LPG-Hay que actuar en beneficio de los más vulnerables, que son los niños

Posted on 2011/12/30

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Lo importante —en esto como en tantos otros temas sensibles de la realidad que afecta a los salvadoreños en el día a día— es no seguir evadiéndose por la tangente.

Escrito por Editorial
Viernes, 30 diciembre 2011 00:00

El año ha concluido, y, como todos los años, las festividades que lo cierran están marcadas por un signo trágico, que lo pinta la pólvora principalmente en los cuerpos indefensos de los menores. En esta temporada, aun antes de que se sepa lo que podría ocurrir en la última noche del año, el número de infantes y jóvenes lesionados y mutilados por el descuido al hacer estallar productos pirotécnicos ha crecido considerablemente en comparación con años anteriores. Y de nuevo se activan las alarmas y las reacciones urgentes, pero cuando los efectos destructivos ya se han producido o están por producirse. Como siempre, lo que brilla por su ausencia en el ambiente es la prevención que induzca a cambiar hábitos malsanos de conducta social e institucional, y no sólo en esto sino prácticamente en todo.

Las autoridades policiales y de protección civil acaban de anunciar que se hará una aplicación estricta del artículo 199 del Código Penal, sobre el “abandono y desamparo de persona”, y también del 267 del mismo Código, sobre “infracción de reglas de seguridad”. Según dicha decisión, en el caso del artículo 199, los padres o encargados a los que se les imputare descuido que hubiera posibilitado que un menor resultara víctima del manejo de productos pirotécnicos podrán ser condenados a una pena de 1 a 3 años de prisión.

Pero aparte de que ya se sabe cuán baja es la efectividad del sistema judicial, aquí estaríamos hablando de aplicar castigos en situaciones que se reconocen en su efecto destructivo cuando los daños ya existen. Esto, como se dice en lenguaje coloquial, es asustarse con el ruido al estallar el cohete.

La quema de pólvora en Navidad y en Año Nuevo es una tradición que se ha venido volviendo cada vez más peligrosa, especialmente para los niños. Y así hay otros modos de proceder que se han implantado en el ambiente por el deterioro de las costumbres y de las actitudes colectivas; y ponemos dos ejemplos: el de hacer compras en la calle, que fomenta las ventas informales y ambulantes; y el del transporte público que no respeta las paradas formales, la competencia respetuosa ni las normas básicas de un servicio seguro. Así como en algunas cosas hemos avanzado modernizándonos, en otras hemos retrocedido, como en lo referente a los principios elementales de la urbanidad, que ahora ya nadie se preocupa por enseñar e inculcar.

En cuanto al tema de los daños derivados del uso de la pólvora, se vuelve a hablar de ello cada vez que llega la temporada en que ocurren las tragedias, y luego la situación queda igual.

El verdadero desafío está en avanzar hacia la prohibición de elaborar y comerciar esta clase de productos, generando opciones de cambio satisfactorio de actividad para los que viven de tal industria y comercio, y reorientando la costumbre popular de “reventar cohetes” hacia prácticas inofensivas. En esto, ni las mismas autoridades del Ejecutivo se ponen de acuerdo, porque Gobernación dice una cosa y Salud dice otra. Es la descoordinación de siempre.

Lo importante —en esto como en tantos otros temas sensibles de la realidad que afecta a los salvadoreños en el día a día— es no seguir evadiéndose por la tangente. En este caso específico que tratamos, ¿cómo imaginar que se va a resolver el problema con llamados a la responsabilidad, con amenazas de encarcelamiento que nunca van a concretarse y con promesas de perseguir al comercio ilegal cuando éste se halla a la vista y nada ha funcionado para controlarlo de veras?

Hay que actuar en beneficio de los más vulnerables, que son los niños

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