LPG-Balance de fin de año

Posted on 2011/12/28

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La maquinaria institucional sigue siendo sumamente ineficiente… Es una maquinaria ruidosa, con diseño obsoleto, piezas gastadas y fricción en todos los puntos de contacto.

Escrito por Joaquín Samayoa
Miércoles, 28 diciembre 2011 00:00

jsamayoa@fepade.org.sv

El año que termina nos deja solo una delgada capa de sedimentos positivos en la realidad política, económica y social de El Salvador. La maquinaria institucional sigue siendo sumamente ineficiente. Gastamos mucho dinero y una inmensa cantidad de energía humana y social para producir unos pocos resultados. Es una maquinaria ruidosa, con diseño obsoleto, piezas gastadas y fricción en todos los puntos de contacto. Las reformas a la ley electoral son muy ilustrativas de esa ineficiencia. Hay desde hace tiempo un consenso amplio sobre lo que debe hacerse, pero ha resultado sumamente difícil hacerlo. Los partidos políticos se encargaron de poner resistencia en todos los puntos y momentos del proceso. Se llegó a generar una peligrosa crisis que enfrentó a los tres poderes del Estado y obligó a los principales liderazgos de la sociedad civil a unificarse para ejercer una fuerte presión para salvaguardar el balance entre poderes y lograr pequeños avances en cosas tan elementales como el respeto al derecho que tenemos los ciudadanos a elegir en forma directa a nuestros gobernantes.

Al final, se ha logrado establecer la posibilidad del voto por personas y se ha podido evitar que los partidos se sirvan con la cuchara más grande haciendo prevalecer la conveniencia de sus cúpulas en la distribución de los votos que los ciudadanos podrán seguir otorgando a las banderas partidarias. Se ha avanzado también en la implementación del voto residencial y en la apertura, todavía poco viable, a las candidaturas independientes.

Sin embargo, queda aún pendiente el tema de los concejos municipales multipartidarios y el establecimiento de distritos electorales que faciliten la elección de diputados y la rendición de cuentas de quienes sean electos. También quedan pendientes las regulaciones para exigir democracia interna en los partidos y para hacer enteramente transparente el financiamiento de las actividades partidarias. Tampoco ha habido voluntad para cortar de raíz la práctica del transfuguismo, que es una burla a la voluntad ciudadana y abre de par en par las puertas a la corrupción del sistema político.

Otro tema muy ilustrativo de ineficiencia es la persistencia del caos y la peligrosidad en el sistema de transporte colectivo de pasajeros. Cientos de miles de personas deben sufrir a diario, directa o indirectamente, las consecuencias del desorden, a ciencia y paciencia de las respectivas autoridades gubernamentales. Cero avance en la solución de este problema. Sin embargo, se mantienen los subsidios, sin que el gobierno sea capaz de exigir algo a cambio, ni siquiera algo tan sencillo como las reparaciones mecánicas necesarias para reducir la masiva contaminación ambiental. Otro año completamente perdido en este tema.

En contraste y para bien, hay que destacar los buenos resultados de la alcaldía de San Salvador al abordar con firmeza el problema de los vendedores ambulantes, un problema tan complejo como el del transporte público y una resistencia aún más beligerante y hasta violenta de parte de los vendedores desalojados de las vías públicas.

El 2011 también quedará grabado en la memoria histórica por una medida gubernamental bien orientada pero muy mal ejecutada. La focalización del subsidio al gas licuado creó un desconcierto de gran magnitud y tomó varios meses para planificar y afinar su implementación. En este caso, sin embargo, no estoy seguro de que había una manera más eficiente o menos problemática de hacerlo y es claro que había que hacerlo. Lo que no se entiende es por qué el gobierno hace un enorme esfuerzo y se somete a un gran desgaste para racionalizar el subsidio al gas, pero asume el costo de establecer un subsidio escolar innecesario e indiscriminado. Con una mano hace y con la otra deshace.

Finalmente, uno de los dos temas en los que hubo más ruido, más fricción y menos resultados: la economía. De todo lo que se ha dicho y se ha gritado, me permito destacar una conclusión de sentido común. La mejor manera que el Estado tiene de incrementar sustancial y sostenidamente sus ingresos es impulsando decididamente la productividad. Solo así se logra generar empleo, reducir la dependencia de servicios y paliativos estatales, dinamizar los mercados e incrementar la recaudación tributaria.

Que el 2012 sea un año con más lucidez y mayor voluntad de entendimiento.

Balance de fin de año

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