminadísima en la actualidad, da tristeza.

elsalvador.com, El picapedrero que destruye lo que tomó esfuerzo crear

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