EDH-El vínculo criminal que no se debe descuidar

Posted on 2011/12/28

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Por Carlos Ponce.28 de Diciembre de 2011

Casi siempre, cuando la mayoría de latinoamericanos escuchamos sobre organizaciones como Hamas, Hezbolá o Al Qaeda, de forma inmediata se nos vienen a la mente imágenes estereotípicas de combatientes con turbantes, peleando con fusiles AK-47, en algún desierto Medio Oriental, defendiendo una causa afincada en sus creencias religiosas o intereses poco comprendidos por la cultura Occidental en general. La ignorancia sobre la idiosincrasia, coyunturas, alcances y mecánica detrás de los conflictos arábicos, nos llevan a tomar posturas y crear preconcepciones que no abonan al análisis acucioso, educado y útil de las implicaciones que éstos tienen en nuestros países.

Hezbolá, por ejemplo, es una organización que las naciones del Istmo deben de comprender y analizar, ya que su actuar recientemente ha demostrado tener una importante influencia y vinculación con la dinámica delincuencial que opera en Centro y Suramérica. Dicha agrupación, cuyo nombre traducido al español significa "Partido de Dios", fue formada como consecuencia de la invasión israelí en Líbano de 1982, por un grupo de disidentes de la organización chiita Amal. Sus objetivos principales están íntimamente relacionados al evento que propicio su nacimiento: (1) la destrucción de Israel; (2) replicar el modelo de república islámica de Irán en Líbano.

La nación iraní ha desempeñado un rol fundamental para el desarrollo y crecimiento de Hezbolá desde su fundación, siendo el único y principal Estado que ha financiado de forma permanente las operaciones de la agrupación y, además, proporcionado armas y adiestramiento a sus miembros. La influencia de Irán sobre "El Partido de Dios" es tal, que la sumisión de sus cabecillas ante la voluntad soberana de dicho país ha sido un factor clave para determinar la permanencia o variabilidad de la estructura de mando.

Hezbolá ha crecido y sofisticado sus operaciones, organización y alcance durante los últimos treinta años con la ayuda de Irán. Su pericia y efectividad en la planificación y ejecución de ataques terroristas, secuestros de personas de origen occidental, ataques suicidas y secuestros de aerolíneas, la ha convertido en una de las organizaciones terroristas más temidas en el mundo. Además, también ha penetrado y ahora dominado la arena política de Líbano, prácticamente gobernando el país hoy en día como partido político.

El poder económico de la agrupación no se limita a la ayuda que recibe de Irán, sino que también se alimenta de una red criminal internacional que recauda fondos a través de negocios ilícitos. Hezbolá, por ejemplo, trafica diamantes y petróleo en África occidental, productos falsificados en Asia, contrabando de pseudoefedrina en Estados Unidos y falsifica diferentes monedas a nivel mundial. Lo más preocupante de su actividad delictiva, no obstante, es su vinculación con las poderosas organizaciones mexicanas de tráfico de drogas. La reciente acusación de Ayman Joumaa, alias "Junior", en un tribunal estadounidense, por ejemplo, reveló la colaboración que existe entre Los Zetas y Hezbolá. Junior, presunto miembro activo de la agrupación arábica antes mencionada, vendió decenas de miles de toneladas de cocaína colombiana a la organización azteca en un período que abarca varios años, coordinando el envío de cargamentos que transitaron por Centroamérica. Adicionalmente, Junior ofreció a sus clientes servicios de lavado de dinero, blanqueando cientos de miles de dólares provenientes de la venta de narcóticos en Estados Unidos, México, Centroamérica y Europa.

La actual simbiosis entre el crimen organizado y las redes terroristas internacionales, debe de ser un tema de especial interés para las naciones del Istmo, que nos encontramos en una crisis delincuencial y por las que transita la droga que va hacia Estados Unidos, ya que el no visualizar la vinculación entre ambos tipos de organizaciones, será perjudicial para la seguridad pública del hemisferio.

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