LPG-Las tormentas de 2011

Posted on 2011/12/30

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Cerramos el año 2011 con avances y con tareas pendientes. Parece que en el balance no hay utilidades ni dividendos. La criminalidad nos agobia.

Escrito por Sandra de Barraza
Viernes, 30 diciembre 2011 00:00

srebarraza@gmail.com

Cerramos el año 2011. Los 365 días se vivieron con la intensidad que caracteriza a nuestra vida. La intensidad se expresó en todos los órdenes. No tuvimos tiempo para aburrimiento alguno. Y con alegría y esperanza, nos preparamos para hacer que cada día de 2012 sea intensamente singular.

En 2011 tuvimos cinco tormentas que merecen comentario. Se expresaron en distintos ámbitos de la vida personal, profesional, ambiental e institucional.

La primera fue la climática. Nos llovió sin parar. Se perdieron vidas humanas, cultivos, puentes y carreteras. Cayó agua 10 días seguidos. Todos comprobamos los avances tecnológicos en el Ministerio de Medio Ambiente. No se equivocaron al pronosticar el clima y mucho menos, al advertir el peligro de muchas zonas vulnerables. Los afectados fueron los de siempre, los que viven en laderas y a las orillas de los ríos. Nos quedamos admirados de la rápida respuesta que tuvieron autoridades locales y nacionales para recuperar la normalidad. Llegó la época seca. Los riesgos disminuyeron pero la conciencia de la variabilidad climática queda. ¿Despertará hasta el siguiente invierno?

La segunda tormenta fue la orgánica provocada por el decreto 743. Teníamos mucho tiempo de no sentir la independencia en los Órganos del Estado. Estábamos acostumbrados a fusionar los 3 Órganos en el Ejecutivo. Desde allí, cuentan, siempre han salido todas las órdenes imaginables. Los otros acatan por voluntad propia, por conciencia propia o por conveniencia monetaria. No importa. La verdad es que en el Judicial todo aquello que afectó intereses particulares se engavetó. La verdad es que en el Legislativo hasta la Constitución de la República se cambió para proteger intereses partidarios. Pero este decreto hizo vibrar, actuar y recuperar la esperanza, la confianza y la convicción de que es la ciudadanía la que tiene el poder, de ella emana el poder del funcionario público.

La tercera tormenta fue la tributaria. El tema es crítico. Se quiso abordar de una manera integral. Hubo, creo, disponibilidad y actitud favorable de parte del gobierno. Los representantes del sector privado hicieron evidente su inexperiencia y poca capacidad de negociación. No pudieron mantenerse sentados en la mesa. Hicieron propuestas poco viables, especialmente en el financiamiento para el desarrollo local. Con acusaciones mutuas pero sin dinero para pagar el funcionamiento oneroso del Estado, el ministro de Hacienda les comió el mandado y cerramos el año con nuevos impuestos.

La cuarta es la tormenta electoral. La paciencia, la perseverancia, la decisión, la energía y la presión ciudadana tuvieron frutos. Por más excusas que los privilegiados legisladores pusieron para proteger intereses particulares hubo quienes, haciendo diferencia, hicieron respetar la decisión del electorado. Aquella manipulación para hacer sobrevivir a un partido político tuvo las consecuencias esperadas por la ciudadanía. Y más importante, ¡se logró cambiar la forma de elegir a los diputados! Queda tomar conciencia que vamos a elegir a quienes legislan y a quienes eligen al fiscal y a los magistrados, a esos funcionarios de quienes depende la investigación del delito y la impunidad. Votando por cara, nombre y apellido ¿podemos hacer diferencia?

La quinta es la tormenta criminal que puede convertirse en nevada y dejarnos a todos soterrados. El tema es tan crítico que ha motivado a la ciudadanía, especialmente a la sociedad civil organizada, a impulsar campañas y preguntarse ¿seré el próximo? Se anuncian medidas, se hacen llamados de unidad, se reconoce que el país es el más violento del mundo en el Asocio para el Crecimiento y en el Informe del PNUD, se cambia ministro y se asumen compromisos de una reducción de homicidios esperanzadora. ¿Será posible? Es la pregunta. Pero… la Fiscalía no funciona como la ley manda. Pero… el sistema de justicia no funciona con pronta, cumplida y neutra justicia. Pero… el problema no se limita a encarcelar… y… hay miedo de acusar por las implicaciones.

Cerramos el año 2011 con avances y con tareas pendientes. Parece que en el balance no hay utilidades ni dividendos. La criminalidad nos agobia. Esto debería ser la ocupación principal de 2012 y en esto, todos debemos estar dispuestos a participar. Necesitamos gente honrada, calificada y honorable en la Corte Suprema de Justicia y necesitamos un fiscal que esté dispuesto a defender los intereses de la sociedad y del Estado.

Las tormentas de 2011

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