LPG-No bastan los propósitos: hay que hacer compromisos

Posted on 2012/01/01

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Los salvadoreños necesitamos remozar nuestra voluntad de superar adversidades, y sobre todo las que derivan de las imperfecciones del sistema político.

Escrito por David Escobar Galindo
Sábado, 31 diciembre 2011 00:00

degalindo@laprensa.com.sv

Hoy es el último día del año 2011. A medianoche comenzará el 2012. Estas son cuentas de calendario, y como tales parecen ser sólo expresiones formalizadas de la cronometría que los seres humanos hemos inventado para tratar de administrar el devenir; pero en la realidad de la existencia cotidiana, estas cuentas nos sirven de puntuales acicates para tomar conciencia justamente de que el tiempo es una corriente que como tal no tiene fin, pero que sí lo tiene, y con dramatismo inevitable, para cada uno de nosotros los seres humanos que transitamos por el aquí y por el ahora. El problema es que la mente nos juega en esto una trampa que también lleva sentido: durante la juventud, cada quien tiene a actuar como si su vida en la tierra fuese a ser inagotable; en la madurez es cuando la escasez del tiempo se va haciendo patente y aun sufriente.

Perdemos, pues, mucho tiempo valioso cuando más energías hay para mover montañas y para cruzar océanos desconocidos; y nos anegamos con facilidad en la nostalgia expectante cuando la experiencia acumulada debería aplicarse al máximo en la afinación realista de los oficios de vivir. Nada de esto podría cambiarse de raíz, porque responde a movimientos profundamente instalados en el centro de la psique; lo que sí se puede es revaluar de manera inteligente y creativa nuestro uso del tiempo, desde que lo tenemos conscientemente a nuestra disposición. Y es algo en lo que habría que tener empeño, tanto en lo que toca a las personas individuales como en lo que se refiere a los seres colectivos, y entre ellos el más orgánico de todos: la sociedad constituida estructuralmente como Estado.

Cuando llega el fin de un año y se está entra inmediatamente en otro, hay la costumbre de hacer propósitos de revaloración, de enmienda, de nuevas ideas y de diferentes formas de aplicarlas al fenómeno real. Se dice, con la ligereza de las fórmulas usuales: Año nuevo, vida nueva. Sin embargo, unas horas después, como en la canción tan popular en la voz del Julio Iglesias de entonces, la vida sigue igual. Y lo inquietante es que lo más reacio a cambiar son los vicios. Por eso es que la vigilancia tanto personal como colectiva debe ser cotidiana y exigente. Cada individuo respecto de sí mismo y de su vida; y cada ciudadano en función de la salud social del ambiente. Ahora bien, ya se ve y se sabe hasta la sociedad que en ninguna de esas dos dimensiones bastan los propósitos: hay que generar compromisos.

Volvamos, una vez más, la mirada hacia nuestro proceso nacional, en el que los salvadoreños hemos invertido tanto sacrificio y tanta tenacidad. A estas alturas, y casi 20 años después del Acuerdo de Paz, hay desánimo y frustración en cantidades que indican, por sí solas, que se necesita hacer más, mejor y de distintas maneras para que el proceso vaya dando oportunamente todo lo que puede dar de sí. ¿Por qué estamos tan desanimados los salvadoreños? Porque en la realidad se siguen imponiendo más las fuerzas ciegas e inescrupulosas que los designios responsablemente modernizadores. ¿Por qué estamos tan frustrados los salvadoreños? Porque los liderazgos nacionales no cumplen con su natural función de ser vanguardias inspiradoras, sino que se aferran a ser retaguardias regidas por intereses sórdidos y estancadas en fantasías ideológicas.

Al concluir 2011 y empezar 2012 volvemos a estar en encrucijadas electorales, ahora al hilo: 2012, 2014 y 2015. ¿Nos dejaremos atrapar por el ajetreo electoral, como si fuera la tarea superior de esta coyuntura histórica? Eso sería anímicamente erosivo y altamente costoso para el sano desarrollo del proceso. Las elecciones son, desde luego, muy importantes; pero más lo son los redimensionamientos que se necesitan para que las elecciones funcionen como motores progresivos del avance democratizador. En la democracia, los resultados de las urnas nunca son fatales, aunque sí pueden funcionar como lastres, si responden más a sentimientos confusos que a perspectivas iluminadoras. Los salvadoreños necesitamos remozar nuestra voluntad de superar adversidades, y sobre todo las que derivan de las imperfecciones del sistema político.

Mañana será otro día. Pero también se dice: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Y mañana, cuando amanezca, ya será hoy. Todos los perfeccionamientos actitudinales e institucionales que requerimos para no estar siempre en aura de crisis deben empezar a ponerse en práctica ahora mismo, es decir, en el ayer que ya es hoy. Abrazos, saludos, brindis. Qué bien. Pero en cuando deje de tronar la cohetería, de vibrar la música y de resplandecer el convite, todos a sellar el compromiso: Año nuevo, mejor país. Pero en serio. ¡Salud!

No bastan los propósitos: hay que hacer compromisos

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