LPG-Las lecciones de Corea del Sur

Posted on 2010/11/20

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Según varios estudios, las familias surcoreanas de clase media gastan alrededor del 30% de sus ingresos en educación particular para sus hijos. Al igual que en China, en Corea del Sur hay una cultura familiar de inversión en la educación que es tanto o más importante que la inversión gubernamental.

Escrito por Andrés Oppenheimer.20 de Noviembre. Tomado de La Prensa Gráfica. 

 

Cuando los presidentes de Brasil, México y Argentina asistieron a la cumbre del G-20 de las mayores economías del mundo en Corea del Sur, tendrían que haberse dado una vuelta por el país anfitrión. Podrían haberse enterado de por qué Corea del Sur ha crecido más que sus propios países.

Hace apenas cinco décadas, Corea del Sur tenía un ingreso per cápita de $900 anuales, muchísimo menos que los $5,000 anuales de ingreso per cápita que tenía Argentina, los $2,000 anuales de México y los $1,200 anuales de Brasil. Hoy, Corea del Sur tiene un ingreso per cápita de $28,000 anuales, más del doble de los $13,400 anuales de Argentina, los $13,200 anuales de México o los $10,100 anuales de Brasil.

¿Qué hizo Corea del Sur que no hicieron las naciones latinoamericanas? Existen varias explicaciones, incluyendo el hecho de que el país asiático no cambió constantemente sus políticas económicas, sostuvo una estrategia de desarrollo basada en las exportaciones y ha practicado una especie de capitalismo “dirigido” que según algunos economistas ayudó a crecer a sus gigantescas multinacionales, tales como Hyundai Motors, Daewoo o Samsung.

Pero prácticamente todo el mundo coincide en que una de las razones principales del crecimiento surcoreano ha sido su obsesión nacional por la educación.

Corea del Sur despegó en la década de 1960, cuando Estados Unidos y Europa redujeron drásticamente su ayuda externa al país, y la economía de Corea del Sur se desplomó. Corea del Sur decidió entonces que necesitaba exportar más, y que para ello necesitaba una fuerza laboral calificada.

Así, los surcoreanos invirtieron cuantiosamente en educación, ciencia, tecnología e innovación. Su secreto no fue un mayor gasto gubernamental: el Gobierno de Corea del Sur gasta menos en educación que México, Brasil, Argentina y varios otros países latinoamericanos como porcentaje de sus respectivos productos brutos.

Pero en vez de gastar ese dinero en enormes burocracias educativas que con frecuencia tienen más puestos administrativos que docentes, Corea del Sur creó una meritocracia educativa con estándares de excelencia ultrarigurosos.

Solo como ejemplo, el año escolar en Corea del Sur tiene 220 días. En comparación, a los años escolares en México y Brasil son de 200 días, y el de Argentina de 180 días. Pero en muchos estados o provincias mexicanos, brasileños y argentinos, el año escolar real es de alrededor de 140 días, si se toman en cuenta las huelgas de maestros y los feriados imprevistos.

Además, en Corea del Sur el día escolar es mucho más largo que en los países latinoamericanos. Los jóvenes y niños surcoreanos suelen estudiar 12 o 14 horas diarias. Un gran número de niños surcoreanos asiste a institutos privados de noche, después de clases, para poder mejorar sus calificaciones.

Según varios estudios, las familias surcoreanas de clase media gastan alrededor del 30% de sus ingresos en educación particular para sus hijos. Al igual que en China, en Corea del Sur hay una cultura familiar de inversión en la educación que es tanto o más importante que la inversión gubernamental.

Chung in-Moon, un profesor de la Universidad Yonsei y ex diplomático surcoreano a quien conocí en un congreso el año pasado, me dijo que en su país “los padres no piensan dos veces si deben o no gastar su dinero en la educación de sus hijos. La gente vende sus vacas, sus casas, lo que tengan, para mandar a sus hijos a la universidad”.

Y en Corea del Sur, para cursar estudios que habiliten para ser maestro, hay que estar dentro del 5% de los graduados secundarios con mejores notas. En comparación, miles de maestros en México siguen comprando sus plazas vitalicias por unos $10,000, independientemente de su capacidad de enseñar, según dijeron recientemente las propias autoridades del principal sindicato docente mexicano.

No sorprende, entonces, que Corea del Sur se haya convertido en uno de los países con mejores calificaciones en las pruebas internacionales estudiantiles de matemática y ciencias, y en uno de los países que más inventos produce.

En el año 2009, Corea del Sur registró 9,600 patentes, mientras Brasil registró apenas 150 patentes en el mismo año, México 80 y Argentina 50, según datos de la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos.

Es cierto que hay aspectos negativos de la obsesión surcoreana con la educación, incluyendo índices relativamente altos de suicidios entre adolescentes. Pero el impresionante ascenso del ingreso per cápita en Corea del Sur, un país que estaba muy atrás de las principales naciones latinoamericanas, sugiere que los surcoreanos están haciendo algunas cosas bien, que se podrían adaptar en Latinoamérica.

Los presidentes de México, Brasil y Argentina hubieran hecho bien en salir a ver y preguntar, para llevarse algunas ideas.

Las lecciones de Corea del Sur

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