Co Latino-Cambiar la realidad | 30 de Diciembre de 2011 | DiarioCoLatino.com – Más de un Siglo de Credibilidad

Posted on 2012/01/01

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Guido Miguel Castro

Cada día pareciera más difícil cambiar el estado de cosas en el país, como si la desgracia que nos persigue fuera un destino ineludible, que hay que sufrir sin protestar, igual que la pobreza y la miseria parecieran ser para la gran mayoría de salvadoreños, y la dependencia política de la partidocracia para el pueblo en general.

Cambiar esa realidad solo puede hacerse a través del ascenso de un gobernante probo y honrado, un hombre que viva por su pueblo y no se prevalezca de su cargo para enriquecerse o acumular poder.

En la misma sintonía debe conformarse su equipo de trabajo. Siendo los mejores en sus respectivas ramas de la ciencia y de la técnica, deben compartir con el Presidente su probidad y honradez, aceptando salarios justos y evitando toda suntuosidad insultante o gasto superfluo con los fondos estatales, por ejemplo, utilizando sus propios vehículos, absteniéndose de los aparatajes de seguridad tan de moda entre los funcionarios gubernamentales, eliminando los viajes innecesarios y los “gastos de representación” y democratizando las licitaciones públicas.

La reducción y la racionalización del gasto debe llevar a priorizar la inversión social en tres rubros: la salud, preventiva y curativa, tanto en equipamiento como en los salarios de los médicos, enfermeras y demás personal del área; la seguridad pública, brindando salarios dignos a los agentes de la PNC y la compra de equipos modernos y armamentos adecuados para una lucha frontal contra la corrupción, el narcotráfico y la delincuencia común y organizada; finalmente el área de la educación, contratando docentes capaces, equipando suficientemente las escuelas, institutos y universidades, apoyando la investigación y otorgando becas suficientes para los mejores alumnos del país.

La cosa pública debe manejarse con mano firme, aplicando la ley a todos, sin privilegios algunos, como ha sido la práctica común del mercantilismo que ha gobernado al país hasta la fecha. Esto significa que la erradicación del mercantilismo salvaje llevaría a la igualdad de oportunidades, en la educación y en la economía, rompiendo con los monopolios que son tan protegidos por el sistema que llegó a eliminar el delito de “monopolio” y se creó una “Superintendencia de Competencia” que hasta la fecha no ha tocado los grandes intereses monopólicos del país.

Para cambiar esta realidad apocalíptica se debe romper la dependencia de los empréstitos extranjeros, así como la de los instrumentos financieros de la guerra fría y que sobrevivieron a ella porque se pusieron al servicio del mercantilismo que llevó al mundo a la gran crisis bursátil e hipotecaria de los últimos años, cuyos efectos siguen latentes en la economía mundial.

Necesitamos volver a tener vida propia, nuestra propia moneda, que desde una economía ordenada y limpia, y volviendo a un patrón oro, pueda ser ejemplo y respaldo para otras monedas o transacciones internacionales.

Tenemos tierras ociosas y campesinos sin tierra, capital humano que desearía volver al terruño si existieran condiciones humanas de desarrollo, capacidad empresarial en todos los niveles del sector privado, recursos naturales valiosos, calidad de mano de obra y facilidad de comprensión de la tecnología moderna. Pero al mismo tiempo, tenemos una arraigada cultura de la corrupción, a todo nivel y casi para cualquier tipo de relación humana; un analfabetismo político; y una conformidad enfermiza del desorden, la irresponsabilidad y la suciedad.

Encontrar un gobernante con las cualidades antes dichas, que enfrente el listado de necesidades expuesto, bajo las condiciones propuestas, pareciera una utopía, pero la realidad es que estamos llegando a peligrosos niveles de la paciencia popular. La resignación puede mutarse en la toma de la justicia por propia mano y aquellos que han vivido acumulando riquezas a costa del pueblo, pueden quedarse sin nada. Monseñor Romero decía: “Entreguen el anillo antes que les arranquen el dedo”…

La democracia pareciera que nos quedó demasiado grande a los salvadoreños. Por ello hay que realizar los ajustes necesarios para que nos talle adecuadamente. No hay que olvidar que la independencia de España nos sorprendió casi en el feudalismo que nos impuso la colonia. Nunca existió una evolución del pensamiento político, siempre hemos prestado las ideas políticas y no hemos sido capaces de desarrollar uno propio, ojalá encontremos a un líder que ponga orden en la casa y que permita a todos los salvadoreños desarrollar sus mejores potencialidades.

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