LPG-En 2012 apostemos por la prevención

Posted on 2011/12/30

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Las cárceles de nuestro país están tan abarrotadas que muchos internos duermen en las camas o en el suelo, mientras otros permanecen de pie esperando su turno para descansar. El hacinamiento genera promiscuidad, y la promiscuidad impide la formación de valores y de actitudes positivas ante la vida y ante la sociedad.

Escrito por Elena María de AlfaroAnalista político
Viernes, 30 diciembre 2011 00:00

¿Cuántos centros penales más se deben construir para que nos demos cuenta de que vale más prevenir que reprimir? ¿No sería mejor reenfocar los esfuerzos y los recursos hacia la prevención?

No es de extrañar, entonces, que el sistema carcelario del país no cumpla con su función rehabilitadora.

Algunos jóvenes internos, lejos de recibir conocimientos y habilidades para readaptarse con éxito a la sociedad, aprenden en los centros penales nuevas formas de delinquir y se sumergen más profundamente en el mundo de la delincuencia. Lo que debieran ser centros de “readaptación”, se han convertido en centros de “antisocialización”.

¿Cuántos centros penales más se deben construir para que nos demos cuenta de que vale más prevenir que reprimir? ¿No sería mejor reenfocar los esfuerzos y los recursos hacia la prevención?

Según informes de organismos locales e internacionales, la delincuencia genera al país un gasto anual aproximado de $2,600 millones (11.4% del PIB), gastándose principalmente en seguridad privada, en persecución y castigo de la delincuencia, y en atención a las víctimas de delitos violentos, sin generar un valor agregado al desarrollo económico del país.

El creciente costo económico y social de la delincuencia nos indica que es tiempo de hacer cambios en la manera como se ha venido afrontando dicho problema. Si se continúa con el mismo enfoque, se llegará a un punto en que la criminalidad sobrepasará la capacidad económica del país y generará un círculo vicioso de más pobreza, más delincuencia, y que será muy difícil de romper.

Sería más provechoso que se echaran a andar iniciativas de prevención y de rehabilitación social en las que participen, de manera conjunta, el Gobierno, las ONG y la empresa privada, con el apoyo técnico y financiero de organismos internacionales.

Agrupaciones multidisciplinarias, con una amplia participación ciudadana, podrían diseñar y administrar programas de alta calidad en rehabilitación de jóvenes involucrados en actividades antisociales. Dichos programas deben lograr el prestigio suficiente como para generar en los dirigentes de empresas públicas o privadas la confianza necesaria para abrirle a los rehabilitados las oportunidades laborales indispensables para convertirse en ciudadanos útiles a la sociedad.

Se necesitan programas de rehabilitación con sello de calidad que, además de destrezas profesionales, inculquen honradez, responsabilidad, disciplina, fidelidad y otros valores, garantizando a los empleadores que además de contar con una persona rehabilitada y con capacidades técnicas comprobadas, es alguien confiable. Todos merecen una segunda oportunidad.

La rehabilitación debe estar dirigida a desarrollar competencias laborales acordes a sus vocaciones y habilidades naturales. Poco se logra cuando a un muchacho se le adiestra en mecánica automotriz siendo su inclinación la carpintería o el servicio. Detectar y fortalecer las aptitudes y competencias de cada uno debe ser parte de la filosofía de cualquier programa de capacitación y prevención.

Aparentemente, ningún gobierno se ha dado cuenta que es más barato prevenir que reprimir. Generalmente, los gobiernos tienen una visión de corto plazo en la solución de los problemas sociales, pues sus estrategias para combatir la inseguridad solo cubren su período de gobierno (5 años), dejando la solución del problema a la siguiente administración.

Es importante que se diseñe una estrategia de prevención de largo plazo, que sea desarrollada independientemente de quién esté en el poder. Los gobiernos deben pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones.

Empleabilidad y prevención de la violencia van de la mano: reinsertar exitosamente a un joven en la sociedad puede representar para él la diferencia entre la vida y la muerte. Un joven rehabilitado es un pandillero menos.

El año 2012 abrirá un nuevo ciclo en la vida del país. Habrá cambios en los gobiernos municipales y el Primer Órgano del Estado. Aprovechemos la oportunidad para renovar también la visión de cómo enfocar los problemas, y hacer los cambios que sean necesarios para beneficio de todos.

En 2012 apostemos por la prevención

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